Un buen comienzo

Todavía con la resaca de la reunión de Bruselas destinada a salvar el Euro son muchas las opiniones cualificadas que sostienen que los acuerdos alcanzados pueden quedar en papel mojado. Esta conclusión está condicionada por las expectativas excesivamente optimistas que se habían puesto en esta reunión, por el desencuentro con el Reino Unido y por las resistencias que los acuerdos adoptados están encontrando en los parlamentos nacionales de algunos países de la Unión Europea, pero me parece precipitada. Es pronto para ver si las decisiones adoptadas son efectivas para resolver la crisis de deuda soberana, pero mi opinión es que la cumbre ha supuesto un paso importante en la dirección adecuada que, sin embargo, no debe desviar la atención de lo que debe ser la principal preocupación en el futuro inmediato y que ha pasado más desapercibido para todos: la puesta en práctica de los instrumentos para la corrección de los desequilibrios financieros y de cuenta corriente que constituyen el principal problema de la Unión Económica y Monetaria.

No se puede negar es que la cumbre de Bruselas ha clarificado, para bien o para mal el panorama. Para empezar la decisión del Reino Unido no me parece tan dramática como se ha presentado, en el sentido de que “o se equivocan ellos porque se van de un Unión que va a prosperar o lo hacemos nosotros por quedarnos en un barco que se hunde”. En un plano puramente económico –dejando de lado otras importantes consideraciones de la política en el Reino Unido- es evidente que la forma en la que se impone la disciplina fiscal en esta primera etapa no aporta a los ingleses unas ventajas específicas al contar con una política monetaria independiente muy activa, que acepta una inflación más alta para mantener el coste de su endeudamiento bajo control. Los demás países no tenemos mucha alternativa más allá de la que Alemania impone con su política de condicionalidad que exige un compromiso de disciplina presupuestaria, a la que algunos se suman de grado y otros por la fuerza, antes de –esperemos- dar luz verde a una acción más decidida del BCE en el mercado de deuda pública. Las serias dificultades de los otros grandes países europeos hacen inviable una coalición alternativa, mientras que los países que han capeado mejor la crisis económica son en general más pequeños y además se apuntan voluntariamente a las tesis de la disciplina fiscal.

Lo que sale más claro de la cumbre es que vamos hacia una mayor coordinación en la que la elaboración de los presupuestos nacionales va a estar guiada por el principio de la sostenibilidad, dejando a la soberanía de cada país la decisión de como organizar sus prioridades, sus gastos y sus ingresos. Esto limitará, sin duda, la capacidad de hacer política discrecional pero aumentará la eficacia contracíclica de los estabilizadores automáticos. Si al final más de veinte países aceptan este mecanismo de control del déficit y la deuda, el acuerdo puede ser más efectivo que el Pacto de Estabilidad y Crecimiento al quedar incorporado a las legislaciones nacionales. Es un logro incuestionable, sobre todo si lo comparamos con las dificultades de demócratas y republicanos en Estados Unidos para consensuar un plan fiscal creíble y sostenible. Es cierto que aún faltan instrumentos esenciales para completar una unión fiscal de más calado, como por ejemplo un presupuesto europeo de un tamaño suficiente para acompañar a los estabilizadores automáticos nacionales a la hora de afrontar shocks asimétricos y los eurobonos, pero incluso sin estos lo conseguido es bastante mejor que la cacofonía fiscal de la actualidad.

¿Va a ser esto suficiente para solucionar la crisis? Seguramente no. El avance hacia una mayor coordinación fiscal es una condición necesaria, pero en absoluto suficiente para la estabilización de los mercados de deuda. Pero no creo que fuera muy realista esperar que la reunión de líderes europeos iba resolver una crisis que tiene planos y plazos diferentes aunque relacionados entre si. A corto plazo está la crisis de deuda que es un fenómeno sobradamente conocido y diagnosticado y que amenaza con llevarse por delante el euro, por lo que es lógico que esté en el centro de todas las preocupaciones actuales. Aunque los acuerdos pueden hacer algo para contrarrestar los elementos de pánico y de sobrerreacción de los mercados no pueden acabar con nuestros problemas de fondo de largo y, sobre todo, de medio plazo. A largo plazo Europa tiene que volver a ser una región dinámica que aporte ahorro neto a la economía mundial o que al menos no dependa del exterior para la financiación de su deuda pública y privada, y tiene que alcanzar un ritmo de crecimiento que le permita mantener los niveles de bienestar para una población en franco envejecimiento. Esto requiere la aplicación más decidida de medidas que ya están en la agenda de la UE aunque no se ha avanzado suficientemente en ellas: la profundización del mercado único, la potenciación de infraestructuras físicas y tecnológicas, etc. Aunque las perspectivas europeas en esta dimensión no son espectaculares tampoco son mucho peores que en otras regiones del planeta. Los países emergentes están creciendo a gran velocidad pero todavía tienen un gran trecho que recorrer, en particular en lo relativo a la provisión de servicios a las empresas y al conjunto de la población y en la construcción de un estado del bienestar mínimamente decente. Y aunque la economía americana es más avanzada en términos de productividad y renta per cápita tiene también deficiencias estructurales debido a las cuales le resulta difícil mantener una base industrial sólida ante la competencia exterior, como se aprecia en la dificultad de plasmar en creación de empleo la incipiente recuperación económica.

Pero en el medio plazo nuestro problema más grave lo constituyen los desequilibrios exteriores entre los países de la UE y sus derivaciones financieras. Estos desequilibrios constituyen el verdadero hecho diferencial de la Europa integrada, ya que la polarización observada en estos años -en términos de la magnitud de los déficits/superávits y de su persistencia- no tiene parangón en la historia económica mundial, ni mucho menos entre países desarrollados. Y lo más grave es que estábamos avisados de que eso podría suceder, a pesar de lo cual estos desajustes pasaron desapercibidos en parte debido a nuestra convicción de que la integración financiera y la estabilidad macroeconómica los debía hacer muy improbables y en cualquier caso irrelevantes. Nos equivocamos. Hoy sabemos que importan y mucho. De hecho suponen la más será amenaza para la integración europea, alimentando además la crisis de deuda en un doble sentido, por una parte poniendo en cuestión la viabilidad del Euro y por otra sembrando dudas sobre la capacidad de crecimiento de los países menos competitivos. Estas disparidades reflejan diferencias profundas entre países en cuanto a estructuras económicas, preferencias y funcionamiento de los mercados financieros, sin olvidar los excesos de la política fiscal en tiempos de bonanza. Estos desequilibrios, que parecen mitigados por la propia profundidad de la recesión, no se han corregido y son los que tienen a algunas economías, en particular la española, al borde de un frenazo brusco en la financiación exterior.

Con una moneda única y fuerte, si no hay una mayor convergencia efectiva en las estructuras económicas de los países de la Eurozona, estos desequilibrios supondrán un riesgo recurrente. Y no sólo porque la falta de competitividad limita la capacidad de crear empleo de una economía, es que además la dependencia financiera con respecto al exterior expone a los países a riesgos de contracción de crédito ante cualquier problema en los mercados financieros internacionales. Es cierto que los gobiernos no han sido los únicos –y en algunos países ni siquiera los principales- responsables de la acumulación de desajustes y el endeudamiento, pero el mensaje que se da a los ahorradores tras esta cumbre es claro: el sector público de los países europeos no va a contribuir en el futuro a la generación de los desequilibrios macrofinancieros observados durante estos años. Que vaya a ser capaz de evitarlos ya no depende únicamente de lo decidido en Bruselas sino que tiene que ver con medidas como las contempladas en el y las de regulación macroprudencial que emanen del . Estas son las que tienen que empezar a ponerse en marcha una vez que la opción fiscal ha quedado clara. Y prepararnos para cumplirlas es la tarea más difícil y urgente que los países con problemas tenemos por delante.

Seguramente las decisiones tomadas en cumbre no serán suficientes para conseguir el propósito declarado de salvar el Euro, pero eran necesarias. Es un buen comienzo.

Hay 23 comentarios
  • La pregunta es ¿una vez superado el problema de la deuda soberana a corto plazo, seguirán trabajando los gobiernos en la integración fiscal o pasarán página?

    Porque una vez apagado el fuego de la cocina es muy fácil olvidarse de que tienes los armarios llenos de gasolina y que la próxima vez a lo mejor no hay tanta suerte.

    Personalmente veo que no existe un verdadero espíritu europeo en ningún país, si que existen algunas voluntades de intentar estar en Europa, pero no con las exigencias y esfuerzos que se necesitan.

    • Blog de economía. El escáner
      Es cierto que se han enfriado los ánimos europeístas en muchos países, pero los más interesados en aplicar las reformas somos los países del sur y por la cuenta que nos trae las tendremos que hacer por el Euro o por nosotros mismos. Además los nuevos mecanismos puestos en marcha como el ESRB y el EIP están diseñados para sancionar también a los países que muestren fuertes desviaciones en magnitudes más allá de las fiscales: déficit, desempleo, crédito.
      Creo que si verdaderamente se despeja el tema fiscal podremos –o deberemos- concentrarnos en los otros de más calado a medio plazo.

  • "Pero en el medio plazo nuestro problema más grave lo constituyen los desequilibrios exteriores entre los países de la UE y sus derivaciones financieras".

    Los datos reflejan que España ha cerrado completamente su "gap" comercial con Europa y este año tenemos un ligero superávit tanto con la zona euro como con el conjunto de la UE. El déficit comercial de España va a ser inferior al 4% este año y procede básicamente de las importaciones de productos energéticos y de China. Por otra parte tenemos un importante superávit en la Balanza de Servicios (turismo) que casi compensa el déficit comercial por lo que creo que se puede decir que nuestros intercambios de bienes y servicios con el exterior están bastante equilibrados y seguro que son positivos frente al resto de Europa. Finalmente, podemos decir que el déficit por cuenta corriente que este año estará sobre el 3,5% del PIB procede de la Balanza de Rentas, es decir, del pago de los intereses de nuestra deuda exterior.

    No se si estas cifras reflejan que el problema de los desequilibrios exteriores en la UE, al menos en el caso de España, están controlados, y lo que queda es lidiar con las consecuencias financieras de los desequilibrios pasados. Es decir, es básicamente un problema de financiación. En mi opnión el déficit comercial español con el resto de Europa en los últimos años no era tanto un problema de competitividad (supongo que nadie dirá en serio eso de que los sueldos en España tienen que bajar un 15%, ¿no?) como una manifestación más de los excesos de la burbuja y la financiación exuberante. La prueba es que muerta la burbuja se acabó el déficit comercial.

    La conclusión final es que sería un error forzar medidas depresivas en el sector privado para "mejorar la competitividad" puesto que los datos demuestran que no existe tal problema de competitividad con Europa. Se trata de controlar el déficit público y conseguir financiación para reducir nuestro endeudamiento exterior en unos plazos de tiempo razonables.

    • El que no tengamos un problema de competitividad con Europa no está nada claro, y todos los indicadores dicen lo contrario.
      La mejora de la blanza comercial es normal, en España, en etapas recesivas. La explicación es que las empresas ven bajar sus ventas eb España y tienen que "buscarse la vida"fuera. Esto viene ocurriendo así desde hace mas de 50 años.
      Finalmente, la mejor medida del desequilibrio exterior es la balanza por cuenta corriente, que , con datos al segundo trimestre, supuso un -4,4% del PIB (ver cuentas financieras, Banco de España).
      Saludos

    • Nicolás
      Creo que hemos perdido mucha competitividad –los datos de costes laborales unitarios comparados con el resto de la Eurozonas son contundentes- en buena medida debido a la burbuja que ha llevado a un exceso de crédito y gasto, con el consiguiente diferencial de inflación.
      Es cierto que los déficits exteriores de muchos países se han reducido durante la crisis, pero la prueba del nueve la tendremos cuando la economía empiece a recuperarse. La elasticidad de nuestras importaciones respecto al PIB es muy alta por lo que no está claro que no vuelvan a dispararse en una hipotética recuperación. Nuestra estructura industrial y de servicios, con empresas de pequeño tamaño y unas relaciones laborales muy anticuadas es muy poco propensa a competir en el exterior como hacen nuestras grandes empresas. Y no necesitamos llegar a un déficit del 10% del PIB para estar en problemas, tradicionalmente se pensaba que déficits del 5% ya eran problemáticos. De todas formas los controles de la EU están pensados para los desajustes excesivos, si estos tienen lugar mejor pero esta vez se lo van a tomar muy en serio.

  • Desde mi punto de vista, sin un sistema de transferencias potente para amortiguar los shocks asimétricos estamos condenados a crisis tras crisis. Es más, sin esas transferencias -vía BCE o dinero público-, España y otros van a estar agonizando durante bastantes años. Para mí, la clave de la cumbre fue que el BCE dio "barra libre" de dinero a los bancos, creando una monetización indirecta que se refleja en el éxito de las subastas del Tesoro en España.

    El problema es que un sistema de transferencias relevante no puede ser creado sin respaldo de los votantes, además de un verdadero gobierno e instituciones democráticas y todo lo que eso implica. Por otro lado, dudo que el sistema financiero pueda funcionar eficientemente sin un prestamista de última instancia que respalde, fundamentalmente, la deuda pública. Como se ha comprobado en España e Irlanda, el control del presupuesto público no es en absoluto suficiente para hacer funcionar al euro, y como se ha visto en Grecia, hacer quebrar a un país o echarle del euro no son soluciones deseables. Si no podemos dejar que nadie se hunda, habrá que crear un sistema para rescatarlos, vía transferencias, y además hace falta un prestamista de última instancia para impulsar la confianza en la que se basa el sistema financiero.

    Por último, la creación de todo ese sistema acarrea unos cambios políticos gigantescos. Sin esos cambios políticos enormes se corre el riesgo de caer en un déficit democrático que termine por generar rechazo y hundir al sistema. Es decir, o creamos un verdadero Estado europeo, o veo muy difícil la supervivencia del euro, y no creo que los votantes europeos estén preparados, más bien con la crisis creo que ha aumentando el sentimiento anti-europeo. La actitud de los líderes europeos no es más que un reflejo de su opinión pública, que no está dispuesta o preparada para dar el salto necesario.

    • Jan
      Es cierto que con todas estas condiciones (transferencias, unidad política, etc) las cosas irían mejor, pero no creo que lleguemos a tanto, por lo menos en un plazo razonable. Mientras tanto creo que con los pasos que se están dando tendremos que conformarnos. Si las medidas para potenciar la convergencia de estructuras económicas tienen más éxito que hasta ahora, las probabilidades de shocks asimétricos se reducirán y todo lo demás será menos necesario.
      Además no creo que pueda decirse que la crisis actual haya sido causada por un shock asimétrico, sino más bien por errores en la gestión macroeconómica, sobre todo en los países del sur. Eso es lo que se trata de evitar en el futuro.

  • Excelente post. No he dicho nada antes porque estoy cambiando algunas de mis ideas a medida que voy reflexionando. Simplemente una curiosidad, si el presupuesto centralizado no llegase y los eurobonos tampoco, ¿seguirías pensando que es un paso positivo o te alinearías con lo expresado por O’Rourke ?

    Muchas gracias

    • J. Rey-Maquieira
      Javier. Eso puede llegar al final del proceso de saneamiento fiscal en Europa, pero como le comento a Jan la convergencia económica debe hacer estos elementos de cohesión fiscal menos necesarios –no por ello menos deseables. Y no hay que olvidar que transferencias de renta ya las hay y las seguirá habiendo en el proceso de integración –creo que en España sabemos mucho de eso. La coordinación fiscal para controlar los déficits estructurales y la deuda es buena en sí misma y creo que es la precondición para avances en la integración europea, pero desde luego debe llegar más allá de lo acordado en esta cumbre. De todas formas tampoco creo que un presupuesto unificado y una corresponsabilidad total en la deuda pública sean escenarios realistas, por lo que lo más probable es que nos quedemos a mitad de camino.
      Pero hay que insistir es que nada de esto ha sido la causa de la crisis actual. Ni la ausencia de un presupuesto europeo, ni de los eurobonos, ni un shock exógeno específico de algunos países. Lo que nos ha traído hasta aquí ha sido una divergencia profunda entre deudores y acreedores y entre países más y menos competitivos así como un comportamiento inadecuado del sector financiero. Para resolver esto lo que necesitamos es lo que hay que empezar a hacer a partir de ahora: regulación macroprudencial y corrección de desequilibrios estructurales entre los países europeos.

  • Excelente post. Cuando dices “pero en el medio plazo nuestro problema más grave lo constituyen los desequilibrios exteriores entre los países de la UE y sus derivaciones financieras”, coincido totalmente.

    La pregunta que me surge es cómo España va a cerrar el gap de competitividad y articular un modelo de crecimiento económico sostenido que permita bajar el desempleo. ¿Reformas estructurales? Soy muy escéptico de los beneficios de estas reformas a corto-medio plazo. Para mi el problema esencial de la competitividad de la economía española es la estructura de Pymes -creo que en Europa también lo creen-, que impide que los mercados internos sean competitivos. ¿Hay alguna forma de política económica que provea de incentivos para una eventual reestructuración del tejido empresarial?

    • Joan
      El tamaño de las empresas es como dices el problema fundamental, pero este no es un dato exógeno sino que es el resultado de un sistema de incentivos que van desde la formación de los empresarios hasta la normativa laboral, la protección en muchos mercados, y la ausencia de mecanismos de financiación de mercado (al margen de los bancos). Es decir de todas esas cosas que se deben cambiar cuando hablamos de reformas estructurales.
      Estoy de acuerdo con que estas reformas tardan en surtir efecto, pero por eso precisamente es necesario acometerlas cuanto antes. Si empezamos por esa vía será el momento de reivindicar políticas más expansivas para apoyar el crecimiento. Si no resolvemos esos problemas de fondo las expansiones fiscales y monetarias sólo nos harán repetir los mismos errores una y otra vez.

  • Javier, muchas gracias por tus refexiones, con las que coincido salvo en lo siguiente que comentas:
    "Esto limitará, sin duda, la capacidad de hacer política discrecional pero aumentará la eficacia contracíclica de los estabilizadores automáticos."
    No sé si me he perdido algo de las nuevas normas fiscales propuestas, pero, a mi entender, se basan, como el Pacto de Estabilidad, en poner límites al déficit y establecer sanciones a los incumplidores. En mi opinión, esto no genera incentivos suficientes para cambiar el comportamiento de la política fiscal en las expansiones. Si no se generan sucientes superavits en las expansiones (la recesión, que es cuando se generan los riesgos de incumplir la regla fiscal queda situada en un futuro incierto, posiblemente con un gobierno que no es el mismo), la regla fiscal obligará a aplicar políticas contracícilcas en las recesiones, cortocircuitando los estabilizadores automáticos.

    • Javier Lozano
      Las reglas fiscales están referidas al déficit estructural –la dificultad está sin duda en calcularlo- por ello obligan a tener superávit en tiempos de bonanza y permiten déficits en recesiones. El fallo del Pacto de Estabilidad y crecimiento no fue tanto que se sobrepasase a veces el famoso 3%, sino que muy pocos cumplieron el objetivo de tener un déficit cero o moderadamente negativo (superávit) en el promedio del ciclo. Incluso los países que se comportaron bien en términos fiscales –España, Irlanda- en realidad lo hicieron sobre la base de elevados ingresos que eran en realidad coyunturales asociados al boom inmobiliario.
      En un post reciente en Drugevijesti ya planteo mi opinión -basada en resultados teóricos y empíricos- en el sentido de que unas reglas bien diseñadas no sólo favorecen la consolidación sino que hacen de los estímulos fiscales y de los estabilizadores automáticos más efectivos durante el ciclo. La razón básica es que los países muy endeudados sufren fuertes presiones en el coste de la deuda de modo que en tiempos de recesión deben recortar el déficit en vez de aumentarlo. Es lo que está pasando ahora. Lo clave de las reglas fiscales es que realmente tengan éxito en las expansiones, si no se cumplen durante el boom realmente son ineficaces.

  • Os dejo un par de posts de nuestro blog sobre el tema por si son de interés para el debate.

  • Handelsblatt publicó un artículo descubriendo, por fin, el problema de los desequilibrios en la eurozona, la importancia de los grandes superavits exportadores alemanes en la actual crisis. Expertos internacionales y alemanes llevan años hablando del tema.

    "La euro crisis muestra de forma dramática los daños que ocasionan los permanentes superávits exportadores", señala un artículo titulado, "Alemania desequilibra Europa". "Con su superávit exportador, Alemania acumuló presiones sobre los países menos competitivos, los superávits alemanes se corresponden con altos déficits, es decir con las deudas, de países como Grecia, Portugal o España",

  • y en el medio plazo nuestro problema más grave....una UE debe conseguir mas unión industrial, mas economías de escala dinámica a nivel europeo...
    Para entender la velocidad de este reposicionamiento global, consideremos que en 1990 más del 95% de la investigación y desarrollo se llevaba a cabo en los países desarrollados; una década después, el porcentaje de los países desarrollados había caído al 76%. Hoy, los mercados emergentes representan el 40% de los investigadores del mundo. Como subrayaba un informe de la UNESCO recientemente, China, que hoy invierte más de 100.000 millones de dólares anuales (2,5% del PBI) en I+D, está a punto de superar a Estados Unidos y Europa en términos de cantidad de investigadores. En 2010, el 40% de todos los estudiantes universitarios chinos cursaba carreras vinculadas a la ciencia o la ingeniería, más del doble del porcentaje en Estados Unidos.

    Los países de mercados emergentes no sólo se adjudicarán la mayor parte del crecimiento global en la próxima década; también serán, y cada vez más, la fuente perturbadora de innovación y frugalidad. Para 2020, la geografía de la innovación, y la de la riqueza de las naciones, habrán experimentado un proceso de reequilibrio masivo.

    • Ramón M
      Los cambios en la economía mundial que describes son sin duda cruciales para entender lo que está pasando, pero para España –y para Europa- son un dato con el que contar, por lo que tendremos que hacer lo que sea necesario para que eso no nos lleve a la irrelevancia como economía. Y en cuanto a lo de Alemania, ya he escrito muchas veces que eso de que los superávits de Alemania son los culpables de nuestros déficits es una causalidad inadecuada, como lo sería la inversa. Unos países son más competitivos que otros y eso explica las posiciones relativas. Dada la tremenda expansión de nuestro gasto en los últimos años, nos hubiéramos endeudado con cualquiera.
      Eso no quita para que yo no prefiera que los países del norte de Europa aumenten su gasto doméstico -como también que lo haga China y otros grandes países. Eso estaría bien para tirar de todos los demás pero, dado que no sería permanente, la única forma de evitar nuestros déficits estructurales es hacer los cambios internos que se necesitan hace tiempo.

      • Javier,
        Dices:"Unos países son más competitivos que otros y eso explica las posiciones relativas".
        De acuerdo, pero Alemania se benefició no sólo ni principalmente por ser mas competitivo, sino por contar con una moneda única, que impedia depreciaciones de países importadores y facilitaba préstamos de paises exportadores a importadores confiando en que nunca habría impagos en euros.
        Saludos

        • KE y NES
          Lo de la moneda única lo elegimos todos. Y yo creo que a nosotros también nos ha beneficiado en muchos sentidos. ¿Te imaginas una peseta continuamente devaluada desde 1999 para evitar los enormes déficits que hemos acumulado desde entonces? Por no hablar de los problemas de aislamiento de nuestra economía fuera del euro. Y lo más importante. Alemania hizo un esfuerzo muy importante para integrar a la República Democrática que supuso entre otras cosas una reforma laboral sustancial que nosotros, por ejemplo, no quisimos hacer en términos de bonanza.
          Precisamente entramos en el Euro para no buscar nuestro crecimiento sobre la base de devaluaciones e inflación. Simplemente, el acceso fácil al crédito nos acostumbró a no hacer los cambios que necesitábamos para converger. Una reedición de la política de transferencias y dinero fácil no nos llevaría a ninguna parte. Es cierto que a corto plazo vamos a necesitar algo de esto porque la situación es muy mala, pero eso sólo vendrá si nosotros avanzamos en hacer lo que no hicimos antes, es decir la política de condicionalidad.

      • Javier, " los superávits de Alemania son los culpables de nuestros déficits" porque tampoco creo que sea asi, queria decir que estas relaciones Norte-Sur crean unas dependencias , según Krugman, por las economias de escala dinamica, comercio interindustrial/intraindustrial , rendimientos constantes a escala , competencia imperfecta, costes de transporte, localización endógena de las firmas (fuerza centrífuga), localización endógena de la demanda (fuerza centrípeta).Krugman-Obstefeld, en su libro:Economia internacional, del 2001, paginas: 141-160
        “La localización de una empresa se encuentra inmersa en un proceso causal que activa la presencia de fuerzas que tienden a alentar o frenar la concentración geográfica, distinguiéndolas como fuerzas centrífugas y fuerzas centrípetas.”

        Si las decisiones son por economia geografica, por interes de cada gran empresa segun pais, es casi imposible que se cumpla : El Tratado constitutivo de la Comunidad Europea establece en sus artículos 2 y 3 que la Comunidad tendrá, entre otras misiones, la de «promover un desarrollo armonioso, equilibrado y sostenible de las actividades económicas en el conjunto de la Comunidad, un alto nivel de empleo y de protección social, la elevación del nivel y de la calidad de vida, la cohesión económica y social y la solidaridad entre los Estados miembros.»

        • Ramón
          Es cierto que las economías de escala y aglomeración tienden a polarizar la localización de la actividad económica. Para lograr los objetivos del Tratado es preciso un uso inteligente de los instrumentos de política económica que compense en parte este proceso: política industrial, innovación, educativa, de infraestructuras, etc. La Unión Europea ha invertido esfuerzo y dinero en esto. Es posible que no haya sido muy eficaz pero desde luego la solución a este problema estructural no puede ser que ciertos países que siguen siendo más competitivos nos tengan que compensar por ello. Habrá que seguir utilizando los instrumentos que la UE pone a nuestra disposición –muchos de ellos financiados por los países del norte- y complementarlos con políticas nacionales decididas para fomentar la convergencia real.

  • Me parece muy razonable casi todo lo que dicho en este hilo.
    Desde el sosegado y cautísimo artículo, navideño realmente, de Javier Andrés a muchas de las apreciaciones. La verdad es que "we all need a break " de problemas y malas perspectivas.

    Una matización quizás a los comentarios que dan por resuelto el problema de las balanzas.

    Como varios colegas y J. Andrés han apuntado, desequilibrios comerciales del 4% del PIB en medio de una recesión tan profunda como ésta (no cuento la contribución al PIB del No-Mercado: Estado y Oligopolios) no son una buena señal en absoluto.

    Lo ratifica que nuestros salarios son ya ridículos comparados con todos nuestros competidores (hasta los astilleros coreanos pagan más del doble que los nuestros desde los soldadores a los buzos para inspección de fondos).

    Lo mismo digo con los ingresos turísticos, bienvenidos sean, pero no olvidemos tres cosas.

    1. Los empleos en este sector son de mala subsistencia, no son substitutos de trabajos industriales. Por si mismos no permiten construir una sociedad pujante. Ni cobrando a 150 euros por persona el paseo en góndola como los venecianos.
    2. Imaginemos cuál sería la situación del sector turístico en toda Europa sin la sospechosamente oportuna guerra de Obama (ejecutada por nosotros) contra las dictaduras norteafricanas ni..
    3. Cuál va a ser la situación geoestratégica europea rodeados por gobiernos de los "hermanos musulmanes" por todo el flanco sudeste.

    Saludos

    • Manu Oquendo
      Es verdad que no hay que olvidar esos puntos. Como todos sabemos que lo del punto 1 sólo tiene una solución: productividad. Aquí hay mucho que avanzar y ese es el reto que tiene nuestra economía para encontrar su lugar en el mundo. Debe optar. O va por la vía de competir vía salarios y ventajas financieras de proveer de activos inmobiliarios en los que invertir a los ahorradores del norte –por aquí me temo que ya no mucho- o por la de ser como los países más productivos. Para esto último la tarea es ingente, hay que cambiar sustancialmente el sistema de incentivos en el que ahora nos basamos, por eso cuanto más pronto empecemos mejor.
      Y el último punto no deja de ser preocupante, aunque le hayamos prestado menos atención hasta ahora. Es mas geopolítico, pero de nuevo cuanto menor sea nuestra dependencia económica -energética, financiera, etc- más capacidad de maniobra y negociación.

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