Una Visita a Madrid V: Olivares, los Vasa y el Báltico

Concluyo con esta mi relato de mi viaje a Madrid y lo hago hablando de un libro que me compré, de tema aparentemente oscuro pero de importancia. Ojeando por , que es mi librería favorita de estas cosas, no pudo sino llamarme la atención un libro de un historiador polaco, Ryszard Skowron: .
Las razones eran sencillas. En primer lugar porque Polonia siempre ha sido gran tierra de historiadores (todavía me acuerdo de las discusiones sobre y el feudalismo en historia económica de primero de la carrera, justo después de , y el ). En segundo lugar por estar publicado en Varsovia con una subvención de la Universidad de Silesia (¡anda, qué si el pobre Federico el Grande levantase la cabeza!, ¡con lo qué costo ganar Silesia!). En tercer lugar, porque poco sabía yo de los vaticinios de Olivares con los y con Polonia en general.
Esto parece que se nos va de la economía pero en realidad no, ya que buena parte del libro es de historia económica. El interés de Olivares por Polonia era doble: uno, como nación Católica, era aliado natural en las guerras en Alemania y contra los otomanos. En segundo, porque era un instrumento clave en la lucha económica contra los Holandeses, que basaban buena parte de su prosperidad en el comercio en el Báltico. Para llevar la guerra al terreno económico, la Monarquía Hispana creó el Almirantazgo de los Países Septentrionales en 1624 cuyo cometido fundamental era la intensificación del comercio de la península con el Mar del Norte y el Mar Báltico y con ello expulsar a los holandeses de su mercado. Vamos, que uno puede hacer política comercial a golpe de competitividad o a golpe de cañonazo. Más ambicioso aún era la idea de dominar todo el mar Báltico y convertirlo en un mare nostrum Habsburgo para lo cual se quiso invadir Suecia y se creó una flota conjunta hispano-polaca (la verdad es que jamás se me habría ocurrido pensar que España nunca tuviese planes concretos de invadir Suecia, pero oye, puestos a ello, también Felipe II hizo ).
Lo que más me chocó de todo esto es, sin embargo, es que buena parte de todo este diseño del Conde-Duque es que estuvo basado en las ideas que le pasaron los arbitristas, que eran los economistas de la época. Vamos, que pone usted un economista a maquinar política y, en un abrir y cerrar de ojos, le quiere invadir Escandinavia (por cierto, hablando de suecos, el día 12 alegría o tristeza desde Estocolmo según el gusto de cada uno).
Si alguno está interesado en cuando la política exterior de España era importante y sus interrelaciones con el comercio internacional, este es un libro que le hace a uno disfrutar.

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