¿Para qué sirve el control de concentraciones empresariales? Reflexiones al hilo de las recientes adquisiciones de Telecinco. (de Francisco Marcos, Profesor de IE Law School)

(Francisco Marcos,  Profesor de IE Law School ([email protected]) , nos manda esta interesante entrada sobre las recientes fusiones audiovisuales)

El Derecho de defensa de la competencia, tanto nacional como comunitario, encarga a las autoridades vigilar aquellas fusiones y adquisiciones de empresas que puedan obstaculizar el mantenimiento de una competencia efectiva en el mercado.  Mediante un sistema de notificación y un procedimiento administrativo reglado se busca evitar que esas operaciones puedan atenuar gravemente el funcionamiento competitivo de los mercados. Pero la reciente intervención de la Comisión Nacional de Competencia (CNC) en dos operaciones de concentración en los mercados españoles de la televisión privada (en abierto y de pago) es una ilustración clara de la decepción y frustración a que puede conducir el control administrativo de las concentraciones empresariales y de su dudosa contribución al mantenimiento de una competencia efectiva en los mercados.

En la primera operación, televisión en abierto, la CNC ha autorizado la toma de control de Cuatro por Telecinco, asumiendo algunos compromisos de comportamiento de esta última. Sin detenerse en el análisis del sentido y la eficacia de cada uno de los compromisos adquiridos, que buscan reducir el excesivo poder de Telecinco en los mercados afectados, a resultas de la misma Telecinco tiene una posición de dominio en ese mercado: controla casi el 50% del mercado de la publicidad televisiva y adquiere una posición reforzada como demandante en el mercado de contenidos audiovisuales (películas, series y eventos deportivos). Ciertamente, los compromisos asumidos por Telecinco buscan limitar que ejerza el poder y la influencia que la adquisición de Cuatro le confiere, en lo que probablemente constituirían supuestos de abuso de posición de dominio. Precisamente por eso es muy discutible que el control de concertaciones haya servido para preservar la competencia efectiva en los mercados afectados.

En la segunda operación (televisión de pago), la adquisición por Telecinco y Telefónica de una participación muy significativa en el capital de Digital + (un 22% cada una de ellas) ha quedado finalmente indemne del control de concentraciones, una vez que las adquirentes han renunciado a los acuerdos que les permitían ejercer una “influencia decisiva” en Digital+ (derechos de veto sobre decisiones estratégicas como su plan de negocios o su presupuesto anual, así como la capacidad de condicionar el nombramiento de sus directivos). Es verdad que, formalmente, una vez eliminados esos pactos, Prisa mantiene el control exclusivo de Digital+, pero parece plausible entender que, incluso sin ellos, las adquirentes podrán ejercer una “influencia decisiva” en Digital+. Sin ir más lejos, en un supuesto análogo, así lo consideró en 2007 la Comisión de Competencia británica al estimar que una participación del 17,9% del operador de televisión de pago BSkyB en el capital del operador de televisión privada ITV le otorgaba una influencia material en su competidor que era inadmisible para el mantenimiento de una competencia efectiva en el mercado.

En efecto, las adquisiciones de Telecinco y Telefónica son estratégicas -no meras inversiones financieras- y es realista considerar que a la postre tendrán una efecto una competencia efectiva en el mercado de la televisión de pago. Los adquirentes no buscan otra cosa. Sabido es que Telefónica opera Imagenio, uno de los principales competidores de Digital+; por otro lado, Telecinco desembarca en un mercado en el que no participaba con anterioridad en España y en el que cabe descartar lo haga como competidor autónomo en el futuro (aunque su grupo gestiona el segundo operador televisión de pago en Italia, Mediaset Premium), fortaleciendo además su posición en el mercado de adquisición de contenidos audiovisuales.

La propia actuación de Telecinco con posterioridad a la intervención de las autoridades de competencia parece acreditar que el control de concentraciones puede no haber cumplido sus objetivos. Estos días Telecinco anuncia la suscripción de sus acciones en el aumento de capital destinado a sufragar las anteriores operaciones como la inversión en el principal grupo de televisión privada en España (incluyendo Telecinco, Cuatro y Digital+).

¿Alguien en su sano juicio puede creer que la competencia efectiva en los mercados de televisión privada no se verá limitada como consecuencia de las adquisiciones de Telecinco (y Telefónica)? La verdad es que visto el magro resultado del control administrativo de estas operaciones, quizá deba cuestionarse su oportunidad en casos como este. No tiene mucho sentido el empleo de la ingente cantidad de recursos privados y públicos que estos procedimientos requieren si el resultado final es alcanzar una situación tan poco conducente a la libre competencia en los mercados.

Hay 4 comentarios
  • Buenos días.

    Excelente y muy oportuno comentario.
    Ilustra perfectamente la dinámica imparable de los procesos de oligopolización en un subsector importante de nuestra economía, el de la Comunicación y lo próximos y bien alineados que están estratégicamente los intereses de las organizaciones económicas y políticas. Irreprochable desde la perspectiva de la racionalidad, nefasto socialmente para el conjunto.

    Hace un par de días uno de los artículos (o comentarios, no recuerdo) trajo el link de la presentación de un libro de Castells en la Complu.
    Recomiendo vivamente que se "pierda" media horita viendo la Introducción que hace el autor (de los minutos 20 a 50). Castells es un icono intelectual de la izquierda y de la ilustración jacobina que brilla con bastante mérito y razón. Muchas más luces que sombras.

    Este libro recoge --para divulgar e integrar en su cosmología de avezado politólogo-- los descubrimientos de los últimos años de la neoropaleontología. Esencialmente para dar una imagen concisa y actual del papel de la Comunicación (y de la concentración económico-política de esta actividad).

    Uno de sus "opening statements" dice lo siguiente: "Quien tiene el poder, organiza las reglas del juego" y sigue: "No son el mercado, ni los mercados, ni la tecnología, ni la cultura los que rigen la actividad social. Es el poder quien establece las reglas, las tecnologías, la cultura y las normas que precisa en su propio interés". A seguir define todas las luchas por el poder como eventos que se desarrollan en las mentes de los individuos a través de los medios de comunicación.

    Quizás diremos que ya lo sabíamos o que lo sospechábamos. Pero es que dentro de nada esto va a ser un axioma de primero de bachiller para todas las ciencias y entonces, quizás tendremos que explicarnos a nosotros mismos por qué no hicimos algo al respecto.
    El artículo es plenamente coherente con esta visión.

    Saludos.

  • ¿Y qué me dices de la electricidad, gas, agua, carburantes, etc? Tengo muy claro que la CNC no es más que una fachada para dar un barniz de legalidad a los desmanes de las compañías que impiden la competencia. Son cárteles auténticos; sin ningún tipo de pudor a la hora de cometer infracciones, sabedores de que el pago de la multa es menor que el beneficio de conculcar la ley. Encima, cuentan con la pasividad o inhibición del gobierno en el poder sin establecer distinciones de izquierda o derecha.

    El desastre es el enorme perjuicio económico que acarrea para el estado y los ciudadanos. Llevamos muchos años así y nadie le pone coto.

  • La cuestión es que a los gobiernos de España, color aparte, les emociona que las televisiones les deban favores, porque les emociona aún más cobrárselos (bueno, en el caso de Aznar sólo intentar cobrárselos)

  • Gracias por el artículo Luis.

    Creo que el mercado que estás comentando es solo una parte de otro mucho más intervenido. la televisión pública y las televisiones autonómicas son tan determinantes para el resto de televisiones que mirar una compra o una adquisición de un porcentaje accionarial con perspectiva de competencia es, en el mejor de los casos, frustrante.

    Mientras las televisiones públicas sigan compitiendo por la audiencia, no se puede aspirar a que el mercado de las televisiones sea minimamente competitivo. Y que el gobierno pida a la CNC valoración y determinación en un mercado tan intervenido parece de chiste.

    Saludos

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