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El futuro modelo de crecimiento para España (1):Un modelo de crecimiento insostenible

(Empezamos hoy una nueva serie en la que vamos a resumir el estudio de FEDEA-McKinsey de Diciembre del 2010 que ya he comentado brevemente y en el que trabajamos, por FEDEA, Michele Boldrin, Nacho Conde, PabloVázquez, y yo, y por McKinsey Alejandro Beltrán, Nicolás Borges, João Castello-Branco y Enrique García. Lo haremos en una serie de 8 posts. Hoy empezamos discutiendo los problemas del modelo de crecimiento existente en la pre-crisis. Todas las afirmaciones que hacen los resúmenes tienen evidencia documentada en el estudio, aunque por razones de espacio no las podamos incluir en el blog; para ver las fuentes y las figuras omitidas, ver.)

Entre 1995 y 2008, España ha disfrutado  de un fuerte proceso de convergencia real: la diferencia en renta real per cápita de España con el resto de Europa se ha reducido más de 7 puntos porcentuales, alcanzando el 90 % de la renta media en EU-15. El gran motor de este enorme crecimiento ha sido el aumento del empleo, donde el aumento en la tasa de participación, explicado principalmente por la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, ha sido un factor crucial. A pesar de la reciente crisis, en España se han creado casi 6 millones de puestos de trabajo desde 1995, distribuidos entre casi todos los sectores de la economía.

La insostenibilidad del proceso de creación de empleo y riqueza ha quedado demostrada con la enorme destrucción de empleo acumulada desde 2008. El aumento insuficiente de la productividad y la acumulación de desequilibrios externos son las claves para entender la insostenibilidad del modelo productivo, insostenibilidad que sin embargo el boom inmobiliario estaba enmascarando.

Crecimiento sin productividad

Pese a contar con una importante inversión de capital y de esfuerzo humano (horas trabajadas), la aportación de estos factores ha producido un menor crecimiento que en países con similar dedicación de recursos.

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Observamos una caída continuada desde 1995 en los niveles de productividad con respecto a Europa hasta los inicios de la crisis, donde la destrucción de empleo de baja productividad hizo repuntar la productividad de nuestro país respecto a Europa (Figura 5).

La incapacidad de la economía española para generar crecimiento de la productividad es la debilidad clave del modelo de crecimiento español. Una revisión más detallada de las causas de esta diferencia en productividad laboral apuntan a que, si bien España tiene un mayor peso relativo de sectores poco productivos (por ejemplo Construcción), más del 50 % del diferencial en productividad se produce por una menor productividad relativa dentro de cada uno de los sectores, como mostramos en el estudio. Uno por uno, la mayor parte de los sectores españoles son menos productivos que sus equivalentes europeos.

Aquellos pocos sectores que son más productivos respecto a Europa también han visto reducida su ventaja. Sólo en el sector bancario se observa un incremento de la productividad. Este sector es una excepción notable ya que no sólo es más productivo que en Europa sino que además ha aumentado su diferencial de productividad, aunque es posible que dicho diferencial se vea afectado por los efectos de la crisis inmobiliaria y del sector de la construcción.

La discreta evolución de la productividad española, unida a un incremento significativo de los costes laborales, ha producido una significativa erosión de la competitividad de España frente a otras economías (Figura 8).

Gráfico 8

Éste es uno de los efectos directos más importantes del mal desempeño en términos de evolución de la productividad.

Los desequilibrios externos refuerzan la necesidad de un cambio

La evolución de la relación comercial con el exterior a lo largo de este periodo está caracterizada por la acumulación de fuertes desequilibrios en términos de balanza comercial y financiera, que obligan a España a depender continuamente de la financiación exterior.

Debido en parte al importante peso de la inmigración, el crecimiento español ha estado orientado en más de un 80 % al consumo doméstico, considerablemente por encima de otras economías europeas. En comparación con éstas, España tiene un mayor porcentaje de su producción orientada a consumo doméstico.

Por otro lado, España ha aumentado en mucha mayor medida la importación de bienes y servicios (que han crecido un 10,1 % anual en términos nominales de 1995 a 2008) que la exportación de los mismos (que ha crecido al 8,5 por % anual en el mismo periodo), dando lugar a una degradación significativa de la balanza por cuenta corriente, y alcanzando niveles de déficit (-6,9 puntos porcentuales sobre el PIB) muy elevados. Aunque estos déficits se han visto parcialmente corregidos en el periodo más reciente, el desequilibrio acumulado es muy significativo. El resultado de estos altísimos déficit sostenidos ha sido una necesidad de financiación que, acumulada a lo largo de los años 2000 a 2009 (sin descontar,  a título indicativo), sumaba 520 mil millones de Euros (Figura 10).

gráfico-10

Este patrón de crecimiento ha llegado a su fin. España necesita desarrollar un nuevo modelo de crecimiento, basado en mejoras sustanciales en la productividad y competitividad, que le permita crecer en riqueza y empleo esta vez de manera sostenible a futuro. La semana que viene comenzaremos a estudiar  los  elementos de este modelo.