Desigualdad y capital social

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Fotograma de la película Los Santos Inocentes

De y

La desigualdad ha sido uno de los principales problemas económicos de España a lo largo de su historia moderna (un ejemplo aquí). La elevada concentración en la distribución de la tierra en una amplia parte de la geografía española puede considerarse como el principal causante de dicha desigualdad. Desde el comienzo de la Edad Moderna hasta la segunda mitad del siglo XX, una gran parte de la población agraria estaba compuesta por jornaleros en regiones latifundistas como Andalucía. En los reinos (i.e., antiguas provincias) de Córdoba, Jaén y Sevilla el porcentaje de jornaleros sobre la población activa agraria era superior al 80% a finales del siglo XVIII.

Estos trabajadores sin tierra sufrían unas duras condiciones de vida y una acusada situación de dependencia respecto a los propietarios de tierra y sus administradores. Es muy conocida esta descripción de los jornaleros andaluces de Pablo de Olavide en 1767: “[los hombres] más infelices que yo conozco en Europa. Se ejercitan en ir a trabajar a los cortijos y olivares, pero no van sino cuando los llaman los administradores… pero en llegando el tiempo muerto, aquel en que por la intemperie no se puede trabajar… perecen de hambre, no tienen asilo ni esperanza, y se ven obligados a mendigar… Estos hombres la mitad del año son jornaleros, y la otra mitad mendigos” (, ).

En un  anterior sostenemos que la pobreza y falta de oportunidades derivadas de esta elevada desigualdad, cuyo origen se remonta a la Edad Media, fue un importante obstáculo a la industrialización en las regiones latifundistas. En la presente entrada queremos resumir un en el que exploramos las consecuencias culturales de la desigualdad. En concreto, analizamos si la desigualdad, cuando se prolonga mucho en el tiempo, socava el capital social. El interés de esta cuestión radica en la importancia del capital social como factor cultural clave para la prosperidad económica y social. Por ejemplo, la provisión de servicios públicos de calidad requiere de la voluntad de la población para cooperar y financiar dichos servicios (una revisión de la literatura puede consultarse ). Planteamos la idea de que una sociedad que sufre una fuerte desigualdad puede generar apatía social y política. Si la situación de desigualdad persiste en el tiempo, dicha apatía pasa a convertirse en un elemento cultural que obstaculiza la formación de capital social.

Aplicado al caso de España, nuestra hipótesis consiste en que la desigualdad y malas condiciones de vida de los jornaleros han tenido un impacto negativo en la formación de capital social en las áreas de mayor incidencia histórica del latifundismo. Una sociedad que de manera persistente sufre una elevada desigualdad y dependencia de la élite local es poco probable que desarrolle una cultura de cooperación hacia el bien común y que considere que el estado representa sus intereses. Para testar esta hipótesis, recopilamos datos sobre concentración de la tierra en los municipios andaluces en 1930 y 1982, y datos actuales de donantes de sangre. La donación de sangre es un indicador ampliamente aceptado de capital social y hemos tenido la suerte de tener acceso a este dato gracias a la amabilidad del Servicio Andaluz de Salud. Excluimos del análisis los municipios de menos de 1.000 habitantes para los cuales los datos de donación de sangre son menos fiables.

Nuestra principal variable a explicar es el porcentaje de donantes de sangre respecto a la población en edad de donar (i.e., entre 18 y 65 años), mientras que la variable explicativa es la concentración de la tierra medida como el porcentaje de superficie del municipio ocupada por latifundios (i.e., fincas mayores de 200 o 250 hectáreas, según el indicador que se use). En el análisis controlamos por variables demográficas y geográficas de los municipios tales como el número de habitantes, la edad media de la población, la distancia a la capital provincial, etc. El siguiente gráfico resume los resultados:

El gráfico muestra que los municipios con una mayor incidencia histórica del latifundismo tienen un porcentaje menor de donantes de sangre. Aquellos con una superficie ocupada por latifundios superior al 75% en 1930 tienen actualmente 1.7 puntos porcentuales menos de donantes. La magnitud del efecto es relevante dado que la mediana del porcentaje de donantes es aproximadamente del 7%. El efecto negativo de la desigualdad en la distribución de la tierra es robusto a usar la tasa de participación electoral como indicador alternativo de capital social y a incluir variables de control adicionales relacionadas con el nivel de vida de los municipios (véase el para más detalles sobre las pruebas de robustez). Por tanto, la desigualdad histórica (medida a través de la concentración de la tierra) parece ser un determinante significativo del capital social, aunque deja espacio a otros posibles factores explicativos como, por ejemplo, la importancia histórica de los recursos comunales (ver ).

Un par de comentarios de cautela cabe realizar respecto al efecto observado de la desigualdad en el capital social. Por un lado, dada la naturaleza de los datos y el análisis, dicho efecto no puede interpretarse como causal. No obstante, en otros estudios ( y , resumidos aquí) argumentamos que el origen de la desigualdad en la distribución de la tierra se debe a factores históricos que no están relacionados con el potencial de desarrollo de los territorios, lo cual mitiga el problema de endogeneidad. Por otro lado, la evidencia se basa en un análisis de municipios andaluces y más estudios serían necesarios para mostrar si los resultados son (y en qué contextos) generalizables.

Para concluir, unas palabras sobre la utilidad de este tipo de estudios con perspectiva histórica para informar sobre política económico-social. El pasado no puede cambiarse, pero si se muestra que los municipios que han sufrido históricamente una elevada desigualdad han generado dinámicas que obstaculizan la formación de capital social, evidencia como la aportada por este estudio puede ser útil para orientar políticas dirigidas a fomentar el capital social e identificar los territorios más necesitados de intervención.

Hay 13 comentarios
  • Muy interesante la entrada. ¿Sabe de artículos relacionados con los minifundios gallegos? ¿Cree que una situación, en apariencia opuesta, como la gallega podría estar relacionada con su estudio?

    • Muchas gracias Carlos. A bote pronto no me viene ningún artículo que trate la relación entre minifundios y capital social en Galicia. Pero es obvio que la atomización progresiva de los minifundios en Galicia llevó a la población del campo a unos niveles de pobreza y falta de oportunidades considerable, y cuando eso ocurre, es de esperar que la acumulación de capital humano, social, etc se resienta.

    • Gracias por tu comentario, Carlos. No conozco ningún artículo reciente sobre este tema, pero es bien conocido que la excesiva fragmentación de la tierra en Galicia ha sido un problema agrario de primera magnitud. Tú observación es muy interesante. Podría analizarse si existe una relación de U invertida entre capital social y fragmentación/concentración de la tierra. Una extrema fragmentación puede igualmente obstaculizar la formación de capital social ya que tal distribución de la tierra no favorece la cooperación entre individuos.

      • En la misma Andalucía tenéis también el problema del minifundismo. El latifundio predomina en la Baja Andalucía. En las provincias de Málaga, Granada y Almería el problema es el minifundismo. Tenéis ya los datos...

        • Gracias por el comentario. Puntualizar simplemente el hecho conocido de que el minifundismo alcanza su máxima expresión en Galicia, y allí es donde mejor podrían analizarse sus efectos (sin perjuicio de aprovechar nuestros datos para analizar el caso andaluz). Por dar un dato, utilizando el Censo Agrario de 1999, la provincia española con una superficie media por explotación más pequeña es Pontevedra, con un valor de 1.27 ha. de media por explotación (superficie agrícola utilizada). Almería, la provincia andaluza con un valor más bajo, tiene una media por explotación de 8.18 ha.

          • Muchas gracias por la respuesta Daniel. Es muy interesante el trabajo, os animo a continuar.
            Tened en cuenta que una misma provincia, como Granada, conviven los latifundios olivareros del interior con el minifundio de la costa. Tampoco se parece en nada Antequera a la Axarquía, dentro de Málaga.

            Un apunte: cuando cayó Granada se repoblaron grandes zonas con colonos gallegos. Probablemente sea casualidad, o no...

  • Muchas gracias por su entrada: leeré el trabajo completo con el máximo interés. El capital social es uno de los factores determinantes en el progreso económico (y no solo) de una sociedad. En este sentido España no lo ha hecho demasiado bien en el pasado. Pero como no nos privamos de nada, ahora creo que estamos cometiendo otro error no menos grave. En los últimos años se han formado en España excelentes profesionales en muchas áreas que luego se ven obligados a emigrar para encontrar un trabajo acorde con su formación. Es decir, estamos creando capital social, a cargo en gran medida de las arcas públicas, que luego se aprovecha en el extranjero, donde nuestros profesionales son bastante apreciados. La magnitud de este despilfarro no está siendo debidamente ponderada.

    • Gracias Akira, efectivamente el brain drain que se ha producido en España a raíz de la crisis es considerable. Aunque está habiendo mejoría clara en el plano macroeconómico, una persona bien preparada no volverá a menos que el salario que pueda percibir a nivel nacional le compense.

  • Para entender las diferencias en riqueza que hoy existen (o que han existido en cualquier momento de la historia de la humanidad) en cualquier sociedad, se debe empezar por entender bien las profundas diferencias entre dos o más nuevos adultos de esa sociedad. Nunca ha habido ni habrá dos humanos iguales y sus diferencias al graduarse de adultos tendrán muchas consecuencias para el resto de sus vidas. Es decir, lo que pueda haberse observado en el principio o el final de la Edad Media en cuanto a desigualdad de riquezas entre adultos viejos tuvo su origen mucho antes.

    ¿Es la desigualdad de riqueza --supongamos que hubo un tiempo en que la propiedad de la tierra era un buen indicador de esa desigualdad-- una buena proxy de las diferencias profundas entre los nuevos adultos de esa sociedad? Puede ser pero me gustaría ver una teoría del porqué y el cómo de esa relación ya que parece haber bastante (no suficiente) evidencia para una respuesta negativa o positiva. ¿Qué consecuencias se derivan de las diferencias profundas entre nuevos adultos de esa sociedad en digamos 1500 y cuáles se mantienen por generaciones y siglos? No veo argumento teórico serio para pensar que esas diferencias habrían determinado la persistencia hasta hoy de una fuerte desigualdad de riqueza y de patrones de conducta poco solidarios. Esas persistencias sí parecen haberse dado en sociedades pequeñas, relativamente aisladas y cuyo bienestar material poco o nada ha aumentado.

    • Gracias por el comentario, Enrique. En mi opinión es bastante razonable afirmar que la propiedad de la tierra, o el tener acceso a ella, era un determinante muy relevante de las condiciones de vida de la población hasta una época relativamente reciente. No comprendo muy bien la segunda pregunta. La distribución de la tierra tiende a ser muy persistente, particularmente en el caso español, y en el artículo podrás encontrar más detalles sobre por qué la desigualdad en dicha distribución puede obstaculizar la formación de capital social.

      • En vuestra investigación se intenta establecer una relación causal entre X (= desigualdad riqueza medida por propiedad tierra) e Y (=diferencia cultural medida por capital social). Mi comentario está referido únicamente a X. En la primera parte de mi comentario anterior digo que X en 1500 sería consecuencia de W pre-1500, es decir, de un largo proceso histórico relacionado con diferencias en la formación de sucesivas generaciones de adultos. Si así fuera, en sociedades que pre-1500 permanecieron estancadas por siglos, X sería una buena proxy de W, causa “última" de la evolución social y económica.

        En el segundo párrafo me pregunto si pos-1500, X sigue siendo una buena proxy de W. En particular me pregunto sobre los tipos de cambio que se habrían dado en W pos-1500 (es decir, un largo período en que no se puede hablar de estancamiento) y que uno sospecha habrían sido tales que en algún momento pos-1500, X habría dejado de ser una buena proxy de W. Una respuesta a mi pregunta requiere precisar cómo el descubrimiento y la conquista de América afectó a la economía y la sociedad de Andalucía, más allá de lo que haya pasado con la propiedad de su territorio. Sospecho que la riqueza de la totalidad de los residentes de Andalucía y su distribución entre ellos fue fuertemente afectada por la conquista de América, quizás con un impacto mínimo en la propiedad de la tierra andaluza, pero no en la fortuna de los andaluces.

  • Interesantísimo artículo. Aunque formalmente no pueda deducirse una relación de causalidad, para cualquiera que conozca las condiciones históricas de los latifundios andaluces la relación parece bastante evidente.

    Históricamente, la reacción de los jornaleros al problema de los latifundios hizo de Andalucía uno de los principales bastiones del anarquismo español. Sería interesante conocer que hubiera pasado en caso que se hubiera podido realizar una reforma agraria y un reparto de tierras. Aunque no tengo datos al respecto, en otros países parece que reformas parecidas tuvieron efectos importantes a nivel cultural.

  • Muchas gracias Gregorio por el comentario. Como sabes, con los procesos de desamortización del siglo XIX, se hizo un intento para mitigar el problema de la desigualdad de la tierra debido a que en las áreas latifundistas la mayoría de la población agraria era jornalera. No obstante, la necesidad de financiación de las mermadas arcas públicas del estado español prevaleció sobre cualquier otra consideración de equidad, lo que hizo que la mayoría de la tierra fuera adquirida por los nuevos ricos, la burguesía y los nobles. De igual modo, las reformas liberales del siglo XIX, a pesar de haber conseguido derogar el aparato legal del Antiguo Régimen, no consiguieron reducir la masa de tierra perteneciente a la nobleza y haber así cambiado el equilibrio de poder en la sociedad. Asimismo, la Ley de Reforma Agraria de España de 1932, promulgada durante la Segunda República, por la fuerte oposición, tampoco tuve el efecto deseado. En fin, que a diferencia de otros países europeos, en España no se tuvo mucho éxito a la hora de resolver este problema histórico.

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