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Es hora de pensar a mediano plazo, por Willie Fuchs

(Nuestro colega  (y coautor en mi caso) , profesor de finanzas en Berkeley y a cuyo trabajo sobre uniones monetarias nos hemos referido en el pasado, nos manda esta interesante colaboración sobre el futuro del Euro. Esperamos que sea la primera de muchas: tenemos mucho que aprender de su perspectiva, como excelente economista, y como argentino que  observa nuestros problemas desde la perspectiva de quien ha experimentado de cerca situaciones con ciertas similitudes.)

Parece haberse resuelto la urgencia de obtener financiación para cubrir las necesidades financieras más inmediatas y evitar (por ahora) un default. Grecia y Europa deben pensar ahora en el mediano plazo. Concretamente, la pregunta que se debe considerar seriamente es si Grecia, Portugal y España pueden encontrar un camino viable a recuperarse económicamente y enfrentar sus obligaciones de deuda sin salirse del Euro.

El indicador más importante a tener en cuenta al hacernos esta pregunta es la competitividad de estos países frente a otros en la economía global. Las privatizaciones, la reducción de regulaciones innecesarias y otras políticas de reestructuración del estado son pasos importantes para lograr esa competitividad. Las dos variables claves para que esto suceda son la productividad/calidad de la mano de obra y el costo de dicha mano de obra. Un país como Alemania con mano de obra muy productiva se puede permitir pagar altos costos por su mano de obra. En el otro extremo tenemos a China, con mano de obra poco cualificada y no muy productiva pero muy barata. Grecia, Portugal y España tienen mano de obra cara pero no tan cualificada ni productiva como la alemana. Más importante aún, la competitividad de su mano de obra (el ratio de estas dos variables) ha caído significativamente desde su incorporación al Euro. Esto debe corregirse.

Para mejorar la competitividad de estos países el ratio productividad/costo de mano de obra debería mejorar. Analicemos entonces como se podría mejorar ese ratio:

Con un 20% de desempleo, uno pensaría que los mil euristas son la envidia de muchos, ya que la gran mayoría de los desempleados estarían felices de ganar menos de mil euros con tal de conseguir empleo. Las regulaciones en el mercado laboral hacen que sea muy difícil transformar esa presión en una reducción salarial. Paradójicamente, con un desempleo de cercano al 40% en el sector de la construcción, los salarios pactados en dicho sector han subido un 6% en términos reales entre el 2008 y el 2010, desafiando toda lógica. Aún en mercados laborales menos regulados la reducción en salarios nominales suele ser muy lenta, recordar por ejemplo el caso Argentino entre 1998-2001. Implicando que los niveles de desempleo seguirían altos por un largo tiempo. Esto, a su vez, tiene grandes costos. No solo en forma directa para los individuos desempleados pero, también en el agregado por el elevado coste fiscal de los programas de desempleo y por la desactualización y consecuente caída en la productividad de los individuos que están sin trabajar por periodos extensos.

Finalmente, no hay que descartar los riesgos políticos asociados con tener un alto porcentaje de la población desempleada por largos periodos. Por el momento las manifestaciones han sido relativamente pacíficas pero podrían tornarse más agresivas con el correr del tiempo. En particular, porque las medidas para reducir los déficits fiscales van a tener un efecto negativo en el corto plazo. No nos olvidemos que en el caso Argentino el presidente De La Rua forzado a abandonar el palacio presidencial en helicóptero por su propia seguridad.

Con un panorama de desempleo por encima del 15% para los próximos 5 a 10 años ¿podrán los países de la periferia continuar repagando sus deudas? ¿Tendrán la voluntad o capacidad política de seguirlo haciendo? Es de destacar que el voto de confianza en Grecia no contó con una amplia mayoría. Mientras que en España el Partido Popular que ha ganado las últimas elecciones regionales no lo ha hecho con una campaña basada en la necesidad de afrontar importantes ajustes fiscales.

¿Cuál es la alternativa? Si estos países tuviesen un tipo de cambio fijo pero su propia moneda una devaluación lograría depreciar el tipo de cambio real (e indirectamente los salarios reales) restableciendo la competitividad. Estando dentro del Euro restablecer la moneda propia y dejar que se devalué es más complicado pero ciertamente no imposible. Sin embargo es posible corregir los salarios reales en el corto plazo y sin salirse del Euro.

La forma de lograr un ajuste es vía una devaluación del Euro (implicando un incremento en el nivel de precios) que no se vea correspondida en los salarios. Los precios responden en gran medida a la política monetaria, pero la zona del Euro tiene una política monetaria común. Esto implica que para lograr elevar la tasa de inflación en los países de la periferia es necesario que Alemania, Francia y el resto de los miembros del Euro convivan con una mayor inflación. La hiperinflación aun vive en la memoria colectiva Alemana y será muy difícil convencer al Bundensbank que acepte seguir este rumbo. Es necesario hacer un análisis profundo de las ventajas y desventajas de tal política, en particular contrastándola con las alternativas.

¿Cuáles son las ventajas de tal política?

Un programa claro que busque obtener un cambio acumulado en el nivel de precios del 25 al 30% sobre un horizonte de tres años aceleraría dramáticamente el ajuste necesario de los salarios reales. Reduciendo dramáticamente el tiempo necesario en recuperar el pleno empleo. Además, dado que la mayor parte de la deuda emitida por Grecia, España y Portugal esta denominada en Euros, se obtendría con esta política una quita de la deuda real sin pasar por un desordenado proceso de default. Esta quita también tendría lugar en las deudas del resto de los miembros de la zona del euro.

¿Qué supondría tal política en términos de costos?

Generalmente cuando se habla de la evidencia empírica de los costos de la inflación, son los niveles muy altos e impredecibles de inflación los que generan costos elevados. Una inflación en torno al 8% anual y claramente predecible no tiene porqué generar costos muy elevados a una economía. Posiblemente los mercados de deuda soberana se vean afectados y, los países estén obligados a emitir deuda indexada a la inflación en el corto plazo (tal vez incluso por un período mayor) pero ese no es un gran problema.

El objetivo de este artículo no es dar una solución definitiva, ya que para ello se necesitaría un estudio más detallado, sino plantear el problema para poder analizarlo cuidadosamente y así poder llegar a la mejor solución. Para determinar la mejor respuesta a los problemas que enfrenta Europa es necesario abandonar posiciones doctrinarias tales como que es imposible abandonar el Euro o que el costo de la inflación es exorbitante y que ha de ser evitada a toda costa. Los problemas para los países de la periferia están lejos de estar resueltos y se deberían contemplar todas las alternativas antes de decidir el camino a seguir.