Robert Fogel

Este año 2013 parece ser cruel con muchos de los economistas más distinguidos. Si en enero nos dejaba y en febrero , ayer nos llegaba la noticia, por correo del NBER, de que acaba de fallecer.

En los dos primeros casos me quedé con ganas de escribir algo (sobre todo de Alchian, al que creo que fue una pena que nunca le diesen el Nobel), pero otros quehaceres me lo impidieron. Con Fogel, dado mis amores a la historia económica, no puedo resistirme y, a riesgo de desatar las iras de mis coautores que esperan que arrime el hombro a nuestros proyectos conjuntos, voy a robar unos minutos al sueño de esta noche para hablar de sus contribuciones.

Como quizás mucho de los lectores de este blog que hayan estudiado económicas o empresa, mi o inicial con Fogel fue en el primer año de carrera, en historia económica. La profesora que nos enseñaba la asignatura era la suficientemente mala como para despertar la curiosidad de aprender por cuenta de uno y sus comentarios negativos sobre la cliometría y sobre Fogel en particular me hicieron pensar: “si a esta señora no le gusta Fogel, es evidente que hay que leer sus libros”. Así que ni corto ni perezoso y aprovechando la ventaja de tener algo de dinero ahorrado, me bajé a la librería de la universidad (pues estaba en un sótano) y me agencié una copia de “”, quizás su libro más famoso, escrito con Stan Engerman y traducido (parcialmente, sin los apéndices) al castellano por Siglo XXI.

La lectura de “Time on the Cross” influyó mucho mi forma de entender la historia y en particular la interacción entre la teoría económica y la evidencia histórica. Aunque quizás algún día tenga más rato para escribir sobre ello con más calma, desde aquel entonces he estado convencido de la utilidad imprescindible de un marco analítico formal para entender esa evidencia a la que me refería anteriormente y de los problemas de los enfoques aparentemente más “pragmáticos” de dejar que los “datos hablen pos si solos” pero que únicamente esconden las hipótesis y dificultan la discusión explícita de las mismas. No fue por ello un accidente que al llegar a Minnesota en 1996 uno de los primeros libros que me comprase fuera la versión original de “Time on the Cross”.

Pero olvidémonos por un momento del aspecto metodológico y repasemos las contribuciones concretas de “Time on the Cross”. El libro tiene dos hipótesis centrales. La primera, que como argumentaré en un momento, es la más importante, es que la esclavitud no estaba en decadencia en 1861 en EE.UU. Al contrario, las plantaciones de algodón era, en general, rentables, estaban relativamente bien gestionadas, y no había señales que el sistema no pudiera continuar por un tiempo indefinido. La segunda hipótesis es que los esclavos de las plantaciones estaban mejor tratados de lo que se solía pensar, no por motivo de la “bondad” de los dueños -que no tenían el más mínimo problema en azotar a los esclavos cuando hiciera falta- sino por una mera cuestión de pragmatismo: un esclavo destrozado a latigazos o medio muerto de hambre no es un esclavo productivo.

Como a los medios de comunicación y a no pocos académicos que no tienen nada más inteligente que decir les encanta sacar las cosas fuera de contexto esta segunda hipótesis sirvió a muchos para acusar a Engerman y a Fogel de todas las maldades habidas y por haber y más en concreto de ser racistas. Esto no dejaba de ser gracioso pues la mujer de Fogel era negra y se habían casado en una época en que los matrimonios interraciales eran o ilegales en muchos estados o mal vistos en los demás (cuando quiero recordarles a mis estudiantes el nivel de racismo existente en la sociedad americana siempre les explico que cuando los padres de Obama se pusieron manos a la obra en tener un niño, ese acto era ilegal en buena parte de los estados de la unión y que en Alabama la prohibición estaba en el código hasta 2000, aunque no era aplicable desde ). A Fogel no le importó en exceso pues no solo había sido miembro del Partido Comunista en su juventud sino que había sido nada menos que el encargado de asegurar la “ortodoxia stalinista” de los escritos de economía que salían de los afiliados (no fuera que obedeciesen las reglas de la aritmética y, no sé, firmasen el informe sobre sostenibilidad de las pensiones), así que de puñaladas traperas y de tergiversar las palabras de otros se las sabía todas.

Y es que Fogel entendía que, como he aventurado antes, la primera hipótesis era más importante: que la esclavitud era rentable y no estaba en decadencia. Esto rompía un curioso consenso historiográfico que existía en Estados Unidos al menos desde : que la esclavitud era ineficiente. Esta hipótesis era cómoda tanto para los partidarios de la emancipación (como la esclavitud era moralmente reprensible, también habría de ser económicamente un fracaso) como a los apologistas del sur, como el propio Phillips (la esclavitud hubiese desaparecido por si misma sin necesidad de una guerra y los dueños de las plantaciones lo eran más por tradición que por motivos económicos) y había dominado del discurso académico y popular (donde, tristemente, sigue muy presente, la historia a lo "Cesar Vidal" aparece en todos sitios). Aunque siempre hubo críticos de la misma (como , un historiador con una vida interesantísima del que merecería la pena hablar en más detalle algún día, o John Meyer, sobre que escribí aquí), fueron Engerman y Fogel los que cambiaron radicalmente los parámetros del debate y hoy pocos niegan la importancia de Lincoln, de la guerra civil, y como siempre repite , de los propios esclavos en una lucha por su libertad en acabar con esta horrible institución de una vez por todas.

Bueno, resisto la tentación de extenderme más y me voy a la cama, no sin antes coger mi copia de “Time on the Cross” para releer algunas páginas antes de dormirme.

Hay 9 comentarios
  • Muchas gracias por esta entrada tan interesante. Despierta la curiosidad. Una pena que no sean mas frecuentes (entiendo que el tiempo es limitado) y mucho mas extensas!

  • Una gran pérdida. También merece la pena leer su análisis sobre la rentabilidad de los ferrocarriles americanos.
    Es una aplicación deliciosa de la diferencia entre ganancias marginales y absolutas de una tecnología. Si los ferrocarriles eran infinitesimalmente más eficientes que los medios de transporte alternativos, terminarían por copar todo el mercado pero generarían ganancias de bienestar ínfimas.
    Más de un político debería estudiarlo!!

  • Un post muy interesante- si bien la referencia a las pensiones parece fuera de lugar- que descubre, a mí por lo menos, aspectos desconocidos de la vida de Fogel, a quien siempre he considerado un economista neoclásico. Uno de sus mejores libros, en mi opinión es:

    Saludos.

  • Enhorabuena por una excelente entrada. Muchos economistas sabemos menos de historia económica de lo que deberíamos y, de forma más general, sobre la perspectiva histórica en los estudios económicos. Y lo que es peor, a veces ni nos damos cuenta de ello, lo que tiene consecuencias lamentables en la valoración de la disciplina en aspectos importantes (planes de estudio, contratación, financiación y demás). Espero que entradas como esta y otras que ha escrito Jesús ayuden a corregir este problema.
    Es muy interesante también la crítica que hace de las "hipótesis cómodas". Me pregunto hasta qué punto este tipo de mecanismo está presente en cuestiones tan diversas como los análisis de la discriminación, de los costes y beneficios de la independencia para Cataluña o de la eficacia de la pena de muerte.

  • Magnífico artículo, muy interesante y al mismo tiempo precioso. Gracias por aportarnos curiosidades. Queda claro que los dueños de las plantaciones no eran bondadosos, sino buscaban la efectividad de los esclavos. Me ha gustado mucho su Historia, Señor Fernández- Villaverde, contada con una naturalidad virtuosa.

    Seré un tanto reiterativa, pero debo decir, que la manera de contar todos vosotros los artículos, la forma en cómo tratáis siempre de responder a los comentarios, con esa forma tan natural, sencilla, sin presumir de nada, permítanme que les vuelva a felicitar a todos, por la VIRTUD QUE DEMOSTRÁIS, por vuestra amabilidad, anteponéis antes vuestra personalidad a la del conocimiento. El conocimiento ya lo demostráis y es gigantesco en Ustedes, pero les admiro más por vuestra personalidad, sencillez, naturalidad, amabilidad e inteligencia...¿ de qué sirve un gran profesional si no es sencillo, verdad ?, al menos es lo que pienso yo, puedo estar confundida.

    Pero si hay dos grandes profesionales, siempre me inclino al que es más modesto en su comportamiento, me da más fiabilidad que las personas vanidosas.

    ¿ Puedo sugerir algo, si me lo permiten ?...Que nunca cambiéis de personalidad...

    Gracias y Saludos para todos.

  • La hipótesis de la ineficiencia económica de la esclavitud fue popularizada por Tocqueville, que la recoge y argumenta "Democracia en América". Su argumento sigue siendo robusto: los estados en los dos lados de la línea (el tomaba Kentucky e Illinois como ejemplo) solian tener grados de desarrollo diferente a favor del Norte (no soy un experto, pero en materia de observaciones casuales me fio de Tocqueville ¿hago bien?).

    Otra cosa muy ditinta es deducir que de la ineficiencia de la esclavitud pudiese deducirse su insostenibilidad. Eso ya es pura historia whig.

    • Bueno, aqui tengo que resaltar la contribucion del fundador de mi universidad: Franklin, que ya argumento sobre la ineficiencia de la esclavitud en 1751 ().

      En todo caso, Franklin tuvo siempre una actitud un tanto compleja sobre la esclavitud:

      por Gary Nash ()

  • Puede ser eficiente en algunos sectores, pero el desarrollo económico del Norte era indiscutiblemente superior al del Sur. Y el efecto era significativo en la frontera, lo que indica causalidad.

    Lo que no significa que la esclavitud no fuese un gran negocio para quienes la ejercían. Que Mexico sea menos desarrollado que USA por culpa de la corrupción no significa que la corrupción en Maxico no sea un gran negocio.

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