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El documento de INET sobre la crisis del Euro, traducido

(Hemos encargado una traducción (imperfecta) al español el  un grupo de economistas europeos y que Guillermo de la Dehesa describió , y yo aquí en Drugevijesti y  en El País de hoy. El documento es mucho más largo que un  post normal, pero lo colgamos para facilitar su acceso. No he podido mantener del todo la numeración y formateo del documento inicial. )

                                       CONSEJO INET SOBRE LA CRISIS DEL ÁREA EURO

 

Abandonar el punto muerto: Un camino para salir de la crisis

23 de julio de 2012

Resumen

Es todavía posible encontrar una salida económica y política a la crisis en el área euro  siempre y cuando los políticos que toman las decisiones traten de solucionar sus dos problemas básicos por separado: primero, resolviendo la herencia de los costes derivados del diseño inicial imperfecto del área euro y, segundo, arreglando sus fallos y mejorando su diseño. Esto requiere, por un lado, compartir buena parte de los costes del problema heredado y desarrollar una estrategia económica que se enfoque en estabilizar aquellos países que están sufriendo recesión y fuga de capitales y, por otro lado, arreglar y mejorar dicho diseño, lo que requiere a su vez: una unión financiera y  bancaria,  instituciones más fuertes en el área euro y  un mínimo pero suficiente respaldo fiscal.

I.        El euro se desliza hacia su ruptura lo que conllevaría costes incalculables

1. Creemos que, desde Julio de 2012, el área euro camina, sonámbula, hacia un desastre de incalculables proporciones. En las últimas semanas, la situación de los países deudores se ha deteriorado dramáticamente. La sensación de una crisis que nunca se acaba, con fichas de dominó cayendo una tras del otra, tiene que ser detenida y revertida. La última ficha, España, se encuentra a días de una crisis de liquidez, tal como lo ha indica su ministro de finanzas. Esta situación dramática es el resultado de una construcción del sistema que ha regido hasta ahora el área euro, que tal como está diseñado, ha hecho bancarrota. Este fallo sistémico desató el  boom de flujos de capital y de crédito a varios países miembros y cuando aquel boom explotó ha causado secuelas muy negativas para ellos. Este grave problema es responsabilidad de todas las naciones europeas que tomaron parte en tan imperfecto diseño, en su construcción y en su aplicación y ahora deben todas contribuir a su solución. Esto no significa que los costes de la crisis deban ser socializados entre los ciudadanos del área euro: dicho fallo sistémico no exime de responsabilidades a aquellos individuos, bancos y supervisores que tomaron o vigilaron las decisiones de prestar y de endeudarse en exceso. Pero si significa que buena parte del duro castigo que los mercados infringen actualmente a países específicos, puede ser también reflejo de la insuficiencia de la responsabilidad nacional y que una respuesta exitosa a la crisis debe ser colectiva, encarnando la idea de una responsabilidad compartida entre todos los países del área euro. La falta de una respuesta colectiva y constructiva hará que el euro se desintegre.

2. Los líderes europeos reconocen la necesidad de una respuesta colectiva. Sin embargo, desde hace varios meses, el área euro sigue caminando hacia su ruptura, a pesar de las incalculables pérdidas económicas y el sufrimiento humano que esto implica. Su causa es la incapacidad de que los países con superávit y déficit lleguen a un acuerdo para poner en marcha un plan de acción que de confianza a los mercados financieros y, al mismo tiempo, satisfaga las necesidades y preocupaciones de los ciudadanos de ambos grupos de países. Las recesiones, cada vez más profundas y el creciente desempleo que generan están desmantelando el tejido social en los países deudores causándoles un sufrimiento humano enorme pero evitable. Aliviar dicho sufrimiento debe de ser la primera prioridad de los líderes políticos del área euro. Además, en los países con déficits la idea de que no existe una solución a la vista socava el apoyo público  a un ajuste fiscal y a las reformas estructurales, alimentando la fuga de capitales.  Al mismo tiempo, la demanda de garantías crecientes relacionadas con la crisis de los países con déficit y la idea de que las reformas en sus países con déficit  solo tendrán éxito bajo presión, está socavando el apoyo público en los países con superávit a dar una respuesta inmediata a la crisis de los países con déficit. Es decir, la fatiga creciente frente al ajuste en estos últimos coincide con la fatiga creciente frente al apoyo en los que tienen superávit.

3. Solucionar la actual crisis no es un juego de suma cero. Por el contrario, es una opción en la que todos ganan, tanto acreedores como deudores. [1]  Las pérdidas económicas y políticas que una ruptura del euro traería  consigo, serían muy probablemente de una magnitud mucho mayor que las transferencias potenciales que se requieren para solucionar los problemas derivados del legado. Sin embargo, la falta de confianza entre los acreedores y deudores les impide llegar a soluciones que les beneficien mutuamente. Por ejemplo, si los países con déficit, pudieran comprometerse realmente  a las normativas fiscales que permitan disminuir  a largo plazo la proporción de su deuda nacional en proporción de su PIB a niveles racionales, entonces, los países con superávit tendrían una mínima objeción  a concederles nuevos préstamos a corto plazo para apoyar  sus políticas fiscales contra-cíclicas, dado que estos préstamos adicionales  serían condicionados a que pudieran ser pagados. El problema es que resulta difícil para los países con déficit  tomar compromisos a largo plazo de mantener una política fiscal prudente ya que obligaría a sus votantes futuros y a sus futuras elecciones. Lo que se necesita para resolver este problema son formas creativas que puedan conseguir un apoyo en cantidades consideradas suficientes, a cambio de garantías y condiciones consideradas como justas por los  votantes de los países deudores y como creíbles por los votantes de los países acreedores y por los mercados financieros.

4. Aunque están dándose pasos en la dirección correcta, las medidas anunciadas por los líderes políticos del área euro del 29 de junio y del 9 de julio no llegaron a traspasar dicho umbral. Acordar un calendario para crear un único supervisor bancario en el área euro y, consecuentemente, permitir la recapitalización directa por el MEDE (ESM) ayudaría a abordar parte de los fallos de diseño del área euro y a dar una respuesta a la crisis. Sin embargo, la Cumbre no presentó un plan convincente para detener la espiral de deterioro económico en los países con déficit. Establecer solamente techos  a los rendimientos de los bonos, basados únicamente en los recursos existentes del MEDE (ESM) y proyectos de inversión financiados en gran parte por fondos estructurales existentes de la UE y por el BEI añaden poco para conseguir un paquete convincente. Además, la Cumbre no ofreció una visión compartida a largo plazo, más allá del acuerdo sobre  un sistema común de supervisión bancaria europea. Y esa visión compartida es necesaria para restablecer la credibilidad del área euro ante los ojos de los inversores y del público en general, y de esa forma restablecer la confianza de los mercados en su deuda soberana y detener la fuga de capitales de los países con déficit.

II.      Es necesaria una nueva estrategia que genere amplias ganancias comunes

5. Un plan de acción conjunto y exhaustivo debe cumplir cuatro objetivos.

6. El desafío para llevar a cabo dicho plan tiene que ver en parte con conflictos reales o percibidos entre dichos objetivos. Recuperar y estabilizar la producción y el empleo tras la recesión que ha golpeado a los países con déficit es imposible sino se retrasan algunos de los ajustes fiscales actuales que les han impuesto y si no se les canalizan ayudas superiores. Desde el punto de vista de los países con superávit, hacer eso crea dos preocupaciones: cómo aumentar las ayudas sin afectar excesivamente a sus propios recursos fiscales y cómo mantener los incentivos para el ajuste en el caso en que la estabilización tenga éxito.  Otra preocupación relacionada es saber si  puede mantenerse una moneda única sin necesidad de transferencias permanentes en el futuro. Excepto en un contexto de un súper-estado Europeo en el cual la financiación y el control del gasto van estrechamente unidos, la mayoría de la población de los países con superávit cree que una unión basada en las transferencias permanentes tiene un costo excesivamente alto a pagar para preservar la moneda única, incluso si la alternativa es una crisis catastrófica. La resistencia a seguir aumentando su ayuda como una forma de salida de la crisis se debe, en parte, al hecho de que se ve como el primer paso a una futura unión basada en transferencias permanentes.

7. Por consiguiente, consideramos que el requisito crítico para enfrentar la crisis es separar la solución del “problema heredado”: deteniendo las recesiones actuales, reduciendo los niveles de deuda y disminuyendo los superávits y déficits por cuenta corriente de las balanzas de pagos dentro del área euro; de la solución del “problema de futuro”: resolviendo los fallos estructurales del área euro a medio y largo plazo. El primer problema heredado requiere compartir sus costes, pero esto no significa que el segundo problema de futuro vaya a requerir transferencias permanentes o deuda emitida con garantía conjunta y solidaria.

8. Resolver los costes del problema heredado implica que los líderes políticos europeos en los países con superávit hagan un elevado esfuerzo para convencer a sus votantes de que un reparto de sus costes no es solamente necesario para detener la crisis, sino que también es justo y que además puede compaginarse con unos incentivos correctos y necesarios.

9. En cuanto se refiere al enfoque de la solución a largo plazo, no creemos que los eurobonos o una completa unión fiscal sean necesarios para asegurar el funcionamiento económico y monetario del área euro. Por el contrario, el alcance de la unión fiscal deberá estar determinado por las necesidades financieras de la unión (particularmente por aquellas instituciones que supervisan el sector bancario integrado del área euro) que es a su vez el complemento necesario para fomentar la prosperidad económica del área euro. Aunque muchos miembros de este Consejo consideran que es deseable una mayor integración futura política y fiscal en el área euro, en conjunto no creemos que sean necesarias para conseguir que un sistema económico con una moneda única sea viable. De hecho, nuestra propuesta sólo apunta al establecimiento de un conjunto mínimo de instituciones necesarias para salir de la crisis actual y establecer unas bases sólidas para el futuro del euro.

10. En consistencia con el punto de vista de que cualquier plan que intente superar la crisis, debe empezar restaurando la credibilidad de un sistema económicamente próspero que incorpora una moneda única, el resto de esta nota lo dedicamos a la visión del Consejo a largo plazo. Esta representa la visión del Consejo sobre un marco institucional mínimo que asegure que la unión monetaria funciona como se pretendió en un principio, es decir, como un área financieramente estable que promueva el mercado único europeo y su crecimiento a largo plazo y que pueda funcionar sin transferencias persistentes desde los países con superávit a los países con déficit. Nuestra visión a corto plazo es crear las condiciones necesarias para recuperar la producción y aumentar la tasa de empleo manteniendo los incentivos adecuados para que se hagan ajustes y reformas que garanticen la solvencia fiscal, reduzcan la deuda excesiva y los desequilibrios actuales de las balanzas de pagos por cuenta corriente

III.  Una solución a largo plazo que limite la mutualización de la deuda es factible y suficiente                           

11. Aunque no hay acuerdo en determinar cuáles son las deficiencias específicas que son responsables en mayor medida de esta crisis, si existe un amplio acuerdo  en el Consejo (y fuera de él) en tres categorías de problemas que son inherentes a una unión monetaria tal como está concebida hoy

12. Los creadores la  unión monetaria Europea reconocieron el riesgo de parasitismo fiscal, es decir, de poder aprovecharse fiscalmente de otros países miembros y, para desalentarlo, impusieron una serie de reglas máximas de tamaño de déficit y de deuda públicos. Sin embargo, otros riesgos restantes no fueron tomados en cuenta totalmente, y no se introdujo ningún instrumento para contenerlos. El resultado fue la excesiva concesión de créditos en Irlanda, España, y otros países miembros cuyo riesgo de moneda había sido drásticamente reducido por ser miembros de la UME, alentada por los flujos de capitales procedentes de los países con superávit. Al mismo tiempo, el fracaso de las reglas fiscales mencionadas  para contener los déficits fiscales de varios países (incluyendo Francia y Alemania), permitió que por lo menos un país, como Grecia, acumulase un nivel de deuda pública insostenible.

Estos excesivos niveles de endeudamiento fueron recortados durante la crisis financiera y la recesión de 2008-2009, provocando la insolvencia del parte del sector privado y poniendo presión en las finanzas públicas como resultado del colapso de sus ingresos, del juego de sus estabilizadores automáticos y por la socialización de las pérdidas de las crisis bancarias. El ajuste fiscal también se vio complicado por el fuerte aumento de los costes del endeudamiento público que tendían a incorporar un elemento de profecía auto-cumplida. El ejemplo más claro de este problema es Italia, un país que evitó el endeudamiento desmedido tanto público  como privado y, sin embargo, se hizo vulnerable debido a su alto nivel de endeudamiento público. Finalmente, los países con déficit sufrieron de una apreciación real de su tipo de cambio, muy costosa de corregir, ya que, únicamente las variables reales (y no  las nominales) estaban disponibles para ser rectificadas por los estados miembros a falta de dejar flotar o poder devaluar su tipo de cambio.

13. Teniendo en cuenta este diagnóstico, la capacidad de resistencia fiscal y financiera en el área euro requiere reformas en cinco áreas que pueden aprovechar las que ya se encuentran en curso que todavía son incompletas.

 

IV.  Medidas urgentes a corto plazo

15. Las reformas institucionales anteriormente descritas serían suficientes para poner al área euro en pie firme, solamente si éstas van de la mano de un proceso de ajuste exitoso que reduce notablemente los altos niveles de deuda y la pérdida de competitividad acumulada durante la pre-crisis y los periodos de crisis en varios países. El dilema es saber cómo lograr esto en medio de unas recesiones que están empezando a empujar algunas sociedades hacia su punto de ruptura, y teniendo en cuenta el enorme tamaño, poder, y (hasta el momento) escepticismo de los mercados financieros.  La respuesta también deberá incluir una combinación de medidas extraordinarias, que incluyen reformas fiscales y estructurales dirigidas a minimizar el coste inmediato en términos de producción, de tipo de cambio real y de ajuste fiscal, apoyo de los fondos existentes (el FEEF y el MEDE), apoyo adicional por parte de los países con superávit, restructuración voluntaria de la deuda, un papel excepcional para el BCE y medidas,  también excepcionales, de emergencia de política monetaria y macroeconómica.

i.           Reformas destinadas a restablecer la solvencia sin necesidad de crear un coste directo en términos de PIB (por ejemplo, aumentar la edad para la jubilación)

ii.           Reformas que pudieran tener costes en términos de PIB  y/o costes fiscales a corto plazo, pero que crean mejoras duraderas en la solvencia fiscal y la competitividad (por ejemplo, reducciones de personal en administraciones públicas hinchadas o nuevas reformas del mercado laboral);                             iii.           “Devaluaciones fiscales” que utilizan instrumentos financieros para reducir los costes laborales siendo neutrales desde el punto de vista fiscal (substituyendo impuestos sobre el trabajo por impuestos indirectos).

El segundo grupo de medidas podrían ser financiadas (para evitar su efecto contractivo) a través de una combinación de transferencias directas del presupuesto de la UE y de préstamos a bajo interés del FEEF/MEDE.

16. El horizonte temporal previsto para estas medidas extraordinarias podría abarcar unos cinco años.  Tras esta fase inicial, la reducción de la deuda pública de acuerdo con las normas fiscales acordadas a nivel de la UE necesitará continuar en algunos de los países actuales muy endeudados como es el caso de Italia. Sin embargo, se presume que con el beneficio de la recuperación económica y las reformas  fiscales y estructurales ya aplicadas, la reducción continuada de la deuda podría llevarse a cabo sin apoyo financiero externo. De ahí que haya que asegurar a la opinión pública de los países acreedores que el apoyo financiero, especialmente, el referente a los precios de las emisiones de nueva deuda en los países con déficit, no se convertirá en un “pozo sin fondo” podría haber un límite acordado  para dicho apoyo guiado por la expectativa de que no continuará más allá de los cinco años.

17.  Un factor complicado en el proceso de ajuste descrito anteriormente es la incertidumbre sobre el grado de caída de los precios de la vivienda y de la calidad de la cartera de préstamos hipotecarios dentro de los sistemas bancarios en países como España. Al tratar con esta incertidumbre, es necesario encontrar un equilibrio entre el principio de que las pérdidas irrecuperables del sistema bancario incurridas en el marco de los supervisores nacionales, que, en primera instancia, deben ser absorbidas a nivel nacional, y, el hecho de que existen límites a la capacidad nacional para absorber dichas pérdidas sin poner en riesgo todo el proceso de ajuste fiscal y de reformas estructurales.  De acuerdo con la lógica propuesta en el párrafo 7 para el futuro bancario de la unión, se propone solucionar esta tensión estableciendo un límite de “primera pérdida” nacional y permitiendo que el MEDE realice aportaciones directas de capital al sistema bancario nacional cuando los costes de recapitalización nacional sobrepasen ese límite. Este compromiso de “seguro de pérdida catastrófica” a nivel del área euro debería estar condicionado desde el principio, al proceso de resolución bancaria nacional. También debería aplicarse retroactivamente a otros países, como Irlanda.

Opiniones no compartidas

  1. Una mayoría de los miembros  del Consejo opina que las devaluaciones fiscales en los países con déficit deberían ser apoyados por revaluaciones fiscales en Alemania y por algunos otros de los países con superávit (para igualar el tipo de cambio real efectivo en Francia, Alemania e Italia).
  2. Una minoría de los miembros del Consejo considera que para evitar futuras crisis, se requiere un cambio en los estatutos del BCE dirigido a un doble mandato que incluya objetivos de producción y empleo, y, que el objetivo de estabilidad de precios debería ser revisado para poder tener también como objetivo de la política monetaria el PIB nominal.

Signatarios 1

Patrick Artus

Director Global Economista, NATIXIS - Banca de Financiamiento e Inversión de NATIXIS

 

Erik Berglof

Director Economista y Consultor Especial para la Presidencia, Banco Europeo para la Reconstrucción y Desarrollo

 

Peter Bofinger

Profesor, Universität Würzburg

 

Giancarlo Corsetti

Profesor, Universidad de Cambridge

 

Paul De Grauwe

Profesor, Escuela de Londres de Economía y  Ciencias Políticas

 

Guillermo de la Dehesa

Presidente, Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR)

 

Lars Feld

Profesor para Política Económica, Universidad de Freiburg

 

Jean-Paul Fitoussi

Profesor Emeritus, Instituto de Estudios Políticos de París

 

Luis Garicano

Profesor de Economía y Estrategia, Escuela de Londres de Economía

 

Daniel Gros

Director, Centro de Estudios de Política Europea (CEPS)

 

Kevin O'Rourke

Profesor de Historia Económica, Universidad de Oxford

 

Lucrezia Reichlin

Profesor de Economía, Escuela de Negocios de Londres

 

 

Hélène Rey

Profesor de Economía, Escuela de Negocios de Londres

 

Andre Sapir

Miembro Senior, Bruegel

 

Dennis Snower

Presidente, Instituto de la Economía Mundial de Kiel

 

Hans-Joachim Voth

ICREA Profesor de Investigación, Universitat Pompeu Fabra

 

Beatrice Weder di Mauro

Profesor de Economía, Universidad Johannes Gutenberg de Mainz

 

Nota final

1. Declaración basada en la reunión constituyente del Consejo en Bruselas llevada a cabo  durante el 26 y 27 de junio y discusiones subsecuentes, las mismas que incluyen miembros del Consejo Erik Berglöf, Peter Bofinger, Giancarlo Corsetti, Paul De Grauwe, Guillermo de la Dehesa, Lars Feld, Jean-Paul Fitoussi, Luis Garicano, Daniel Gros, Kevin O’Rourke, Lucrezia Reichlin, Hélène Rey, André Sapir, Dennis Snower, Hans-Joachim Voth, y Beatrice Weder di Mauro; consultores Sergei Guriev, Harold James, Rob Johnson, Leif Pargrotsky, Adam Posen, George Soros; y Heather Grabbe, Peter Jungen, Olli Rehn, Guntram Wolff, Philippe Legrain y André Wilkens, Sony Kapoor y Jeromin Zettelmeyer como invitados o reporteros.  Este documento fue escrito por Luis Garicano y Jeromin Zettelmeyer y refleja los comentarios de los miembros del Consejo.

 

 


[1] Esta nota utiliza los términos “países con superávit”, “países acreedores”, o “del norte” intercambiadamente se refiere a países como Austria, Finlandia, Alemania, Holanda y Eslovaquia; y “países con déficit”, “países deudores”, “países en crisis” o “del sur” se refiere primordialmente a Italia y España. Irlanda, Portugal, Grecia y Chipre puede considerarse en este grupo, pero, de alguna manera, su situación es diferente porque se encuentra bajo programas de ajuste patrocinados por el FMI-EU. Evitamos la terminología  de “centro” versus “periferia” arraigada en el último año ya que un país como Italia es muy central para Europa, geográfica, económica e históricamente hablando, para que sean considerados como parte de la “periferia”.

[2] Ver Brunnermeier et al. “Bonos Europeos Seguros (ESBies)”, Euro-nomics group, Septiembre 2011.

[3] Para una propuesta reciente que contiene ambos de estos elementos, ver Enderlein et al., “La culminación del Euro”, Reporte del Grupo Tommaso Padoa-Schioppa, Junio 2012.