¿De vacaciones? Que el barrio vigile su casa

Cambridge parece superficialmente un lugar pacífico. Pero el otro día yendo a la facultad me fijé en un letrero que decía neighborhood watch. Como sabía por el tiempo que viví en La Jolla esto no es buena noticia, así que me fui a las estadísticas y comprobé que de hecho Cambridge tiene una tasa de criminalidad algo superior a la media del Reino Unido. Pero, ¿qué es el “neighborhood watch”? Pues un programa en el que los vecinos, organizados por un “capitán de manzana” o “coordinador de calle,” que centraliza la información y se la envía a la policía, se comprometen a informar cuando sospechan de alguien que pueda estar realizando, o dispuesto a realizar, una actividad criminal en un barrio. Hoy les hablaré un poco del programa y de por qué no siempre es efectivo.

Es evidente que este tipo de actividad debe haber existido desde tiempos inmemoriales. Pero el origen histórico de este programa en su versión actual (con cartelitos en medio de la calle y demás parafernalia) se debe al escándalo causado por la violación y asesinato de Kitty Genovese en Nueva York en los años 60 del siglo pasado. Aparentemente un buen número de vecinos habían visto lo que pasaba y no solamente no intentaron impedirlo sino que ni tan sólo llamaron a la policía (en realidad la historia es bastante más compleja, y merece que hablemos de ellas en más detalle otro día). Pronto se formaron grupos de vecinos con el objetivo de vigilar los barrios y denunciar actividades sospechosas, y el movimiento se fue extendiendo por el país, y como puede verse por mi ejemplo incluso fuera de él.

Y, ¿qué efecto ha tenido? Pues un artículo del Journal of Experimental Criminology realiza un meta-análisis de la literatura sobre el programa, y concluye que, en general, los estudios que han analizado el programa han encontrado efectos positivos. Lo que quizá resulte más sorprendente es el hecho de que sea “en general” en lugar de “universalmente”. Vamos a repasar primero un poco la evidencia, y después analizaremos qué puede estar impidiendo un mayor efecto de la misma. Los investigadores encontraron 137 artículos relacionados, pero alrededor de 100 no eran elegibles para el meta-análisis (por ejemplo, 60 eran puramente descriptivos y 27 no tenía un grupo de control para comparar). De lo 30 elegibles había algunas repeticiones, por lo que quedaron 18 estudios que evaluaban 36 programas diferentes. Como se puede ver en el resumen descriptivo de los estudios en la tabla 1, hay muchos estudios que presentan efectos positivos, pero alguno presenta resultados negativos, y muchos de ellos tienen resultados inciertos.

No todos los estudios valen para el meta-análisis porque no reproducen un resultado cuantitativo que se pueda usar, pero hay 18 en los que sí se puede hacer. De todas formas, para interpretar el resultado final hay que tener en cuenta que como puede verse en la tabla, los estudios que pueden entrar en el meta-análisis contienen una proporción mayor (y estadísticamente significativa) de aquéllos que presentan resultados positivos.

El meta-análisis compara y agrega los odds ratios de los distintos estudios, como puede verse en la figura 2. El odds ratio para cada estudio es el ratio de las tasas de variación entre los índices de criminalidad antes y después de la intervención en la zona tratada frente a la zona de control. La agregación es difícil porque los estudios tienen distintos tamaños y variabilidades. Las últimas líneas del gráfico señalan los resultados para el método de efectos fijos (FEOR), el de efectos aleatorios (REOR), así como el de ajuste multiplicativo de varianza (MVAOR). Aunque los resultados no son idénticos para todos los métodos, parecen indicar un efecto positivo de entre un 19 y un 36 por ciento de reducción del crimen.

Pero aunque parece que hay un efecto positivo en general, a mí me queda la duda de por qué no es más claro el efecto. Al fin y al cabo hay muchos estudios que presentan efectos negativos o no significativos. Para explicarlo una posibilidad es usar el modelo de Bandyopadhyay y Chatterjee, quienes muestran que si los ciudadanos tienen señales equivocadas (o peor, sesgadas contra ciertos grupos de personas), van a denunciar en exceso a la policía, que perderá el tiempo examinando falsas denuncias y esto hace más fácil cometer crímenes mientras la policía investiga las falsas alarmas. Esto sugiera que aunque el programa parece útil, su introducción debe hacerse con precaución.

Otra razón por la que la explicación de Bandyopadhyay y Chatterjee es interesante es que aunque en España no existe este tipo de programas, tenemos algo que puede generar efectos parecidos, las alarmas de compañías privadas de seguridad. Y esto me lleva a preguntarme si la proliferación de estos sistemas de seguridad no puede estar haciendo subir el crimen en nuestro país. Como de costumbre, la conclusión es que probablemente necesitamos más investigación.

Hay 5 comentarios
  • "aunque en España no existe este tipo de programas, tenemos algo que puede generar efectos parecidos, las alarmas de compañías privadas de seguridad"
    El servicio de serenos de Gijón (http://www.serenosgijon.com/?id=9a15c&s=apart7) y de otras localidades podría ser también comparable pero desconozco que existan análisis al respecto.
    Un saludo

  • Lo curioso es que este articulo, y otros recientes en la misma linea, vienen a cuestionar lo que hasta hace poco era el consenso: la poca utilidad de estos programas. De cara a su importacion hay que tener varias cosas en cuenta. En primer lugar, la eficacia de estos programas esta muy matizada por el importante grado de selectividad en su aplicacion: suelen ser mas populares en barrios con poca delincuencia. Los mismos factores que hacen que determinados barrios sufran de mas delincuencia conspiran contra la capacidad de los residentes para organizarse eficazmente al tomar estas iniciativas. Lo segundo es que las ciudades americanas y britanicas donde la mayoria de estos estudios se han realizado presentan una fisionomia arquitectonica y urbana muy diferente de la de las ciudades espanolas. Por aqui vivimos en barrios residenciales y en casas, mientras que en Espana se vive en bloques de vivienda y en barrios de usos mas mixtos (lo que aumenta el grado de anonimato y la dificultad de identificar "extranos sospechosos").

    En cuanto a la relacion entre medidas de seguridad y delincuencia. El numero de dispositivos de seguridad es cierto ha aumentado en Espana, mientras que la delincuencia como en el resto de los paises occidentales ha disminuido (http://www.criminologia.net/reic/ano8-2010/a82010art2). Es muy dificil establecer la relacion , aunque cada vez hay mas autores que sugieren la hipotesis de una relacion causal (ver por ejemplo: http://jrc.sagepub.com/content/48/2/147.full+html).

  • ¿Pueden tener algo que ver las publication bias? Ceteris paribus los artículos con resultados positivos tienen una probabilidad mayor de ser publicados, y por tanto son más susceptibles de acabar también formando parte de los metaanálisis

  • Durante mi estancia en Berkeley, vivía en un barrio residencial de clase media-alta. Los residentes vivían obsesionados por la seguridad debido a algunos asaltos a viviendas. En general, en el área de la Bahía de San Francisco hay poca población de color, pero tanto en mi zona como en otras similares, ni se les ocurría hacer acto de presencia porque los vecinos llamaban inmediatamente a la policía informándoles de sospechas sin ningún fundamento. Claramente, había discriminacion racial que se reflejaba también en las concersaciones de café con amigos y conocidos.

  • Un ejemplo actual y muy a mano, el servicio de Tom-Tom para corregir defectos en los mapas de los navegadores de coche. Manejan una aplicación que solo hace caso de la gente que manda errores ciertos y que ningún conductor denuncia como falsos, y permite elegir a todos los usuarios si quieren en sus mapas correcciones de estos usuarios o no.
    No sería tan difícil aplicar esto a la colaboración ciudadana (que es como se llama aquí).

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