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Mas Niños, Más Pensiones

La tasa de fecundidad de los países desarrollados esta por debajo de la tasa de reemplazo. Es decir se necesita una tasa de fecundidad en el entorno de 2,1 hijos por mujer en edad fértil para, en ausencia de inmigración, se mantenga constante la población. La tasa media de los países desarrollados es de 1,7 hijos por mujer en edad fértil, aunque en casos como el España o Italia estamos por debajo del 1,4. En este sentido merece la pena hacer una reflexión de por qué las personas tomar la decisión de tener hijos.

Para motivar este  hecho nada mejor que tomar "prestado" un post  aparecido en (el blog académico europeo por excelencia) y titulado "" que vamos a reproducir aquí.

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Menos Pensiones, Más niños: evidencia de Italia (de y )

Afrontar el cambio demográfico se ha convertido recientemente en un objetivo político clave en el ámbito de la UE.  Una serie de informes e iniciativas de la Comisión Europea (véase, por ejemplo ) han abordado esta cuestión centrándose en particular en las implicaciones de la baja la fertilidad.  Entre las principales consecuencias demográficas directas destacan dos, un envejecimiento más rápido de la población y la consiguiente mayor demanda de inmigrantes.  Sin embargo, existen efectos adicionales importantes para la economía en su conjunto. Un ejemplo clave es la sostenibilidad financiera de los sistemas de pensiones de reparto (o pay -as- you-go), que depende de manera crucial del equilibrio entre las contribuciones pagadas en el sistema y los beneficios de pensión otorgados, y por lo tanto de la relación entre el numero de los trabajadores y el de los jubilados. Dado que las encuestas sugieren que en Europa los individuos y las parejas desean tener familias más grandes de las que realmente tienen, se pone énfasis en las políticas que luchan contra las limitaciones a la fertilidad.  Por ejemplo, un objetivo directo es mejorar la conciliación (especialmente para las mujeres) entre las obligaciones laborales y familiares.

De hecho, dado el alto coste de tener hijos en las sociedades desarrolladas, buscar una explicación de por qué las parejas deciden tener hijos representa un desafío del que no escapa el mundo académico. En el pasado, los niños constituían para los padres una inversión clave que se amortizaba con bastante rapidez, ya que los niños pronto contribuían a los ingresos familiares con su trabajo.  Además, era habitual que se hicieran cargo de los padres cuando ya no podían trabajar y por lo tanto su apoyo futuro les aseguraba frente al riesgo de pobreza en la vejez.  Sin embargo, los investigadores han documentado ampliamente que con la aparición de la seguridad social, y en especial de los sistemas de pensiones pay -as- you-go , esta inversión de tener hijos (o motivo seguro o bien de inversión) ha perdido relevancia.  Por lo tanto, uno podría pensar también que la expansión de los sistemas de seguridad social puede explicar en parte la caída de la fecundidad observada las últimas décadas en los países más desarrollados (ver ).  Entonces, ¿por qué todavía hoy las parejas quieren tener hijos? Una teoría alternativa sugiere que los niños en lugar de ser un “bien de inversión” son más bien un " bien de consumo ":  los padres optan por tener hijos porque derivan utilidad directa a su bienestar (véase ). En este caso, el hecho de tener pensiones generosas no debería tener impacto sobre la decisión de tener hijos.

Ambas teorías parecen tener sentido y a día de hoy la pregunta sería: ¿cuál es la motivación última de la maternidad? Por suerte, las reformas de las pensiones en Italia en los años 90 nos pueden ayudar a dar una respuesta.

Dichas reformas de los años 90s supusieron un tratamiento desigual de individuos que eran prácticamente iguales, ya que tenían sólo diferencias marginales en su historial de contribuciones al sistema de pensiones.  Esta reforma, que como decimos fue injusta, constituyó un "experimento natural" muy útil para poner a prueba estas dos teorías de la fertilidad.  Esto es así porque de un día para otro la reforma redujo las pensiones a un colectivo de trabajadores en mucha mayor cantidad que a otro colectivo que era prácticamente igual.  Y esta discriminación sobre la pensión futura se produjo en una edad donde ambos colectivos tenían capacidad para responder cambiando su decisión de tener hijos.  En concreto, las reformas de las pensiones, la llamada reforma "Amato" en 1992 y la llamada reforma "Dini" en 1995, redujeron los beneficios futuros solo para los individuos que tenían menos de 15 años de contribución a finales de 1992 (o 18 años de contribución a finales de 1995).

Esto introdujo una  discriminación que en términos de pensiones futuras muy significativa. Así, con esta reforma dos trabajadores prácticamente idénticos podían tener unas pensiones cuyo montante podría diferir hasta en un 27,6% a pesar de que las diferencias en cotización fueran tan solo de un puñado de semanas (ver ). Es decir, si tenias la suerte de llevar 15 años cotizados en el momento de aprobación de la reforma de pensiones que reducía su generosidad, te librabas de dicho recorte. Esta absurda reforma, creo un importante experimento natural, pues genero individuos prácticamente idénticos (en lo que se refiere a historial laboral, en edad y nivel de cualificación) pero con muy distintas perspectivas en cuanto a la generosidad de su pensión de jubilación.

¿Qué impacto debían tener estas reformas en la decisión de tener hijos? Si pensamos en los niños como “bien de consumo", los trabajadores que van a percibir una pensión mas baja deberían tener una menor fecundidad, ya que al tener menores ingresos a lo largo de su vida, no pueden permitirse el lujo de "consumir" tantos niños.  Por el contrario, si el motivo para tener hijos es que son un “bien de inversión” o "seguridad en la vejez", el hecho de tener pensiones mas bajas debería incentivar a estos trabajadores a tener más niños, la reducción de ingresos previstos en la la vejez aumentaría su fecundidad.

En nuestro paper “” se demuestra que los individuos "afectados" con una menor pensión tienen más hijos como consecuencia de esta reforma de las pensiones. Una simple comparación muestra que los individuos "no afectados" (o aquellos a los que la reforma no les redujo la pensión) tuvo un promedio de 1,7 hijos, mientras que las personas "afectadas" tenían un promedio de 1,87 hijos. La magnitud de esta diferencia se reduce una vez que se controla por factores como la edad de los individuos, pero la diferencia en la fertilidad después de la reforma fue alrededor de un 13% más alta. Estos resultados empíricos son coherentes con el supuesto de los niños como bien de “inversión" en lugar de bien en "consumo" incluso en las sociedades modernas. Los resultados también son consistentes con aquellos trabajos que defienden que la aparición de los sistemas de pensiones inducen a una menor fertilidad.

Los resultados que la reforma de pensiones en Italia han tenido sobre las decisiones de fecundidad pueden tener importantes implicaciones en política económica.  En primer lugar, los resultados parecen indicar que los modelos económicos pueden haber subestimado el papel de los hijos como bien de inversión y haber exagerado la idea de que los niños son únicamente un coste para los padres. En este sentido las transferencias de los niños a sus padres en la vejez también parecen haber sido subestimadas en la literatura (entre otras cosas porque la convivencia con los padres apenas se considera explícitamente como una transferencia).  En definitiva, los resultados de nuestro artículo ponen de relieve la importancia de los hijos como bien de inversión. En segundo lugar, las reformas de pensiones en la dirección de la sostenibilidad financiera que pasa por la reducción de las prestaciones de jubilación pueden tener un efecto positivo adicional: aumentar la fertilidad.

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Como bien dicen los autores, creo que de los resultados de dicha investigación se puede  sacar una conclusión importante. Las reformas de  los sistemas de pensiones para adaptarlos a la nueva realidad demográfica que estamos viendo en la mayoría de los países desarrollados esta suponiendo una reducción de las prestaciones de jubilación y  pueden tener un efecto positivo en el  aumento de la fecundidad.

No obstante, a pesar de que es posible que la propia reforma de las pensiones, al  reducir prestaciones, consiga mejorar la fecundidad, creo que puede ser útil plantearse como objetivo de política económica fomentarla. A parte de las medidas que tenemos todos en la cabeza como la educación publica gratuita de 0-3 años o las políticas de Igualdad, los resultados obtenidos pueden abrir otras vías complementarias.

En este sentido,  me gustaría  hacer una reflexión apelando a la eficiencia del  modelo mixto de pensiones.  La literatura académica (Ver )  ha demostrado que, en un mundo sin los mercados de crédito para financiar inversión en capital humano (o la educación), utilizar los sistemas de pensiones de reparto como una forma de invertir en el capital humano de los trabajadores permite alcanzar la eficiencia (algún día hablaremos de esto). En un entorno similar pero donde se consideran también las decisiones de fecundidad, la literatura académica (ver ), encuentra que no solo es necesario ligar las pensiones a la inversión en la educación, sino también al numero de hijos. Recordemos que la rentabilidad de los sistemas de  pensiones de reparto depende de la tasa de crecimiento de la población y de la tasa de crecimiento de la productividad. Es cierto que cuanto mayor es la inversión en capital humano mayor es el crecimiento de la productividad. Pero, ¿qué pasa con el crecimiento de la población?, cuanto mayor sea  también mayor será la rentabilidad. En este sentido,  se podría valorar la idea de que que aquellos trabajadores que han tenido más hijos deberían percibir pensiones más altas: más pensiones, más hijos.

Alguien podría pensar que una política así podría resultar regresiva, pues tal como vimos en este post de Gerard,  cuanto mayor es la renta (o la riqueza) mayor es el numero de hijos. No obstante, la medida no seria regresiva en el caso de las pensiones al existir una pensión máxima. La medida no sería regresiva, pues únicamente aquellos trabajadores que no han cotizado lo suficiente para llegar a ella se beneficiarían.  En definitiva, si los resultados del trabajo son ciertos, un sistema de pensiones que no solo tenga en cuenta las cotizaciones realizadas sino también el número de hijos, más pensiones más hijos, permitiría aumentar las bajísimas tasas de natalidad que tenemos en España.