Nada es gratis… ¿excepto el amor de madre?, por Almudena Sevilla Sanz

Esta entrada es de una invitada, Almudena Sevilla Sanz, Investigadora Senior en el Departamento de Economía y en el Centre for Time Use Research de la Universidad de Oxford.

Los disturbios de jóvenes encapuchados en Londres de este verano y las explicaciones a los mismos dadas por el primer ministro británico sobre la disfuncionalidad de las familias me han recordado los trabajos de Heckman sobre el desarrollo del niño a una temprana edad en todas sus facetas, cognitivas, sociales y emocionales. Esta cuestión es importante para entender cómo se generan y se perpetúan situaciones de desigualdad económica. En concreto, si los niños empiezan con recursos muy diferentes desde muy pequeños, esto se va a traducir en adultos con capacidades y opciones muy dispares y, en consecuencia, con un incremento de la desigualdad económica y social.

Uno de los factores determinantes del desarrollo del niño ha resultado ser, según la todavía escasa evidencia empírica, el tiempo que las madres dedican a sus hijos, sobre todo en el primer año de vida (más o menos a partir de los 6 años, según la literatura psicológica, ya poco se puede hacer para traer una oveja descarriada de vuelta al rebaño). Y es que de hecho el padre (no la madre) de la ciencia económica moderna  ya lo decía…

The most valuable of all capital is that invested in human beings; and of that capital the most precious part is the result of the care and influence of the mother.[1] Alfred Marshall (1890), Paragraph VI.IV.11.

Pese a que me agrada el revival de esta cuestión, me sorprende y preocupa el mensaje subliminal que parece estar emanando.   Si el amor de madre es bueno para el desarrollo del niño, entonces las políticas económicas que se han de implementar – algunos razonan- son aquellas que promuevan el que las madres pasen el mayor tiempo con sus hijos, en otras palabras, políticas que desincentiven la participación laboral de las mujeres. Los que así opinan parecen haber olvidado uno de los pilares económicos más básicos: Nada es gratis. El amor de madre también tiene un precio, y los economistas lo han cuantificado en multitud de ocasiones. Los profesores Molina y Montuenga han estimado recientemente que el motherhood penalty, es decir la perdida de sueldo por hijo para las madres españolas, está en el 6% para el primer hijo y más del doble para los siguientes.[2]

Los que favorecen este tipo de políticas parecen olvidarse también de que los hipotéticos efectos negativos sobre el desarrollo del niño derivados de la participación laboral de la madre o de llevar a los niños a la guardería nunca se pudieron demostrar (salvo en casos un tanto extremos). La mayoría de economistas estamos ahora de acuerdo en que la falta de un efecto negativo sobre el desarrollo del niño porque la madre trabaje o porque el niño vaya unas horas a la guardería se debe a que el ingreso extra de una madre trabajadora compensa de sobra la hipotética reducción de amor maternal. Sobre todo si, como hemos observado recientemente con las nuevas encuestas de uso del tiempo, las madres trabajadoras sacrifican tiempo dedicado al ocio y a las tareas domésticas para dedicar a sus hijos un tiempo muy parecido al que dedican las madres que no trabajan (sobre todo tiempo en el tipo de cuidados más relacionado con el desarrollo infantil, como la lectura). España no es una excepción en esto, como vemos en la Tabla 1, las diferencias con respecto al cuidado de niños entre madres que trabajan y madres que no trabajan se puede cuantificar en unos 45 minutos diarios, nada comparado con las diferencias en el tiempo dedicado a tareas domésticas, que es más del doble:[3]

Tabla 1. Horas por día dedicadas a diferentes actividades por las mujeres en España

Mujeres
Empleadas No Empleadas
Cuidado de Niños 2.22 2.97
Ocio 4.23 4.87
Tareas del hogar 3.10 5.00
Observaciones 1197 1111

.

Notas: Datos derivados de la Encuesta Española de Uso del Tiempo. Variables medidas en horas por día. La muestra son madres de entre 25 y 40 años, con al menos un hijo menor de 6 años.

Aun sabemos muy poco sobre lo que las madres hacen cuando están con sus hijos, y menos aún sobre cómo estas inversiones en el capital humano de los niños se traducen en la producción de mejores personas, como Marshall afirmaba. Menos se sabe aún de los padres- el gran olvidado en este debate. Economistas, sociólogos y psicólogos han documentado extensamente que los niños que crecen sin la figura paterna (por ejemplo tras un divorcio), se convierten en jóvenes y adultos con peores resultados educativos, con menos seguridad económica, y un menor bienestar físico y psicológico.[4] Aunque aún se sabe poco sobre los mecanismos detrás de esta relación, lo que sí sabemos es que los padres dedican mucho menos tiempo al cuidado de los hijos que las madres en todos los países desarrollados. Las mismas encuestas de uso del tiempo revelan que los padres españoles dedican aproximadamente una hora diaria al cuidado de los niños, menos de la mitad del tiempo dedicado por las madres.[5] Si la disfuncionalidad de las familias es parte responsable de los disturbios sociales, quizá políticas encaminadas a incentivar la inserción familiar de los padres, en vez de políticas encaminadas a desincentivar la inserción laboral de las madres, serían más eficientes. Es precisamente en estos tiempos de crisis y de recortes cuando hay que replantearse en qué tipo de sociedad queremos vivir, y cuando hay que pensar seriamente en las medidas de política económica necesarias para conseguirlo.


[1] El más valioso de todos los capitales es el capital invertido en los seres humanos, y de todo ese capital, el más importante es el que proviene del cariño y la influencia de la madre.

[2] http://dae.unizar.es/jamolina/publicaciones/Articulos/The%20motherhood%20wage%20penalty%20in%20Spain

[3] Las madres que no trabajan están más tiempo con sus hijos, pero generalmente están haciendo alguna otra actividad, como actividades domésticas, y por lo tanto no lo reportan como cuidado de niños per se al rellenar el diario.

[4] Un resumen de la literatura se puede encontrar en “Father absence and child well-being: A critical review” por W. Sigle-Rushton y S. McLanahan, en Moynihan, D.P., Rainwater, L. y Smeeding, T. (eds.), The future of the family. Russell Sage Foundation, New York, 116-155.

[5] A. Sevilla-Sanz, J.I. Gimenez-Nadal y C. Fernandez, 2010. "Gender Roles and the Division of Unpaid Work in Spanish Households," Feminist Economics, 16, 137-184.

Hay 15 comentarios
  • Asunto altamente politizado en el que pesan los intereses de cada persona a, independientemente de su sexo, desarrollar su vida en donde mejor le parezca. Pero, claro, Drugevijesti.

    En otro momento, con más calma, volveré a leer el artículo pero ahora quisiera hacer un comentario sobre los disturbios porque me ha parecido que se achacan indirectamente a las familias cuando hoy ningún niño ( y menos de clase trabajadora humildísima y monoparental) es criado por sus padres dado que desde los muy poquitos meses pasan a manos del sistema de guarderías públicas y luego al escolar.

    En estas condiciones sería cuestión de entender qué tipo de niños se forman en esos entornos y por qué, más que relacionar sus eventuales desmanes con sus familias que, realmente, sólo los recogen de la "guarde" cuando al atardecer llegan derrengadas del trabajo con tiempo apenas para un baño, un "bibe" y a dormir.

    Saludos

  • Entiendo que el artículo destaca que la falta de dedicación a los hijos por parte de la estructura familiar (sea esta del tipo que sea) por lo visto tiene efectos negativos sobre el desarrollo de los niños y puede generar más a largo plazo externalidades negativas para el resto de la sociedad.

    Por lo tanto una mayor dedicación a los hijos por parte de su familia genera para estos mayores facilidades de éxito educativo, inserción social y desarrollo laboral. Esto me recuerda a lo que decía mi abuela “los padres no han de darles cosas a los hijos, sino darse a sí mismos”.

    Me gustaría que este tema se relacionara con otro “tema estrella” de este blog, la regulación laboral. ¿Contratos más estables, especialmente para las mujeres pero también para los hombres, no darían lugar a madres y padres trabajadores menos “agobiados” por la incertidumbre laboral y con mayores posibilidades de participar en el cuidado de sus hijos, con consiguientes mejores resultados académicos y de inserción social y laboral? Un bonito tema sobre el que pido que si conocen alguna investigación la hicieran conocer en este espacio.

    Y una observación, sesgada por mi experiencia, sobre la que me gustaría conocer otros puntos de vista. Veo que una parte de la sociedad responde a estos rasgos: una cohorte de padres endeudados a muy largo plazo, con incertidumbre laboral, con una papel de la mujer de creciente inserción laboral y mayor actividad social, pero que sin embargo sigue asumiendo la mayor parte de carga del cuidado de hijos (y doméstica) lo que la expone a renuncias constantes y stress adicional. Una escasa (aunque levemente creciente) renuncia por parte de los hombres a proyección laboral y social para participar en estas tareas. Unas medidas de conciliación insuficientes, que dejan, cuando hay suerte, buena parte de estas tareas en manos de los abuelos (la ley de conciliación debería llamarse la ley de los abuelos).

    ¿Podría una política laboral más sensata y adaptable al ciclo de vida de las personas contribuir a mejorar estas disfuncionalidades? ¿Cómo involucrar más a los padres? ¿Medidas encaminadas a estas cuestiones contribuirían a evitar disturbios como los vistos y ofrecerían más oportunidades a las familias más desfavorecidas? ¿Es más sensato no hacer nada a estos respectos? Siempre hay retos por abordar y este es el de las actuales generaciones entre 30 y 45 años.

  • ^^ Las guarderías se parecen todas bastante, los padres no, los niños tampoco. Manu, creo que te han perdido los prejuicios.

  • Muchas gracias Almudena, realmente uno de los temas más interesantes cuando pensamos a largo plazo. Sobre la implicación de los padres, recuerdo haber leído como en Suecia el permiso por paternidad, que incluye varias semanas solo disfrutables por los padres, había conseguido que éstos se implicaran más durante los siguientes años en la educación de sus hijos. Entrando en el terreno político, parece que las grandes dificultades para estas políticas educativas (como los programas START que ha mencionado Antonio Cabrales más de una vez) es que los políticos no tienen los incentivos adecuados para llevarlos a cabo, otra cosa sería si los ciudadanos los valoráramos mejor.

  • El brillante estudio de los profesores Molina y Montuenga citado en (2) utiliza los modelos de protección social propuestos por Esping-Andersen: Anglosajón, Nórdico y Continental Conservador, al que nos adscribe.
    Si bien los modelos Anglosajón o liberal y Nórdico o Socialdemócrata están muy bien perfilados desde hace mucho, el tal modelo Continental me resulta más bien un constructo conceptual tal vez demasiado simplificado y mezclado. Una simplificación más del mundo académico anglosajón, en el que la palabra 'Mediterráneo' se viene usando con desprecio desde hace demasiado.
    El lío/ruido que introduce en sus análisis y en los que se deriven de sus datos es considerable.
    Con esto no descalifico el estudio ni la entrada del blog. Al contrario, los aplaudo. Pero fijémonos en con quiénes nos las tenemos que haber. La 'anglosaxolatría' tampoco es gratis.

  • Es un tema interesante y muy ideologizado que, además, es difícil de discutir "en público" porque el tema de los hijos frecuentemente lleva a posiciones de "culpabilidad" (ser "mala o buena madre", ser egoísta ó "abnegada", etc)

    Adicionalmente, el estímulo a que las madres trabajen tiene apoyo tanto desde la izquierda clásica (la "liberación" de la mujer, feminismo, etc) como desde la derecha liberal (impacto positivo en el PIB), y menos desde sectores "retrógrados" o tachados de "machistas" (como la Iglesia Católica o las creencias musulmanas).

    Dicho esto, la frase clave para mí es: "La mayoría de economistas estamos ahora de acuerdo en que la falta de un efecto negativo sobre el desarrollo del niño porque la madre trabaje o porque el niño vaya unas horas a la guardería se debe a que el ingreso extra de una madre trabajadora compensa de sobra la hipotética reducción de amor maternal. " En plata: la falta de tiempo de la madre se compensa con más dinero en el hogar, lo cual es bueno para el niño.

    Puesto que la utilidad del dinero para el niño es probablemente decreciente marginalmente (y, supongo que el beneficio del tiempo con la madre, también), habría que distinguir entre la combinación óptima en función de las rentas del contribuyente principal del hogar. Intuitivamente, en los hogares con alta renta de uno de los progenitores, la contribución al bienestar del niño del segundo salario será menor que en los hogares de renta más baja y, por tanto, las madres "ricas" ayudan mejor a sus hijos no trabajando y las madres "menos ricas" ayudan mejor a sus hijos trayendo dinero a casa (con independencia de otras implicaciones que esta decisión tiene en la autoestima de las mujeres y otras consideraciones).

    En mi caso personal, nos encontramos afortunadamente en el grupo donde, con mi renta, mi familia es capaz de vivir en un estado que no se vería cualitativamente mejorado (aunque sí cuantitativamente) con un segundo salario y, por tanto, mi mujer y yo decidimos (tras hablarlo, y conjuntamente), que ella renunciaría temporalmente a su carrera para evitar que a nuestros hijos los eduquen "otros". Esta decisión se puede considerar retrógrada, pero pensamos que era lo mejor para nuestros hijos (por cierto, soy ateo)

    En mi nada científica evidencia (hijos de amigos, etc) nos parece evidente que es bueno para los niños que sus padres les dediquen tiempo (aunque puedo tener un sesgo de percepción), y que incluso muchas madres que triunfan profesionalmente tienen serios sentimientos de culpa cuando descubren que sus hijos no corren hacia ellas cuando se hacen daño o usan expresiones coloquiales sudamericanas (por decir algo) es decir, cuando descubren que no están criando a sus hijos ellas mismas. Por eso pensamos que hemos tomado la decisión correcta, aunque a veces cuesta explicarla por el estigma que da la sociedad actual a la mujer que no trabaja ("maruja").

    A todo esto hay que añadir el injusto tratamiento fiscal a los matrimonios con una sola renta (se pagan muchos más impuestos en un hogar que ingrese €50k si se perciben en una sola renta o en dos).

    Saludos

    Osezno_

  • Según parece, no hay mucha diferencia en el tiempo que dedican al cuidado de los hijos las madres que no trabajan (fuera de casa) y las que sí lo hacen y no hay “un efecto negativo sobre el desarrollo del niño porque la madre trabaje o porque el niño vaya unas horas a la guardería. Sin embargo, no es infrecuente ver en los medios el mensaje contrario y que de manera subliminal o directamente se traslade el mensaje de que las madres han de pasar más tiempo con los hijos y así ha quedado reflejado en nuestra legislación: ¿qué son, si no, las reducciones de jornada o las excedencias por cuidado de hijos?

    Hace unas semanas Sara de la Rica concluía su entrada “Mujer y Mercado de Trabajo (I): Diferencias culturales, Mujer y Mercado de Trabajo” diciendo que “un aumento en la provisión de cuidado externo de hijos puede no afectar positivamente a la participación laboral femenina o a la fertilidad, si las actitudes sociales hacia el cuidado externo de los hijos no son las adecuadas.” Son tan inadecuadas las actitudes hacia el cuidado externo de los hijos que a veces parece que se quiera establecer una relación de causa-efecto entre la incorporación de la mujer al mercado laboral y graves problemas sociales que últimamente se han manifestado de manera virulenta en algunos sitios.

    Lo que sí es indiscutible es “que los padres dedican mucho menos tiempo al cuidado de los hijos que las madres en todos los países desarrollados.” Este es el verdadero problema: el macho cree que el cuidado de los hijos no es asunto suyo y considera un asunto menor (si lo considera) las condiciones laborales o vitales de las mujeres. Del padre, diremos como dijo Sabino Fernández-Campo del general Armada: “ni está ni se le espera”.

  • Doña Almudena. ¿Retrata usted una penosa realidad?. A causa de mi experiencia lamento discrepar con usted en cuanto que la acción política tenga algo que decir sobre este tema; como padre en ejercicio desde hace treinta años he criado a mis hijos tanto cómo mi esposa, que ha dedicado muchas horas de su vida a su propia actividad y progreso profesional, igual que yo mismo y no considero que en nuestro hogar faltaran ni dedicación ni cuidados, ni que nadie ajeno tenga que apoyar a los niños en su desarrollo, al contrario, pienso que todos hemos aprendido a valorar el tiempo de los demás. En las horas del día, creo que sólo con apagar el televisor, sobra tiempo para juegos, risas, besos, lecturas, meriendas, baños y cuentos. Pero como dice mi pequeña futura educadora social, aquí se echa en falta una escuela de padres. Y yo añado, otra que respete el derecho de cada uno a tener su propio proyecto personal, sin chantajes, sea hombre o mujer.

  • Por si sirve de ayuda traigo un caso longitudinal. Estudiamos instantes irrepetibles y aplicamos lo supuestamente aprendido a circunstancias que ya no son las estudiadas. Mucho de esto tiene que ver con el campo de este artículo importante. El síndrome del ceteris-paribus imposible.
    Mis abuelas trabajaron fuera. Una recibió una medalla al mérito en el trabajo. La otra llevaba las cuentas de la actividad pesquera y conservera con mi otro abuelo que hacía las mareas hasta el “Gran Sol” y el “Irish box”. Mi madre murió joven mientras trabajaba en su fábrica. Entre ambas abuelas tuvieron catorce hijos que salieron adelante bien como clase media de funcionarios y empresarios autónomos con algún asalariado que otro y tres emigrantes a las Américas a los cuales fue muy bien.
    No hay discrepancias dramáticas con las vidas de nuestros muchos primos pero sí las hay en las vidas de los biznietos de aquellas abuelas: la de mis hijos y los hijos de otros primos algunos de los cuales han sido presa de todos los males sociales actuales con casos muy graves de drogas y uno de cárcel.

    Es decir, los problemas y las diferencias se han acentuado en la cuarta generación expuesta al torbellino de valores de los últimos 40 años. Los casos más graves se han producido en familias de primos con las madres a la antigua en casas acomodadas y ”de orden”.

    Así nos es fácil constatar que los "valores ejemplarizados" de la unidad familiar inciden decisivamente en el éxito material y vital de la descendencia. Esto es mucho más importante que su posición económica que en algunos casos de los citados correlaciona muy negativamente.
    Es decir, muchos medios/baja exigencia llevan a fracaso con mayor frecuencia que pocos medios/alta exigencia. Tampoco veo incidencia en la presencia o no de la madre en el hogar. Depende de cómo sea la madre. Es más, los peores casos son de madres “caseras” con mala capacidad de exigir con el ejemplo.
    El problema de fondo es que los valores no se compran con dinero ni se venden con palabras: hay que vivirlos.

  • Una entrada muy interesante, Almudena. Esperemos que continúes escribiendo en Drugevijesti.

    Lo que no tengo tan claro es que exista una desventaja neta para la mujer asociada a su mayor dedicación al cuidado infantil. En biología, hay evidencia [1] referida a los primates antropoides (como nosotros) de que mayor cuidado infantil está asociado a mayor esperanza de vida, un beneficio nada despreciable. Este hecho creo que no se tiene en cuenta cuando se calcula la motherhood penalty

    ¿Será el amor de madre simplemente cosa del gen egoista?

    [1] JOHN ALLMAN, AARON ROSIN, ROSHAN KUMAR, AND ANDREA HASENSTAUB Parenting and survival in anthropoid primates: Caretakers live longer Proc. Natl. Acad. Sci. USA Vol. 95, pp. 6866–6869, June 1998 http://www.pnas.org/content/95/12/6866.full

  • Carlos, coincido plenamente contigo. La última frase me parece muy, pero que muy, acertada.

  • Una entrada muy interesante, Almudena. Si bien coincido completamente contigo en que es necesario un cambio social en el que el padre esté más comprometido con el desarrollo de sus hijos y la mujer pueda desarrollarse personal y laboralmente, creo que también es necesario que el tiempo dedicado a los niños sea de calidad. Como bien apuntaba la psicóloga Alicia Banderas, es vital querer a los niños de forma incondicional y enseñarles a asumir la frustración, dos conceptos que actualmente no suelen ser frecuentes.

    Sin embargo, en un momento económico como el actual, creo que es aún más importante asegurar los ingresos mínimos necesarios para el buen desarrollo e integración de las familias.

  • Muy sugerente, Almudena. Personalmente pienso que el tiempo dedicado a mis hijos es una de mis mejores inversiones (o al menos, de las que mejor me hace sentir).
    Sin embargo, no creo que la clave esté en trabajar o no trabajar, sino en poder elegir: es tan frustrante una jornada de trabajo interminable día tras día, como permanecer en casa cuando se desearía hacer más cosas. Tu satisfacción personal y energía las transmites a tus hijos.
    Respecto al padre, aunque indudablemente más presente e implicado, todavía creo es necesario recordarle de vez en cuando que el trabajo no es todo.

  • Creo que, en un contexto de igualdad de derechos y deberes, que es el actual, no se puede plantear ni de lejos que exista un derecho de elección de la mujer entre trabajar fuera y quedarse en casa. ¿Tiene ese derecho el hombre?. Lo que si es necesario incidir, insisto que en el contexto actual, es en la necesidad de la colaboración mutua y un reparto de tareas consensuado, según el proyecto vital de cada pareja.
    Otro asunto es que, el reparto tradicional, con la mujer trabajando en casa y el hombre fuera, dicho a grossomodo, no es nada irracional y no implica necesariamente sumisión de una al otro. Se trata simplemente de que los tiempos van en otra dirección, la del trabajo fuera de casa y la tecnologización del hogar. Con ese hogar tecnológico y uno o dos hijos por pareja, es dificil justificar la asignación de un miembro de la pareja a una tarea tan "escasa", al 100%.
    Saludos.

  • Debe influir mucho, en efecto, el cariño de los padres a esos hijos suyos tan británicos.
    Pues cuando el gobierno ha amenazado a los progenitores con retirarles los subsidios si aparecía algún muchacho en las manifestaciones no denunciado por sus padres a éstos les retiraban todos los subsidios... las comisarías se han llenado entonces de padres denunciando a sus propios hijos. Esto es verídico y es el motivo real de que hayan sido tan efectivas las redadas policiales después de las manifestaciones. Que la prensa informa siempre lo que le da la gana, como ya sabemos.

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