El reparto de los ingresos por retransmisiones deportivas

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Someone said to me 'To you football is a matter of life or death!' and I said 'Listen, it's more important than that'.  Bill Shankly

El nivel adecuado de intervencionismo estatal es siempre materia de agitados y tensos debates dentro y (sobre todo) fuera del ámbito académico. Multitud de actividades se someten al escrutinio de una posible intervención estatal por parte de detractores y defensores. No obstante, es plausible suponer que unos y otros estarían de acuerdo en excluir al negocio del fútbol como una de estas actividades susceptibles de ser reguladas por el gobierno (o, al menos, en relegarlo detrás de muchas otras actividades más cruciales para el funcionamiento de una sociedad). Sin embargo, y quizás apelando a la famosa frase de Bill Shankly, el gobierno español decidió regular recientemente el mercado de los derechos de retransmisión en televisión del fútbol español.[1] La regulación no fue superficial, como uno puede comprobar en el decreto publicado en el BOE del 1 de mayo de 2015. El decreto introdujo dos novedades fundamentales. Por un lado, imponer la negociación colectiva. Por otro lado, introducir parámetros concretos para la división de los recursos totales obtenidos entre los equipos participantes en LaLiga (conocida popularmente como la primera división): 50% de forma igualitaria entre los 20 equipos; 25% según los resultados deportivos en las últimas 5 temporadas; 25% según los “resultados sociales” (abonados, audiencias, etc.).[2] De aquí podría inferirse que se perseguían dos objetivos simultáneos: balance competitivo y meritocracia.

La mayor parte de los ingresos de los equipos en deportes profesionales (no sólo en el fútbol) vienen por la venta de derechos sobre retransmisiones deportivas. A su vez, los operadores televisivos también generan cuantiosos ingresos a través de las retransmisiones de los partidos, bien por “pay per view” o bien por publicidad.[3] En ambos casos, dichos ingresos están principalmente relacionados con las audiencias de los partidos. Por tanto, tiene sentido suponer que los ingresos obtenidos por los clubes, gracias a la venta conjunta de los derechos de retransmisión, se repartan (si no en su totalidad, al menos parcialmente) teniendo en cuenta las audiencias. Este es, precisamente, el problema que tratamos en dos recientes artículos de investigación: y .

Planteemos primero un ejemplo sencillo. Supongamos que un partido entre los equipos A y B tuvo un millón de espectadores y que los derechos de retransmisión se vendieron por un millón de euros (podemos pues interpretar que cada espectador generó 1 euro de ingreso). Supongamos además que conocemos las razones por las que los espectadores decidieron ver el partido y que, en consecuencia, podemos dividirlos en 4 grupos. En el grupo 1 están los que vieron el partido, simplemente, porque les gusta el fútbol y ven todos los partidos que retransmiten (supongamos que son 100 mil). En el grupo 2 están los seguidores del equipo A, que vieron el partido porque jugaba dicho equipo (supongamos que son 200 mil). En el grupo 3 están los seguidores del equipo B, que vieron el partido porque jugaba  dicho equipo (supongamos que son 400 mil). Finalmente, en el grupo (residual) 4 están los que vieron el partido porque consideraban que la combinación de los equipos A y B lo convertía en un partido potencialmente atractivo (supongamos que son 300 mil). Una opción sensata es que los ingresos generados por los grupos 1 y 4 se repartieran a partes iguales entre A y B; y que los ingresos del grupo 2 (grupo 3) fueran para el equipo A (equipo B). Bajo todas estas premisas, el reparto propuesto sería 400 mil euros para el equipo A y 600 mil para el equipo B.

El sencillo ejemplo anterior sirve para ilustrar que, a la hora de repartir los ingresos, deberíamos tener en cuenta los seguidores de los distintos equipos. Desgraciadamente, esta información no está disponible en la práctica. Además, dados unos datos de audiencias de un torneo, no es posible clasificar de forma clara a los espectadores en los cuatro grupos descritos anteriormente. Por ello, en nuestra investigación, identificamos los dos casos extremos desde el punto de vista del número de seguidores de los equipos. Por un lado, el caso extremo en que a todos los espectadores se les ubica dentro del grupo 4. Por otro lado, el caso extremo en que se minimiza el número de espectadores en dicho grupo. Ello nos lleva a dos reglas concretas (denominadas ES y CD) con interesantes fundamentos normativos. Son reglas focales y, en cierto modo, antagónicas, para establecer el reparto en cualquier temporada, una vez conocidas las audiencias. Sostenemos que la cantidad que recibe cada equipo en la realidad debería estar comprendida entre las cantidades que estas dos reglas dictasen.

En la siguiente tabla nos preguntamos qué ocurriría si el 100% de los ingresos por derechos de TV de La Liga, correspondientes a la temporada 2017-18, se repartieran únicamente teniendo en cuenta las audiencias.[4] En la segunda columna aparece el reparto (en millones de euros) que se ha aplicado siguiendo los criterios de La Liga (el 50%+25%+25% mencionado anteriormente). En la tercera columna aparece el reparto que se obtendría con la primera de nuestras reglas (es decir, si se supusiera que no hay seguidores de equipos). En la cuarta, el reparto que se obtendría con la segunda de nuestras reglas (es decir, si se supusiera que hay el mayor número posible de seguidores de equipos). En la quinta columna clasificamos a los equipos en 3 tipos. Los equipos que tienen Menos saldrían beneficiados si el 100% de los ingresos se repartieran de acuerdo a las audiencias, ya que en cualquier escenario posible sobre los seguidores de los equipos obtendrían más. Los equipos que tienen Más saldrían perjudicados. Para el resto de los equipos el reparto se puede poner de la forma  (1-p)*ES + p*CD. En este caso p se interpreta como el porcentaje de seguidores que se tiene que asumir para interpretar el reparto real como una combinación convexa de los casos extremos. Estos equipos pueden salir beneficiados o perjudicados, dependiendo del valor de p que se utilice.

De la tabla anterior puede inferirse que un nutrido grupo de equipos se opondría a un reparto basado exclusivamente en las audiencias.

En el reparto que La Liga aplica (siguiendo las directrices del decreto mencionado anteriormente) sólo 1/6 del total se hace en base a las audiencias. Si bien La Liga sólo facilita información sobre el reparto final, es posible calcular la parte correspondiente a cada club por dicho concepto.[5] Esta información es la que aparece en la segunda columna de la siguiente tabla. Las columnas tercera y cuarta aplican nuestras reglas a 1/6 del total recaudado.

Como puede observarse en la tabla, según nuestra aproximación, hay equipos que están recibiendo más de lo que deberían, equipos que están recibiendo menos y otros que están recibiendo dentro del margen que defendemos. Pero aún en este último caso hay mucha variabilidad.

Para terminar, proporcionamos el reparto de la parte de audiencias si aplicásemos nuestra metodología tomando un determinado valor de p. Hemos seleccionado dicho valor buscando el reparto resultante más cercano (en términos de distancia de vectores) al reparto real de La Liga. Los resultados son los siguientes:

En este caso, también observamos gran disparidad entre los equipos. Hay algunos que están obteniendo más con La Liga que con nuestra metodología (hasta casi 6 millones). Otros, cantidades similares. Y otros, menos, o mucho menos (hasta casi 14 millones).

En base a nuestros resultados, sugerimos que una forma adecuada de repartir (la parte de ingresos correspondiente a las audiencias) sería de acuerdo con una combinación convexa de nuestras reglas, es decir, (1-p)*ES + p*CD. Para ello, habría que estimar dicho parámetro p que estableciese el peso concreto de ambas reglas en la combinación convexa.

 

[1]20 años antes, un gobierno de un distinto color también intervino en el negocio del fútbol para evitar el descenso administrativo de dos equipos (curiosamente, de las dos ciudades en las que residimos los autores de esta entrada). Aquello llevó a una situación transitoria (y Kafkiana) en la que La Liga contó con 22 equipos en primera división durante las temporadas 1995/1996 y 1996/1997.

[2]Las restantes grandes ligas europeas cuentan con patrones similares de reparto.

[3]Según Kantar Media, las retransmisiones deportivas en la temporada 2014-15 generaron más de un tercio de los ingresos totales por publicidad de las cuatro grandes cadenas norteamericanas (ABC, CBS, NBC y Fox).

[4]Según parece, La Liga no utiliza los datos de audiencias reales. En su lugar, calcula “audiencias ajustadas” aplicando diversos coeficientes según el partido sea en abierto o no, la franja de horarios, el día, etc. Estos coeficientes no son públicos, por lo que no podemos aplicar nuestra metodología a estas “audiencias ajustadas”.

[5]Para ello, es necesario conocer las cantidades ingresadas por taquillas y abonos en los últimos años. Sólo existe información parcial al respecto y esa es la que hemos utilizado.

Hay 2 comentarios
  • Enhorabuena, Gustavo y Juan. Me ha gustado mucho vuestro artículo sobre la venta de derechos televisivos en el fútbol español. Os hago un par de preguntas,
    1. ¿Tenéis algún estudio comparativo sobre la venta de derechos que compare la Liga con otras competiciones (Inglaterra, Alemania, Italia y Francia) y/o con el mercado estadounidense (nfl, nba, nhl y mlb)?
    2. ¿Habéis pensado en mandar los resultados de vuestra investigación a alguna institución, tipo la LFP?
    3. Por último, mi otra pregunta está relacionada con la meritocracia, la competitividad y la desigualdad. A raíz de los últimos resultados deportivos en competiciones europeas, ¿creéis que el modelo español de reparto presenta síntomas de agotamiento? Hasta qué punto un reparto menos meritocrático y más igualitario, como es la Premier League, está en la base del éxito de los clubes ingleses.
    Muchas gracias por vuestras respuestas.

    • Muchas gracias, Fernando.
      Contesto a tus comentarios:
      1) De momento, sólo tenemos datos parciales. Pero está en nuestra agenda intentar un análisis comparativo más amplio. Sí que podemos adelantarte que el decreto de 2015 (con su imposición de reparto parcial equitativo) hizo a La Liga acercarse más al resto de ligas europeas. Por ejemplo, hasta 2015, los dos equipos que más cobraban en España se llevaban (en conjunto) casi la mitad del total. En la Premier sólo llegaban al 13%.
      2) Podría ser. Hasta ahora, nuestro o con la LFP ha sido algo frustrante pues nos negaron el acceso a los datos de audiencias (alegando, eso sí, que eran los clubes quienes no querían hacerlos públicos).
      3) Quizás sea muy pronto para alegar agotamiento del modelo español. Es cierto que el fútbol inglés ha tenido un éxito espectacular esta temporada en Europa. Pero no es menos cierto que, hasta la anterior, había sido un fracaso. La hegemonía española en la última década en Europa ha sido aún más espectacular (7 campeones de CL, 2 subcampeones, y 6 campeones de EL).

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