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La rentrée laboral

Este verano nos han tenido en un sinvivir las turbulencias de los mercados financieros, que han logrado incluso cambiar la Constitución en apenas unas semanas, para limitar la deuda y el déficit público. Los fuegos artificiales financiero-parlamentarios nos distraen de la marcha de la economía real y, en particular, del mercado de trabajo, donde no hay muchas buenas nuevas.

Con respecto al mercado de trabajo, suelen llamarnos la atención mucho más las cifras referidas a cantidades (con perdón), es decir, el empleo y el paro, que las referidas a precios, es decir, los costes laborales y, en especial, el salario real (el salario medio dividido por el nivel de precios medio). La evolución de estas magnitudes aparece en el gráfico ya tradicional, que –como pidió hace tiempo un lector de Drugevijesti comentando esta entrada– empieza no con la recesión (a mediados de 2007) sino en 1999, cuando se creó el euro.

Este gráfico muestra lo raro que es el mercado de trabajo español. Anomalía 1: en la expansión el empleo crece más que el PIB y en la recesión cae más. En los demás países suele suceder lo contrario, pues los costes de ajuste (es decir, los de contratación y despido) penalizan a las empresas que alteren el nivel de empleo, fomentando su estabilidad. El origen de esta anomalía está en buena medida en la contratación temporal, que ha reducido excesivamente el coste del despido, exacerbando la variabilidad del empleo (ver esta entrada). No está de más recordar que este patrón de comportamiento se agravará con la última e incomprensible medida de política laboral de este Gobierno Casi Decapitado –revirtiendo su propia reforma de hace menos de un año–, que ha suprido los límites al encadenamiento de contratos temporales, ya comentada en este blog.

Otro factor que coadyuva a esta anomalía es otra rareza, comentada también a menudo aquí. Anomalía 2: normalmente el salario real medio, aunque no tiene un patrón cíclico muy acusado, tiende a responder positivamente al ciclo económico, es decir, a subir en las expansiones por la mayor demanda de trabajo y a caer en las recesiones por la menor demanda. En España el salario real medio pactado en los convenios colectivos cae en la expansión y sube en la recesión. Al abaratarse el trabajo en la primera fase y encarecerse en la segunda, el salario contribuye a que el empleo oscile más que el PIB (un sobre impacto conjunto de la fijación de salarios y los costes de despido sobre la rotación laboral es el de y ). A su vez, este atípico patrón cíclico se debe, en gran medida, a las características de la negociación colectiva en España (descritas en la de Fedea).

¿Qué ha estado pasando recientemente en el mercado de trabajo? Hasta ahora, el gráfico anterior mostraba la evolución siguiente: mayor crecimiento del PIB, menor destrucción de empleo y progresiva moderación salarial. Era una evolución lenta pero sostenida. Ahora, como en el caso de un aficionado que ve, con el alma en vilo, a un ciclista subir el Alto del Angliru, empieza uno a temer que la bici se está parando: no se termina de acabar la destrucción de empleo, el PIB no termina de tirar hacia arriba y la variación del salario real se estanca. Es una economía congelada, atenazada por las malas perspectivas y la elevada incertidumbre. Y las últimas previsiones de la y del de ayer presagian una desaceleración.

¿Se ha notado en los salarios algún efecto de la reforma laboral? La es demasiado reciente, pues se aprobó en abril de 2011. En cuanto a la reforma laboral de junio de 2010 (revisada en septiembre), podemos medir algún efecto de la parte que afecta directamente a los salarios: la posibilidad de que las empresas en situación económica negativa puedan acordar con sus trabajadores condiciones de trabajo distintas de las fijadas por el convenio de su sector (ver aquí).

Resulta que, albricias, la del INE ha incorporado un nuevo módulo dedicado a las relaciones laborales en las empresas. Según esta nueva información, las modificaciones en las condiciones de trabajo han afectado al y en las estrictamente salariales al 6.5% (los cubiertos por convenios colectivos son el 91% del total y el 20% tienen convenio de empresa). Es una aproximación a la incidencia de los descuelgues salariales. No son cifras despreciables, teniendo en cuenta que la reforma solo fue aplicable durante la segunda mitad del año y no fue firme hasta septiembre. Y se observa que las como porcentaje del coste laboral total han sido menores en las empresas con modificaciones salariales que en que no han tenido modificaciones (0.85% frente al 1.26%), así que es posible que los descuelgues estén evitando una mayor destrucción de empleo en pymes en situaciones comprometidas (habría que tener en cuenta otros factores, como el tamaño, para estar seguro).

Durante el mes de agosto los operadores de los mercados financieros se dieron cuenta de que se se aproximaba una ralentización del crecimiento económico en los países de la OCDE e incluso una posible recaída en la recesión (las señales estaban ahí antes). Así, dado que no cabe esperar un aumento de la demanda mundial (sino todo lo contrario), no hay margen para un estímulo fiscal de la demanda interna (sino todo lo contrario) y no podemos devaluar nuestra moneda (ni está prevista una pseudo-devaluación mediante cambios impositivos), sería necesario profundizar la moderación de precios y salarios. Pero esto no está sucediendo en suficiente medida ni con los precios (por ejemplo, el deflactor del PIB era del 1.8% frente al 1.3% de la Eurozona en el primer trimestre) ni con los salarios de convenio. Y los índices de frente a la Eurozona están mejorando muy poco o –en el caso de los costes laborales unitarios en las manufacturas– empeorando. De ahí la del Presidente del Gobierno, a la CEOE y a los sindicatos, de moderación de precios y salarios. Llega 4 años tarde y se le podría recordar que él mismo no ha promovido las reformas estructurales que hubieran favorecido esa moderación, pero es una petición razonable.