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Portugal, Irlanda, Finlandia, Francia: Los pueblos contra las élites y la superviviencia del proyecto Europeo

La crisis política en Portugal tras la dimisión anoche del primer ministro Sócrates muestra de manera clara el agotamiento del modelo de rescate sin quita, que pareciendo rescate de los países,  no es sino rescate de los que imprudentemente prestaron. Desde Europa, a los ciudadanos de Grecia, Irlanda y en unos días, Portugal, se les plantea desde la UE una que sólo ofrece, en el mejor escenario, la posibilidad de retrasar el problema a tiempos mejores. A su vez, los ciudadanos de los países acreedores, sienten que están a merced de de un proceso que ni ellos, ni sus dirigentes controlan y que no es sostenible. Esto se refleja en el repentino incremento de la popularidad en Finlandia del partido populista Verdaderos Finlandeses, cuya emergencia bloquea la posibilidad de un pacto en la cumbre de la EU de este fin de semana, y en Francia del Frente Nacional, que podría vencer en la primera  vuelta de las presidenciales del 2012.

La raíz del problema sigue siendo la combinación de bajo crecimiento económico y apalancamiento excesivo. Sin crecimiento, la deuda de Irlanda, Grecia y Portugal no es sostenible. Cada plan de ajuste supone una vuelta de tuerca que los ciudadanos sólo pueden aceptar si piensan que hay luz al final del túnel. Y la verdad es que no la hay. Lo máximo a lo que pueden aspirar ahora mismo los griegos e irlandeses  es a aguantar hasta el siguiente  apretón. Las matemáticas no salen ni siquiera en las optimistas previsiones de los organismos internacionales: a los tipos de interés a los que se financia la deuda y el rescate, la ratio de Deuda/PIB sigue aumentando, en el no rescatado Portugal hacia el 100% del PIB, en las rescatadas Grecia hacia el 150% del PIB, e Irlanda hacia el 120% del PIB. No es de extrañar que  los portugueses, confrontados con la disyuntiva, digna de don Corleone, entre aceptar el rescate y suicidarse, o no aceptar el rescate y suicidarse, hayan elegido negarse en redondo. ¿Negociará ahora la UE un rescate con un gobierno provisional, forzando aún más la legitimidad política? ¿Esperará a un gobierno con mayor legitimidad a riesgo de que se pudra la situación?

El proceso sólo se detiene de una forma: los acreedores deben reconocer que la “culpa” del exceso de endeudamiento es compartida por las dos partes: si a mi mañana un banco me presta 100 millones y yo luego no los puedo pagar, claramente la responsabilidad es en parte del banco, que imprudentemente ignoró mi incapacidad de generar ingreso suficientes para hacer frente a tal deuda.

El tiempo político, la credibilidad, es finita. Cada rescate en falso supone una promesa incumplida y disminuye las posibilidades de que cuando llegue el momento, sea posible hacer un verdadero plan de estabilización y crecimiento. ¿Tienen las instituciones europeas la cintura y la capacidad para hacer lo necesario? Este fin de semana empezaremos  a comprobarlo.