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Recortes educativos: la cuestión no es cuánto, es cómo y dónde

de Antonio Cabrales y Florentino Felgueroso

Las dificultades presupuestarias han obligado finalmente a muchos gobiernos autonómicos, además de al gobierno de España a reducir gastos en numerosas partidas. Como es natural, los gastos suntuarios han sido los primeros afectados. Pero como ya se ha dicho en esta página en alguna ocasión aquí o aquí la reducción de ese tipo de gastos no da para mucho, y hay que meterse a fondo en otras partidas y aumentar impuestos. Parece que en las últimas semanas la discusión se ha centrado en los recortes educativos, de manera que vamos a pasar a analizarlos a la luz de la evidencia internacional. Primero vamos a hacer un breve análisis descriptivo de correlaciones entre algunas de las variables en juego. Luego repasaremos la literatura que ha realizado análisis más detallados y ofreceremos alguna conclusión tentativa.

Dado que el problema genérico es el de los recortes en el gasto, lo primero que se debe mirar es lo que nos pueden decir los datos agregados por países sobre gasto en educación y resultados en el examen de PISA. El Gráfico 1 muestra los resultados de regresiones de los resultados obtenidos en los últimos tests de PISA (matemáticas) por varios países con el gasto educativo acumulado por estudiante entre los 6 y 15 años. Si excluimos a los países latinoamericanos con unos gastos muy por debajo de los demás, no observamos que ambas medidas estén correlacionadas en términos agregados. Resultados similares se obtienen si en lugar de las notas de matemáticas tomamos las obtenidas en lectura o ciencias. España, por ejemplo, tiene un gasto acumulado por estudiante muy similar a los de Finlandia y Japón (un 2% más estos dos países) y mucho mayor que el de Corea (un 25% más), tres de los países que ocupan la parte más alta en el ranking de resultados de PISA. Dado que la escuela pública se va a ver particularmente afectada, hemos replicado el análisis solamente con datos de la pública, sin observar ninguna variación significativa.

La mayor parte del gasto público en educación se lo llevan los costes salariales. Todo parece indicar que el recorte en la mayoría de la Comunidades que lo hagan supondrá una reducción de las plantillas, que a su vez, aumentará la ratio profesor/alumno y/o la carga docente de los mismos. Ya hemos explicado en alguna ocasión en este blog con bastante detalle que la ratio profesor/alumno tiene una relación muy ambigua con los resultados académicos. Dada esta observación y que la ratio estudiantes/profesores en nuestra escuela pública es de los más bajos de la OCDE (en la ESO pública superando por muy poco sólo a Bélgica, Portugal y Eslovenia, en el nivel de bachiller y para los colegios públicos es sencillamente la más baja de la OCDE, (Education at Glance 2011, EAG2011, Tabla D2.3), no parece que el aumento de la ratio, si se da, vaya a empeorar notablemente los resultados.

Además de la ratio, otro efecto de los recortes es el aumento de la jornada docente de nuestros profesores. Este es uno de los focos de la discusión en Madrid, por ejemplo, donde la Comunidad ha aumentado el tiempo de o, en otras palabras las horas de clase, con los alumnos de 18 a 20 horas para la mayoría de los profesores de secundaria. Según datos de la OCDE, el tiempo de o de los profesores españoles (Table D4.1, EAG2011) se sitúa algo por encima de la media. Hay que tener en cuenta que la OCDE toma cel máximo legal de 21 horas de o a la semana (ver anexo 3, página 75 de EAG2011). Pero, de nuevo, en el Gráfico 2, no parece haber una correlación clara con los resultados medios en PISA para los colegios públicos incluso usando para España esta jornada máxima, lo que nos hace dudar de que la medida de la Comunidad de Madrid tenga repercusiones serias en la calidad docente. Una curiosidad es que la jornada de los docentes en España es casi el doble que Grecia, que no tiene resultados mejores en PISA.

¿Qué nos dicen los estudios empíricos más serios?

En un trabajo reciente que sirve de capítulo para un nuevo volumen del Handbook of the Economics of Education, Hanusheck & Woessmann realizan una revisión de la ya amplia literatura sobre diferencias internacionales en los resultados educativos con datos de exámenes estandarizados como PISA. Se centran en los determinantes de los resultados de estos exámenes y su impacto en las habilidades cognitivas. Una de las ventajas de estos estudios es que ponen en perspectiva la importancia de los modelos educativos y de las instituciones, lo que no se puede hacer, en general, con datos de un solo país, a no ser que se evalúan los efectos de una reforma.

Sus principales conclusiones son que: “Mientras que los indicadores cuantitativas de recursos muestran poco impacto, varios indicadores de estructuras institucionales y de la calidad de la fuerza docente pueden dar cuenta de una parte significativa de las grandes diferencias internacionales de nivel y equidad de rendimiento de los estudiantes” Al igual que en esta entrada, también observan que no hay una correlación significativa entre gasto por estudiante y resultados académicos, incluso controlando por otros factores como son el entorno familiar y otras características escolares, como el tiempo de instrucción.

La conclusión, tanto de nuestro somero análisis como de estudios más profundos y detallados, es que los recursos escolares no importan tanto como las instituciones y la forma en la que se usan; tales como la autonomía y rendición de cuentas de las escuelas, o los incentivos de los actores implicados en el proceso educativo.

¿Qué hacer?

Nuestro sistema educativo presenta una serie de anomalías que deben ser corregidas y, dada la coyuntura, esta es una ocasión de oro. Por ejemplo, tenemos una altísima tasa de repetidores, como ya discutimos en su día. En aquella entrada, se daban datos sobre el despilfarro que suponen las repeticiones en nuestro país, y los desincentivos que crean las reglas de repetición tanto para los alumnos como para los profesores. A esto hay que añadir que las repeticiones acaban desembocando en abandono escolar, en un sistema que no ha proporcionado ninguna formación profesional previa. Hacer frente a tamaño despropósito parece fundamental para mejorar los resultados, reducir el abandono y la equidad del sistema con un menor gasto.

La indisciplina en clase es otro problema sobre el que hemos abundado en numerosas ocasiones. Hemos propuesto un carné por puntos educativo como solución concreta y legalmente viable. En este contexto, algo lamentable de la actual lucha política es que se pueda dar idea de que nuestros profesores son “unos vagos”. No lo son, al menos en el contexto internacional de la profesión. Se puede y debe discutir acerca de si el aumento de la carga docente es factible dada la situación y ya hemos dicho que dudamos de que vaya a redundar en una menor calidad de la docencia, pero también hay que tener cuidado de no dar impresiones erróneas.

Por último, y quizá lo más importante, bajar salarios o aumentar la carga docente de manera indiscriminada, como se ha hecho hasta ahora, nos parece una forma muy cruda de afrontar el problema de los gastos docentes. Estamos seguros de que hay profesores perezosos, pero también estamos seguros de que hay una mayoría de docentes cumplidores y capaces. ¿No valdría la pena separar el trigo de la paja? Ya hemos mostrado en alguna ocasión evidencia de que montar esquemas de incentivos para los docentes es una buena forma de gastar nuestros escasos recursos fiscales. En una de las primeras entradas de este blog ya predecíamos, contra lo que afirmaba la ministra de economía en aquel momento, que no habría más remedio que bajar los sueldos de los funcionarios. Y añadíamos que una buena forma de hacerlo es bajar la parte fija del salario y, al menos para aquellos cuya productividad es medible, poner una parte variable sustancial. Nos parece que los profesores, de la escuela a la universidad, deberían acogerse a esta importante reforma, que nos parece mucho más justa que hacer trabajar más a todos o recortar el sueldo de todos. Hay muchas más reformas posibles naturalmente, así que ya que estamos en ello, podemos seguir la máxima Rahm Emanuel, antiguo jefe de gabinete de Obama y ahora alcalde de Chicago: “nunca hay que echar a perder una buena crisis.”