El Mito de las Listas Abiertas

Una de las ideas que más se menciona como una posible reforma de nuestro sistema político es el introducir listas abiertas en las elecciones a diputados. Ya que el domingo tenemos elecciones, en este post intentaré argumentar que las bondades de las listas abiertas son un mito. Aunque las listas abiertas suenan muy bien, lejos de solucionar nada, probablemente solo harían nuestro sistema político más disfuncional.

Quizás la mejor prueba de mi afirmación es que España ya tenemos un sistema de listas abiertas, el que elije a los senadores, algo que a muchos periodistas y políticos que hablan del tema parece que se les olvida siempre, y que no parece tener ninguno de los efectos positivos de “mayor democracia” o de “eliminar la partitocracia” que se suele aventurar el sistema de listas abiertas traería.

Pero claro, como nuestro Senado es simplemente una manera de malgastar el presupuesto, uno puede argumentar que los efectos de las listas abiertas en el Congreso de los Diputados serían muy diferentes. Analicemos pues lo que podría ocurrir en este caso basándonos en la deducción y en la experiencia de otros países y de España, pues aparte del Senado, las listas abiertas eran el sistema de elección de diputados durante la II República (por cierto, dos posts míos al respecto, aquí y aquí).

En primer lugar cuando la gente habla de listas abiertas creo, sinceramente, que en general no tienen muy claro de qué están hablando (siempre hay excepciones, claro). Es como la idea de federalismo. Cuando estaba en la carrera de derecho, me encontraba constantemente con gente que decía: “los problemas territoriales de España se resuelven con el federalismo”. Inmediatamente mi respuesta era: “¿qué quiere decir federalismo?” y normalmente la única réplica era una pila de ambigüedades. Tan federales, al menos de nombre, son EE.UU., Canadá o Alemania y en la práctica las cosas funcionan de manera muy distinta en cada uno de estos tres países. Así que olvidémonos de decir cosas como “listas abiertas” o “federalismo” sin más porque suenen fenomenal y entremos en los detalles: ¿qué son las listas abiertas? ¿Cómo las vamos a implementar?

Cómo la mayoría de los comentaristas no concretan sus propuestas, me temo que tengo que hacerlo yo. Esto tiene el problema que los lectores me respondan que en realidad lo que ellos tienen en la cabeza cuando se habla de listas abiertas sea distinto. Bueno, pues díganme exactamente cómo querrían estructurar el sistema de listas abiertas y podremos discutirlo. Mientras tanto, me voy a ceñir a un sistema de listas abiertas como el que se emplea en otros países, como el que empleamos en el Senado en España o como el que tuvimos durante la II República.

Lo primero que tenemos que hacer es determinar la circunscripción electoral. Claramente, no puede ser una unidad que elija a un solo diputado, pues eso es el sistema mayoritario de toda la vida sobre el que ya he hablado largo y tendido (aquí y aquí). Las únicas alternativas plausibles serían o bien irse a circunscripciones pequeñas, por ejemplo, que elijan de unos 3 a 6 diputados o, como ahora, mantener las circunscripciones provinciales (en esta opción buena parte de las provincias elegirían, como ahora, a un número reducido de diputados). Irse a una circunscripción autonómica (al menos en las CC.AA. más grandes como Andalucía o Cataluña) o una nacional significaría que los electores tendrían que efectuar docenas de selecciones en sus papeletas electorales, lo que, encima de pesado, probablemente llevaría a que la gente llegase a la urna con la papeleta ya rellena que les da el partido para evitarse un dolor de cabeza monumental. Quizás se pudiera tener, como en la II República, un sistema mixto, donde lo normal es la circunscripción provincial (o quizás autonómica) pero con excepciones como los municipios de Madrid y Barcelona, que serían circunscripciones separadas.

Este aspecto del tamaño de las circunscripciones me importa menos porque no creo que tenga mucha repercusión en la práctica excepto al aumentar o disminuir la representación de partidos más pequeños. Lo único que merece la pena destacar es que los diputados deberían mantener una relación razonable con la población y no como el Senado en la actualidad, donde la mayoría de las provincias escoge a 4 senadores independientemente de su población (reliquia de cuando las cámaras altas representaban al territorio, es decir, a los grandes terratenientes).

Una vez que hemos determinado la unidad de elección de diputados, tendríamos que decidir cómo se vota y a cuántos diputados. Pongamos, por ejemplo, que la circunscripción sea de 6 diputados. Entonces un sistema sencillo sería simplemente que cada elector pudiese seleccionar a 4 candidatos y que los 6 candidatos que más votos tuviesen salieran elegidos.

¿Por qué solo 4? Bueno, si permitimos a los electores elegir a 6 candidatos, si un partido presenta a 6 candidatos y sus votantes no solo son mayoritarios sino que además mantienen la disciplina de voto (al menos una buena parte), el partido coparía todos los puestos, dejando nada a todas las demás minorías. Esto no sería más que un sistema super-mayoritario que exacerbaría los defectos de los sistemas mayoritarios puros sin ninguna ventaja aparente. Ya que le experiencia histórica es que en este tipo de sistemas la gran mayoría de los votantes se suelen ceñir a las instrucciones partidistas (para quien lo dude, miren ustedes las elecciones a nuestro senado), esta situación, lejos de ser una excepción sería la norma.

Pero incluso si limitásemos el voto a 4 diputados, la situación más corriente sería que el partido más votado tuviera 4 diputados y el segundo 2, sin que esto refleje muy bien el porcentaje de votos de los mismos (como ahora para el senado casi siempre es 3 y 1). Esto llevaría a mayorías muy sesgadas en el Congreso, grandes vuelcos de voto y paradojas como que el tener los votantes bien colocados o ser más disciplinados permitirían a las minorías ganar las elecciones.

Es decir, que en un mundo con disciplina de voto (que no significa nada más que la mayoría de la gente va con la papeleta ya rellena de casa que el partido le ha enviado por correo), el sistema de listas abiertas no ofrece ninguna ventaja con respecto a nuestro sistema actual y sí muchos inconvenientes.

Que la disciplina de voto se mantenga es, además de una observación empírica, consecuencia del sencillo hecho que en el mundo moderno, adquirir información es muy costoso. Averiguar si me gusta más o menos el cuarto o el quinto de la lista de mi partido tiene un coste significativo sin que puede implicar que el resultado cambie mucho ¿o sabría usted escoger entre el 12 y el 13 de la lista del PSOE por Madrid o de la lista del PP? (sí, ya se que ese argumento también se aplica al votar en general pero mientras que la “persuasión moral” probablemente lleve a muchos a votar, que es un coste menor, no creo que la misma fuera tan efectiva como para inducir un estudio detallado de los distintos candidatos, que es un coste mucho mayor, en especial cuando uno puede simplemente votar la “lista oficial” sin cambios).

El lector me podrá decir que la disciplina de voto se podría romper y que por tanto mis predicciones anteriores no se cumplirían. Aunque no creo que así ocurra, ¡en realidad sería incluso peor!

Hay varios argumentos de porque esto es así (manipulación de votaciones, fragmentación del Congreso, endogeneidad de candidatos) pero, por motivos de espacio, me voy a centrar en uno muy concreto. Si la gente empieza a votar sin disciplina lo más probable es que nos encontrásemos con problemas como los que atascaban a los partidos en la II República: los candidatos más radicales siempre robaban unos cuantos votos a los candidatos más moderados ya que era una manera para los votantes de darse un gusto “ideológico” sin sufrir demasiado las consecuencias. Si uno, por poner un ejemplo, es del partido mayoritario A por pragmatismo pero no por convicción (por ejemplo, por que en realidad sus preferencias son para el partido B, más “puro” ideológicamente), un sistema de listas abiertas le permite votar a casi todos los candidatos de A excepto a uno o dos de B. Esto conduciría a Congresos más radicalizados y con diputados que podrían montarse campañas basadas en propuestas populistas sabedores que siempre podrían tentar a muchos de los votantes de los partidos “más respetables” que les diesen un voto o dos. ¿Y qué ganamos con esto? Nada: simplemente diputados más irresponsables y mayor polarización. En vez de menos “partitocracia”, tenemos mas caos.

Mi lectura de las elecciones de la II República es que este efecto fue particularmente grave. La II República tenía muchos problemas (agrario, territorial, militar, económico) y las listas abiertas solo llevaron a partidos minoritarios y populistas y con propuestas absurdas a desplazar a partidos más moderados que intentaban propuestas más razonables pero más “aburridas”.

Existen, por supuesto, maneras alternativas de organizar las listas abiertas (por ejemplo, los puestos para cada partido se podrían asignar de manera proporcional pero dentro de la lista del partido seleccionar a los candidatos con más votos entre el partido en si mismo, como se hace en varios países del norte de Europa, o el de Irlanda) pero creo que, en buena medida, los argumentos anteriores se aplicarían de manera muy similar.

En resumen y después de pensarlo mucho, no veo que exista ninguna razón, ni teórica ni empírica, que sugiera que las listas abiertas no serían más que un desastre. Suenan muy bien, pero el diseño de instituciones tiene que estar basado en análisis más serio.

Los lectores más habituales de nuestro blog saben que he escrito recientemente sobre los sistemas electorales mayoritarios y este post se puede entender como una breve pausa en esta serie que presento como aperitivo para las elecciones. Pronto volveré al tema principal de mi exposición.

Hay 64 comentarios
  • En teoría, según el "milagro de la agregación", daría igual que los no informados votasen... siempre que sus creencias tuviesen una distribución aleatoria. El problema es cuando las creencias están sistemáticamente sesgadas hacia un lado. Yo me inclino más hacia la opción de las creencias sesgadas: basta con preguntarle a la gente acerca de las causas del paro; de hacerles caso, cerraríamos nuestras fronteras a cal y canto y prohibiríamos la mecanización.

    Aquí se discute dicho milagro de agregación:

    Philip Converse, “Popular Representation and the Distribution of Information,” in Information and Democratic Processes

  • Excelentes artículos sobre los diferentes sistemas electorales. Efectivamente, la ignorancia en España sobre el verdadero significado del funcionamiento de un sistema electoral de listas abiertas es enciclopédica. No solo bastantes periodistas desconocen los detalles. También bastantes politicos no tienen una idea clara de en qué consisten. Todavía hay más ignorancia sobre el sistema mayoritario británico, que como dice el autor en un post anterior, es quizá el más sencillo de entender por todos. Desde luego no hay que se catedrático de nada para entender lo "First past the post". Tampoco está claro que los jóvenes de #acampadasol tengan unas ideas nìtidas sobre los sistemas electorales cuando claman contra bipartidismo y algunos incluso sugieren que lo conveniente es votar a partidos pequeños. Los políticos, es obvio, no quieren hacerlo, pero quizá sería conveniente que en España alguien, como hace al autor del post, pedagogía sobre los diferentes sistemas electorales y las consecuencias de su aplicación. En el fondo y en la superficie, la utilización de uno u otro sistema electoral también tiene consecuencias económicas y muy impotantes. Al autor, a Jesús Fernández Villaverde le sugeriria que esbozara un análisis sobre el comportamiento polìtico y económico de varios países, relacionado con los sistemas electorales que han aplicado. Supongo que habrá alguna relación, sobre todo de estabilidad. No creo que sea casual que Estados Unidos mantenga el mismo sistema -incluidas las peculiaridades de sus distritos- desde hace tanto tiempo. Lo mismo que el Reino Unido.
    Muchas gracias

  • Como decía antes, el debate de las listas abiertas puede ser muy interesante desde un punto de vista académico, pero creo que no responde a las demandas de la sociedad actual.

    La clase política puede vivir totalmente de espaldas a la sociedad, recoger sus votos cada 4 años, ya que el sistema electoral garantiza que saldrá elegido uno de los dos partidos mayoritarios...y seguir otros 4 años de espaldas a su "supuesto" electorado, sirviendo al interés del capital. ¿Que importancia tiene en la práctica que una formación tenga todos los representantes de una circunscripción, la mitad o ninguno (que es lo que puede variar con los distintos sistemas propuestos), si salgan los que salgan, van a ignorar los intereses del votante?

    El único país que hasta ahora ha conseguido dar un paso adelante es Islandia. Veremos lo que tardamos aquí.

  • Hola Jesús,
    Muy interesante el post y la discusión. Ningún sistema es perfecto, pero sí creo que sería un paso en la dirección correcta si los electores pudiesen eligir su candidato favorito. Tu menciones el ejemplo de Holanda. Es cierto que la mayoría de los votantes en Holanda eligen simplemente el numero uno de la lista ("lijsttrekker"). Pero en las ultimas elecciones generales había 32 candidatos (sobre un total de 150 escaños) con suficientes votos ("voorkeutemmen") para entrar en el parlamento. Al final no tiene un efecto notable sobre la composición del parlamento dado que muchos de ellos hubieron entrado igualmente con los votos de su partido. Pero estos voorkeutemmen sí tienen efectos muy positivos sobre la democracia interna de los partidos.
    La disciplina de voto es mucho menor dado que casi 1 de cada 5 parlamentarios se han ganado su propio escaño. Segundo, el sistema incita a los políticos de retar el poder de sus leaderes de partido - algo impensable en España si quieres llegar a ocupar un escaño – y de ganar visibilidad con la elaboración de propuestas propias. Por último me atrevería a decir que este sistema algo más abierto (perdonad la imprecisión en el lenguaje) ha contribuido a que los partidos políticos en Holanda se hayan comprometido voluntariamente a renovar 1/3 de sus candidatos cada 4 años, y que muchos de los nuevos candidatos no hayan ocupado nunca ningún cargo en el partido. Pero tienes razón. Ningún sistema es perfecto. Dos de los políticos más populistas, Rita Verdonk and Geert Wilders, son de alguna forma fruto de este sistema. Los dos rompieron con su partido después de obtener excelentes resultados personales con propuestas extremas.

  • No estoy muy de acuerdo con lo que cuenta aquí Fernández-Villaverde.

    Primero, si tienes libertad para elegir la responsabilidad es tuya. Esto de limitar la libertad de la gente por su propio bien es un argumento desconcertante.

    Segundo, emplear la II República como ejemplo del desastre a que puede conducir un sistema de listas abiertas es un disparate, por dos motivos. Uno, porque hay países con sistemas de listas abiertas en los que la radicalización y corrupción generalizada no están tan desatados como aquí, con listas cerradas. Dos, porque atribuir a las listas abiertas la descomposición y radicalización de la II República resulta desconcertante, si consideramos la naturaleza revolucionaria y radical de algunos de los grandes partidos (por ejemplo, el PSOE de la época), o el matonismo gansteril de muchos de los dirigentes de estos partidos. Que las listas abiertas no sirvieron entonces para colocar a líderes moderados al frente de partidos revolucionarios radicales (digamos, a Besteiro en vez de Caballero) es evidente, pero resulta sorprendente pensar siquiera que hubiera sido posible.

  • Ruben

    La agregacion de preferencias sociales es imposible: es el teorema de Arrow. Te podra gustar mas o menos pero es un hecho de la vida. Condicional en ello, tenemos que escoger, de entre todos los sistemas, el que menos mal agrega las preferencias dados unos objetivos. No es una cuestion de limitar la libertad de nadie. Es una cuestion de decidir buenas instituciones. Y las listas abiertas, por muy bien que suenen, no lo son: solo llevan al caos y a la demagogia.

  • Jesús,

    las listas abiertas sólo llevan al caos y la demagogia, como demuestran no el teorema de Arrow, sino la terrible situación por la que pasan los países que tienen listas abiertas en sus sistemas electorales, y la II República.

    Sinceramente, el conjunto de la argumentación de esta entrada sobre listas abiertas me parece muy feble. Hay muchas variables en el modelo, además del carácter abierto o cerrado de las listas (que admite varias posibilidades además). Imputar un resultado de caos y demagogia a esta variable en particular me parece disparatado. Imputar incluso un efecto positivo y significativo a las listas abiertas sobre la demagogia y el caos puede requerir algo más que el teorema de Arrow.

  • Ruben:

    Por favor: lee mis comentarios con mas cuidado. Yo he invocado, de manera bastante clara, el teorema de Arrow para argumentar que TODOS los sistemas electorales son malos y que por tanto nuestra labor es seleccionar el menos malo entre los existentes. La evidencia empirica sobre las listas abiertas es bastante incontrovertible: o bien son irrelevantes (Holanda, como ayer comprobé hablando con un experto sobre el sistema electoral holandés, Senado en España) o son la causa de muchos problemas (la II republica como coincide todos aquellos que han mirado el tema con detalle).
    A menos que pongas encima de la mesa o un modelo teorico o evidencia empirica que las listas abiertas funcionan mejor que las alternativas, me temo que no tienes mucho mas que decir.

  • He leido con mucha atención el artículosobre listas abiertas. Es un tema sobre el que he reflexionado mucho tiempo, a raiz de mi afición por la historia, y estoy completamente conforme. Añadiría en este sentido el "cacao mental" de quien defiende las listas abiertas y un sistema de mayor proporcionalidad , incluso la circunscripción única nacional. Por su propia naturaleza, el sistema de listas abiertas conduce a sistemas mayoritarios, esto es, que priman los resultdos de quien ha tenido más votos. La corrección de este resultado es, como su nombre indica, un " apaño" que no resuelve la proporcionalidad. Es asombroso como al intentar explicar este hecho mucho gente tiene tan arraigada la idea de las "listas abiertas", que termina no dando la razón con frases como: " ya se encontraría una solución", pero sin aportarla. La experiencia de la II República en España es muy importante , pero claro, el 99% de los que opinen sobre esto en foros o acampados en la calle desconoce dicho sistema electoral y sus perniciosas oonsecuencias; que una pequeña variación de voto suponía un cambio radical en la composición del Congreso. Los que ponen como ejemplo USA o R.U., sobre el conocimiento del candidato olvidan que no existe proporcionalidad en aquellas elecciones ( y en ocasiones el voto es también producto del arrastre del propio partido o lider )

  • Creo que en la mayor parte del argumento se ha confundido "listas abiertas" y "sistema de voto mayoritario" que es lo que define al actual Senado.
    Como se dice en la parte final del post, hay procedimientos usados al norte (muy complicado, eso sí) para combinar listas abiertas y sistema proporcional.
    En todo caso, si se pasase al sistema de listas abiertas y sistema de voto mayoritario, yo optaria por un sistema parecido al frances: circunscripción unipersonal, pero con doble vuelta.
    Permite a los "independientes locales" una opción. En sitios como Córdoba o en las "históricas" hay sitio para "terceros" ...
    El mayor problema que veo son los casos Le Pen o Gil: poderes fácticos locales.

  • Buenas noches. A raíz de la lectura del post, me he ilustrado sobre el sistema Sistema de Voto Transferible y me ha parecido neutral y equilibrado, valga el pleonasmo, entre la proporcionalidad y la 'apertura'.
    Por otra parte, parece que los principales inconvenientes serían: 1) la complicación para el votante, 2) el oportunismo de los extremistas.
    Sobre el primer aspecto, ninguno parece tener en mente la técnica: votar eligiendo preferencias no es más difícil (salvo discapacitados, y ni eso) que sacar dinero en un cajero automático (no digamos votar a través del móvil, ipad o cualquier vaina). El sistema actual coexistiría para los inadaptados, con un coste menor de escrutinio al haber muchos que optarían por el medio on line, que se cuenta sólo.
    En cuanto al aprovechamiento espurio no está tan claro, si se parte de listas de partidos. Puede ser que algún estrambote consiga ganar un escaño (toda sociedad tiene su alicuota estrambótica así representada), pero ya me gustaría ver a los candidatos pugnar, y a los partidos filtrar adecuadamente sus nombres a las listas para intentar componer el segundo filtro del libre voto preferente.
    Bolaño.

  • Totalmente de acuerdo en cuanto a la enorme desinformación reinante acerca de los sistemas electorales. Aunque no creo que desde un sector mayoritario exista un gran interés por aclarar las ideas al grueso del electorado, al fin y al cabo el sistema español se perpetúa bajo la ley D'Hont y los partidos favorecidos se acomodan en el reparto de poder que resulta, evidentemente injusto para el resto.
    En cuanto al discurso de relativizar el sistema de listas abiertas, hasta el punto de quitarle el sentido por el hecho de que la composición en el parlamento sería prácticamente igual, soy de la misma opinión que Jansesn, lo verdaderamente importante del sistema de listas abiertas es el efecto de mejora de la democracia interna de los partidos. Con el sistema actual se perpetúa la obediencia obligada incluso en los casos en los que existe pluralidad de opinión dentro de un partido y es algo que, sin lugar a dudas, lo convierte en un sistema menos democrático.

  • Soy de Uruguay y tenemos una partidocracia. Los dos partidos tradicionales tienen 170 años de existencia, y el hoy gobernante tiene 38. El cuarto y el quinto partido no tienen más de diez años. Pero los tres primeros están enraizados en las familias. Adoro esta partidocracia. Permite que la gente sepa qué está votando - en otros países altinoamericanos cada elección los partidos y los candidatos cambian por completo, o sea un caos total. Acá todo el mundo sabe qué piensa tal o cual.

    Lo que nos diferencia es que nuestros partidos tienen sectores. Los blancos y los colorados tienen unos pocos, aproximadamente dos y tres según dónde se trace la línea. Los frenteamplistas tienen una decena. Y en cada elección parlamentaria, cada sector tiene su lista propia. Así que los electores tienen mucho que elegir, son cientos de listas distintas. Pero como son cerradas, hay cierta coherencia interna y se evitan personalismos. Siempre hay líderes, pero los sectores funcionan en conjunto, bien lejos del individualismo que generan las listas abiertas.

  • Amigo, yo defiendo las lsitas cerradas desbloqueadas. No las lsitas abiertas, por una razón muy simple: es un sinsentido votar candidatos de distintos partidos. O tu programa favorito es el del aprtido A, o el de B, o el de C... no tiene sentido votar a uno de A uno de B y otro de C. Las listas abiertas son en realidad un sistema amyoritario.

    Yo prefiero un sisitema proporcional. otra cosa es desbloquear las listas, para que a la vez que votas un partido elijas a un candidato de dicha lista. así en vez de osupar los escaños correspondientes los primeros de cada lista, los ocupan los más votados. Es como celebrar primarias a la par que elecciones (dejando votar a atodos los votantes del partido, no sólo a afiliados). No se distorisona la proporción y se gana democracia. Se junta lo bueno de las listas cerradas y lo bueno de la slistas abiertas. Se llma listas desbloqueadas o semiabiertas.

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