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¿Está funcionando la Reforma Laboral?

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La aprobada por el Gobierno en febrero de este año y refrendada por el Parlamento en el mes de julio no parece estar dando grandes resultados. A pesar de las importantes novedades dirigidas a luchar contra la extrema dualidad que caracteriza nuestro mercado de trabajo, la contratación temporal sigue siendo la regla y la contratación indefinida la excepción. Lo mismo ocurre con el nuevo contrato indefinido para empresas de menos de 50 trabajadores: el contrato por tiempo indefinido de apoyo a los emprendedores.

Según la Ministra de Empleo, hasta finales de octubre de este año se han firmado en España 62.000 contratos de este tipo. Es esta nota de prensa  la única fuente de información para seguir la evolución de este nuevo contrato ya que en las estadísticas públicas no aparece casi ningún rastro oficial del mismo. Sólo en la estadística de contratos que el Servicio Público de Empleo Estatal, antiguo INEM, y buceando entre los cientos de páginas que se publican cada mes, podemos llegar a alguna información relevante sobre este tema. En la estadística de contratos acogidos a medidas de fomento tenemos que el total de contratos indefinidos acogidos a dichas medidas bajo el RDL 3/2012 es de 35.204 desde febrero a octubre de este año. Esto quiere decir, primero, que del total de contratos indefinidos que han firmado las empresas de menos de 50 trabajadores en este periodo (casi 600.000), solo uno de cada diez han sido contratos de emprendedores; y segundo, que de éstos solo algo más de la mitad se han acogido a medidas de fomento. En definitiva, parece que las empresas no están haciendo un uso muy intensivo de ésta que era, según el Gobierno, la medida estrella de cara a luchar contra la dualidad en nuestro mercado de trabajo.

En el gráfico adjunto se muestra la evolución del porcentaje de contratos  indefinidos que han firmado las empresas de menos de 50 trabajadores en los últimos siete años (para facilitar la comparación se muestran los datos acumulados hasta octubre de cada año). Como se puede observar, parece que en 2012 se ha detenido la tendencia decreciente que se venía observando desde el inicio de la crisis, lo cual puede estar mostrando un cierto efecto positivo de la reforma, todavía muy incipiente. Pero en cualquier caso, parece claro que estas empresas todavía no ven nada claro que este contrato sea el instrumento definitivo para cambiar sus estrategias de contratación, que siguen estando claramente sesgadas hacia en la contratación temporal.

¿Por qué no funciona este tipo de contrato? A pesar de sus a priori atractivas características (periodo de prueba de un año, importantes deducciones fiscales para empresas sin trabajadores o que contraten a desempleados con prestaciones, sumadas a las bonificaciones en las cuotas ala Seguridad Socialde hasta 4.500 euros si se mantiene el empleo durante tres años), las empresas siguen prefiriendo firmar mayoritariamente contratos temporales y, si se decantan por el empleo indefinido usan el contrato indefinido “de toda la vida”. Seguramente la actual situación económica, las enormes dudas existentes sobre la legalidad del largo periodo de prueba del contrato y la falta de clarificación sobre la operativa para acogerse a las deducciones fiscales en el caso de empresas que no paguen el impuesto de sociedades están detrás de este comportamiento. Tampoco ayuda en este sentido el régimen definido en la reforma para las bonificaciones a la contratación: ¿Qué ocurre si la empresa tiene que despedir al trabajador antes de dejar de recibir dichas bonificaciones? Con la redacción actual, si el despido es declarado improcedente, la empresa debería devolver íntegras las bonificaciones recibidas.

Por otra parte, y a pesar de la sensación general estos días, tampoco esté teniendo muchos efectos sobre el tipo de despido que se está aplicando en las rescisiones de contratos indefinidos firmados desde febrero de 2012. En el siguiente gráfico se observa que aunque parece haber aumentado algo el porcentaje de perceptores de prestaciones por desempleo cuyo origen es el despido por causas objetivas (algo más de un tercio del total desde febrero cuando en el periodo 2010-2011 eran en torno al 25% del total), no hay un gran cambio estructural tampoco en esta serie.

Posiblemente haya que tomar un poco más de perspectiva para evaluar los posibles efectos que la reforma laboral vaya a tener sobre el equilibrio de nuestro mercado de trabajo a medio y largo plazo y no hacer comparaciones sesgadas entre lo que ocurre en 2012, año de recesión, y lo que ocurría en 2011 (ver por ejemplo ). Hasta que no contemos con suficiente información no podremos llevar a cabo una evaluación causal de cómo la reforma puede haber afectado a las decisiones de contratación y despido de las empresas y, por tanto, de cómo esta reforma puede estar incidiendo sobre nuestra tasa de desempleo estructural. No obstante, en nuestro próximo post, que publicaremos próximamente, presentaremos lo que podemos esperar acerca del nuevo equilibrio estacionario tras la reforma en base a los resultados de un modelo de búsqueda de empleo en equilibrio calibrado para la economía española que acabamos de publicar en la serie de documentos de trabajo de FEDEA.