- Drugevijesti - http://drugevijesti.info -

¿Colapso o estancamiento?

El lunes pasado estaba en una reunión con varios “” (investigadores altamente citados) y como era el único economista, me preguntaron sobre el futuro de la economía española. Imagino que mi reputación habrá crecido en aquel distinguido círculo, porque al día siguiente se cumplió una de las varias predicciones que hice. A saber, que era inevitable que a los funcionarios nos recortasen el salario. Otra predicción, que quizá a alguno le sorprenda, es que otorgo una probabilidad muy baja a que la economía española colapse súbitamente o a que haya algún tipo de impago o renegociación de la deuda soberana de España (la probabilidad implícita de impago en los próximos cinco años en los CDS debe ser de un 10%). Pero también dije que esa casi certidumbre de que la economía no colapsaría no era positiva para España.

No se trataba de ser provocativo, creo que efectivamente es así. Primero, ¿por qué pienso que España no va a colapsar rápidamente? Pues porque el problema de corto plazo es de liquidez. A los inversores extranjeros, a los que de momento necesitamos para ir renovando nuestras “líneas de crédito”, les da miedo prestarnos porque ven el déficit disparado y poca capacidad de crecimiento. Pero esto no es tan difícil de solucionar. Como se vio la semana pasada, se pueden hacer recortes del gasto rápidos (lo de los funcionarios no es que me lo copiara el gobierno, es que se le ocurre a cualquiera en una comida de trabajo y además ya se ha hecho antes en España), se suben algunos impuestos, y algunos gastos cíclicos irán cayendo por su propio peso en breve (muchos parados dejarán de recibir subsidio pronto, por ejemplo). Además, ahora que las empresas y familias no se están endeudando, eventualmente el estado podría funcionar con ahorro interno, que siempre pone menos presión. Recuerden el ejemplo de Japón, con mayor deuda per capita que Grecia, pero del que nadie se acuerda porque se autofinancia (es decir, el Estado pide prestado a los ciudadanos).

Y, entonces, ¿por qué estoy preocupado? Pues porque parece que las reformas solamente se consiguen en momentos de intensa presión, como se demostró la semana pasada. Vamos, al borde del abismo, por decirlo de alguna manera. Y en cuanto los inversores extranjeros y la prensa dejen de prestar su atención a nuestros asuntos, se relajará el afán reformista hasta la próxima crisis. Y vuelta a empezar. No es una buena práctica, porque así solamente se hace lo menos difícil. Por cierto, para el que le interese, Jordi Mondrià ha escrito sobre los efectos de los límites de atención de los inversores y directivos que comentaré con más detalle en otra ocasión.

El peligro de España es, pues, que no haya colapso pero sí estancamiento. Necesitamos un buen conjunto de reformas estructurales cuanto antes porque los efectos no se notarán en mucho tiempo. Y, si no se hacen, los resultados acumulativos pueden ser espectaculares. En la conversación a la que me refería al principio de este artículo, les di un dato a mis amigos investigadores de otras disciplinas que les pareció muy revelador. Japón tenía en el año 1996 un PIB per capita que era un 27 por ciento superior al de los Estados Unidos. En el 2006 el PIB per capita japonés era un 23 por ciento inferior al americano. ¿Había colapsado Japón? No, su PIB era de 36,739.93 dólares al principio del período y de 34,022.94 dólares al final. Lo que sucede es que Estados Unidos pasó de 28,813.93 dólares a 44,155.00 en el mismo período. Y no es que Estados Unidos fuera inhabitualmente exitoso. De hecho perdió puestos en el ranking mundial, pasando del 7 al 10. Simplemente los japoneses perdieron más terreno, del 3 al 18 (para los curiosos y de ).

La aritmética de Japón y Estados Unidos del último párrafo simplemente ilustra algo que ya mostró Lucas hace muchos años (una versión reciente del argumento se encuentra ). El efecto de los ciclos económicos palidece en comparación con el del crecimiento económico. La década prodigiosa de España enmascaró una serie de carencias muy importantes. Se crecía, pero sin aumentos de productividad. Y no se aprovechó la bonanza para realizar los ajustes necesarios para impulsarla. Fundamentalmente hay que hacer más fácil que el capital humano se asigne a aquellos usos donde es más productivo. Esto es la reforma laboral, ni más ni menos. Y después hacer que ese capital humano, y el físico, sean más productivos. Esto requiere que nuestras instituciones de educación (primaria, secundaria y superior) reciban un buen tratamiento de choque para que, por un lado, se enseñe mejor a los jóvenes, y por otro lado se produzca ciencia de alto nivel. Esto, por cierto, no se va a conseguir si las políticas de personal de estas instituciones no cambian de manera radical. Como ya les decía en una entrada de este blog en septiembre donde también a ustedes les predije la bajada de salarios públicos: “Dejemos más autonomía y flexibilidad salarial para, por ejemplo, los profesores de universidad y otros funcionarios cuya productividad sea fácilmente medible. Luego bajemos los salarios de todos los funcionarios de manera significativa. Y entonces, los que sean productivos que busquen ofertas externas, como están haciendo mis amigos de la Universidad de California. El resultado final puede ser sorprendente. Finalmente tendríamos un sistema que premia a cada uno por su talento y su esfuerzo, en lugar de por sus canas o su falta de pelo.”