Activismo Accionarial - II (Campañas Activistas)

En mi última entrada hablaba de activismo empresarial y en particular de los mecanismos informales mediante los que inversores organizados interactúan con los gestores de las empresas englobados bajo el concepto genérico de voz. Sin embargo, un tema que parecía quedar pendiente son los mecanismos más formales por los que los accionistas pueden hacer valer su opinión. Parece obvio, (y en los comentarios del mes pasado apareció un par de veces) que si la mayoría de los accionistas de una empresa desean cambiar algo, deberían poder hacerlo mediante propuestas en la junta general de accionistas. Al fin y al cabo son los dueños de la empresa y como tales deberían ser quienes tienen la última palabra sobre cómo se gestiona. En la práctica, ejercer de dueño en una gran empresa con muchos accionistas dispersos es más costoso de lo que parece. Aunque un accionista tenga una buena idea sobre cómo gestionar una empresa y un buen paquete accionarial, es más difícil de lo que parece coordinar a los demás accionistas para forzar a los gestores de esta a cambiar de rumbo.

Para clarificar esta idea, hoy voy a hablar de de que trata de medir los costes del activismo accionarial. Muchos fondos de inversión activa, y en particular los hedge funds son considerados fondos activistas. Esto quiere decir que parte de sus beneficios los obtienen comprando acciones baratas en empresas mal gestionadas y forzando a los gestores a mejorar sus resultados para incrementar el valor de la acción. Para ello, los fondos compran paquetes importantes de acciones y  tratan de forzar un cambio. Cuando el cambio no se produce por las buenas (por la vía de los mecanismos de voz que veíamos en la entrada del mes pasado), los fondos lanzan campañas activistas, en las que tratan de convencer al resto de los accionistas para que voten con ellos en la junta general de accionistas. Los paquetes accionariales de los fondos activistas son grandes, pero generalmente minoritarios (en media un 7% de la empresa al inicio de una campaña) por lo que es necesaria la colaboración de los otros accionistas  para forzar la acción de los gestores.

 

El hecho es, que no basta con tener una idea brillante para que los accionistas voten en masa a su favor. Todos sabemos que en las elecciones a cargos políticos no basta con tener un buen programa político o ser popular, sino que hace falta una estructura (partidos políticos) y un esfuerzo económico importante (campaña política) para ganarlas. Las elecciones empresariales no son muy diferentes. Los fondos activistas cumplen el papel de los partidos políticos en el sistema electoral interno de las empresas. Tienen que mandar información, realizar campañas publicitarias, convencer y coordinar al resto de los accionistas. Estas son las llamadas campañas activistas. Como veremos las campañas activistas pueden llegar a ser muy costosas. Sin este coste, cualquier iniciativa está condenada al desastre y a recibir muy pocos votos.

El artículo de Nick Gantchev trata de medir el coste de estas campañas, y en particular de tres acciones activistas típicas. 1) Pedir una negociación explicita con los gestores de la empresa por un tema determinado, 2) Solicitar un puesto en el consejo de administración de la empresa, 3) Forzar la salida del director general.

Para ello, el artículo recopila información sobre las tácticas de negociación empleadas por diversos fondos activistas. La información se centra en 171 fondos (hedge funds), que intentaron llevar a cabo cambios en 1023 empresas mediante 1164 campañas distintas, empleando, entre otros medios 5645 propuestas de voto en la junta general de accionistas.

Para medir los costes de las diversas acciones activistas de los fondos, el artículo desarrolla un modelo sencillo en el que los fondos van secuencialmente escalando su actividad, empezando por mecanismos informales, siguiendo con la solicitud formal de un cambio, más tarde la solicitud de un asiento en el consejo de administración y finalmente pidiendo la salida de los gestores. Posteriormente se calibra el modelo utilizando datos reales y sus efectos sobre la valoración de las empresas y de los fondos implicados. Asumiendo que los gestores de fondos, en media, toman las decisiones adecuadas, se puede calcular el coste de las campañas de los fondos.

Los resultados principales del artículo son los siguientes: Más de dos terceras partes de las campañas activistas acaban en nada, con el fondo activista renunciando a sus demandas. Aproximadamente un 20% incluyen el requerimiento de un asiento en el consejo de administración y solo un 7% desembocan en un intento de reemplazar al director general.

El coste de solicitar una medida determinada es en media 2.94 millones de dólares, con una tasa de éxito del 6.7%. Si esto no funciona, pedir representación en el consejo de administración conlleva un coste adicional de 1.83 millones de dólares, con una tasa de éxito del 39.3%. Por último, si la cosa llega a mayores y se solicita la renuncia del director general, la campaña asociada tiene un coste adicional de 5.94 millones de dólares (esto es un coste total de 10.7 millones de dólares) y tiene una tasa de éxito del 57.3%. Estamos hablando de costes totales, que incluyen los costes explícitos (publicidad, consultores, abogados…) y también los costes implícitos (tiempo y recursos del hedge fund).

Estos costes no son para nada triviales, para un pequeño accionista sería imposible recuperar dichas inversiones. Los hedge funds, con participaciones importantes, si son capaces de recobrar su dinero aumentando el valor de la empresa. Aun así, Gantchev estima que dos tercios de los ingresos extraordinarios que hedge funds obtienen por su activismo se destinan al coste de financiar las campañas activistas. Esto es, de la diferencia de ingresos entre un fondo pasivo y uno activo se reduce a un tercio cuanto tenemos en cuenta los costes del activismo. Aunque los costes del activismo se coman una parte importante de los beneficios de estas campañas, es posible que los fondos también obtengan un beneficio indirecto. Un fondo que tenga una reputación de lanzar campañas activistas exitosas tendrá más posibilidades de forzar un cambio por las buenas sin necesidad de llegar a la junta general de accionistas.

En general el crecimiento de los fondos activistas ha propiciado una nueva forma de coordinar a los accionistas dispersos. En ausencia de los fondos activistas sería muy difícil coordinar a los accionistas dispersos para que tomasen las riendas de la empresa. Las acciones de los fondos, totalmente interesadas, atenúan en este caso un serio problema de acción colectiva y generan valor para el resto de los accionistas.

Hay 1 comentarios
  • Con lo cual, parece claro que facilitar la existencia y la operativa de este tipo de fondos es una buena estrategia para mejorar la eficiencia economica, ¿no?. No obstante tambien seria inteesante facilitar canales para que dichas acciones no fueran solo posibles para este tipo de estructuras y si para accionistas mas modestos, que puedan agruparse, actuar, y coadyuvar a una mejora de la eficiencia de los mercados.

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