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Algo estamos haciendo mal, o por lo menos peor que los demás (y II)

(Con Javier Escribá, Universidad de Valencia)

En un post anterior concluíamos que el modelo de crecimiento español se ha caracterizado en las últimas décadas por una gran contribución cuantitativa de factores productivos, pero con pocas mejoras cualitativas de los mismos y, muy en particular, de la eficiencia con la que se combinan (Productividad Total de los Factores, PTF). Este modelo nos aleja progresivamente de los principales países desarrollados y nos pone a tiro de las grandes economías emergentes, por lo que nuestro futuro en el engranaje de la producción de valor añadido mundial parece poco prometedor. De no mediar cambios profundos corremos el riesgo de convertirnos en lo opuesto a lo que parecíamos ser años atrás, y pasar a ser uno de los países perdedores del proceso de globalización. Un análisis más desagregado de los datos de productividad permite extraer algunas conclusiones sobre la dirección que debe tomar el tan traído y llevado “cambio de modelo productivo”.

Lo primero que hay que destacar es que el raquítico crecimiento de la productividad en España, incluso en comparación con otros países desarrollados, no puede achacarse sólo a nuestra estructura productiva sectorial, sino que lo hemos hecho bastante peor que el promedio europeo y que Estados Unidos en una gran mayoría de sectores productivos. En concreto, a partir de la información contenida en la base y tomando como año base 1995 con un valor de 100, se aprecia una evolución divergente de la productividad en muchos de nuestros sectores productivos con relación a la observada en Estados Unidos o en la Unión Europea (EU15). La brecha existente en 1995 para el total de la economía se amplió hasta 2007 en 12 puntos porcentuales con respecto a Europa y 16 con relación a Estados Unidos (índices 92, 108 y 104 para España, EEUU y EU15 respectivamente). Pero esta divergencia ha sido mucho mayor para el conjunto de las manufacturas en donde el diferencial ha crecido en 24 y 52 puntos porcentuales respecto a Europa y EEUU respectivamente. Curiosamente la productividad en el sector de Construcción no ha sido tan negativa en términos relativos ya que, aunque hemos perdido algo en comparación con EU15, nuestra productividad ha caído bastante menos de lo que lo ha hecho en EEUU. En general el mayor crecimiento de la PTF en EEUU respecto a EU15 tiene su origen en los sectores manufactureros. En el resto de ramas productivas no se aprecian comportamientos tan diferentes, mientras que España tiene un problema de productividad en la casi generalidad de sectores, en especial en los terciarios pero también en los manufactureros.

Aunque las caídas de la PTF en Construcción (77) y Hostelería (75) han sido las más pronunciadas, no puede afirmarse que el problema de la productividad en nuestro país sea simplemente consecuencia de la especialización en estos sectores. Se trata más bien de una característica general de la mayoría de nuestras ramas de actividad lo que explica el lento crecimiento de la PTF agregada. Un sencillo ejercicio ilustra esta afirmación. Supongamos que modificamos el sistema productivo dando más peso a las ramas manufactureras y menos a las de servicios y construcción. Un vistazo a la columna de España en el Cuadro 1 muestra que en el efecto sobre el agregado de intercambiar construcción y sectores terciarios por manufactureros hubiera sido muy moderado. Esta es una primera indicación de que el deseable cambio en el modelo productivo no debe entenderse simplemente como cambio estructural –es decir pasar a producir otras cosas muy diferentes de las que producimos ahora- sino principalmente como la necesidad de alcanzar unos mejores resultados en los sectores en los que hoy nos especializamos.

Cuadro 1
PTF  2007     (1995=100) ESPAÑA USA EU 15
TOTAL INDUSTRIAS 92 108 104
 AGRICULTURA Y PESCA 113 154 124
 ENERGIA 100 74 81
 TOTAL MANUFACTURAS 95 147 119
  ALIMENTACIÓN BEBIDAS Y TABACO 78 101 100
  TEXTIL 90 121 111
  QUIMICA 88 121 122
  FABRICACIÓN DE METALES 102 115 111
  ELECTRÓNICA Y ÓPTICA 98 509 162
  EQUIPO DE TRANSPORTE 106 150 128
 CONSTRUCCIÓN 77 64 92
 COMERCIO 91 143 109
 HOSTELERÍA y RESTAURACIÓN 75 103 90
 TRANSPORTE Y COMUNICACIONES 85 121 130
  INTERMEDIACIÓN FINANCIERA 169 109 121

 

La evolución de la PTF no puede, por tanto achacarse a un sector productivo en particular, pero ¿puede ser consecuencia de que un grupo de regiones lo hayan hecho particularmente mal en todos los sectores, lastrando al conjunto de la economía nacional? Aunque las regiones de un mismo país comparten en buena medida el entramado institucional, hay factores específicos que pueden condicionar negativamente la evolución de las industrias ubicadas en alguna de ellas. Si esto sucede, los malos resultados de la mayoría de las industrias en dichas localizaciones podrían explicar la evolución observada en el conjunto de la economía española, pero por causas que no necesariamente son comunes a nivel nacional. Es decir, la caída de la PTF agregada y, en muchos casos sectorial, podría tener su origen en unas pocas regiones que hayan tenido un comportamiento especialmente negativo. Sin embargo, el análisis de la evolución de esta variable en la dimensión sectorial/regional, indica que este no es el caso. Aunque hay pequeñas diferencias regionales en la tasa de crecimiento de cada rama productiva individual, no se aprecian discrepancias importantes y la tendencia seguida por cada sector en sus diferentes localizaciones ha sido muy similar.

Para ilustrar este punto utilizamos la base –que contiene información desagregada sectorialmente para cada una de las 17 CC.AA- en la que también se observa la conocida caída de la PTF en Construcción y en la mayoría de los servicios -según esta base el crecimiento de la PTF es positivo en el periodo reciente en algunos sectores manufactureros aunque en todos ellos es significativamente más débil que en las décadas precedentes. En los dos gráficos que se recogen a continuación hemos seleccionado las agrupaciones sectoriales de “tecnología alta” y “tecnología baja” como representativos de dos casos relativamente extremos de la estructura de la industria. En el eje de ordenadas de estos gráficos se representa la tasa anual media de crecimiento de la PTF del periodo y en el eje de abscisas la aportación porcentual de cada región al VAB nacional; los puntos sitúan las regiones ordenadas de mayor tasa a menor de modo que el valor acumulado es igual al crecimiento agregado de la PTF en el sector correspondiente. La pendiente que une cada punto representa el crecimiento de la PTF de dicho sector en esa región. En ambos gráficos se observa un comportamiento muy similar en todas las regiones que se sitúan prácticamente a lo largo de una recta con poca curvatura -un comportamiento territorial dispar supondría la presencia de mucha curvatura en estas líneas que sólo se aprecia en parte en la línea superior del gráfico 1. Además en casi todos los tramos la pendiente de la línea inferior es menor que la de la superior, lo que es generalizable a las demás ramas productivas, y refleja una reducción homogénea de las tasas de crecimiento de cada agrupación sector/región desde 1995.¿Qué lecciones podemos sacar del análisis de esta estructura a la hora de diseñar el cambio de orientación de nuestro modelo productivo? Se cita con frecuencia la necesidad de ir hacia sectores de mayor valor añadido o tecnología punta, como si esto fuera una condición suficiente para cambiar significativamente las perspectivas de la PTF. Un sencillo ejercicio de simulación muestra que esto no tiene porqué ser así. Como sucede con la PTF agregada de la economía española, la pobre evolución de la productividad en la mayoría de las regiones no es únicamente producto de una especialización inadecuada. De hecho este no es el factor determinante. Si, por ejemplo, todas las regiones hubiesen tenido en el año 2000 una estructura sectorial idéntica a la que tenía el País Vasco –que es la región que mejor ha evolucionado en agregado- pero la PTF de cada sector hubiese crecido a su tasa propia regional entre 1995 y 2007, se habría observado tan solo una débil mejoría agregada en la mayoría ellas; es decir, las tasas de crecimiento de la productividad regional habrían sido todavía negativas o muy débilmente positivas.

En definitiva, al margen de la necesaria reducción significativa del sector de la construcción en el peso del PIB de nuestro país, la reorientación de nuestro modelo productivo no debe hacerse tanto mediante un giro radical de nuestra estructura por ramas de actividad, sino propiciando un aumento de la productividad en todos los sectores. En muchos casos no se trata de producir otras cosas sino fundamentalmente de hacer mejor lo que ya producimos. De nada servirá que nuestra composición sectorial se parezca cada vez más a la de los países más avanzados de la Eurozona si en todas y cada una de las ramas de actividad seguimos haciéndolo peor que los demás. Algo parecido puede decirse para cada una de las regiones españolas que tienen unas estructuras productivas más alejadas entre sí que las que se observan entre, por ejemplo, los países europeos de nuestro entorno. Esta mayor especialización del trabajo es natural y no es previsible que vaya a cambiar sustancialmente en el futuro; lo que es necesario es que cada región produzca más eficientemente aquello para lo que tiene una ventaja adquirida.

Los principales mecanismos para superar esta situación, que amenaza con provocar un serio déficit de convergencia a medio plazo, es la potenciación de aquellos factores comunes que están en la causa de resultados tan decepcionantes en la mayoría de nuestros sectores y regiones. La educación, el mercado de trabajo, los mecanismos de financiación que reduzcan el peso del crédito bancario, y otros incentivos para aumentar el tamaño medio de nuestras empresas, son las áreas en las que deben producirse los verdaderos cambios que la economía necesita para recuperar una senda de crecimiento vigoroso.