Caramelos de regaliz

 

Ayer publicaba la OCDE su con el título “El Futuro del Trabajo”. Aunque tiempo habrá para su análisis, vaya por delante que en el prólogo se dice explícitamente que el futuro del trabajo está en nuestras manos y dependerá, sobre todo, de las Decisiones políticas que se adopten en los distintos países. Estas Decisiones se tienen que escribir con mayúsculas, porque se refieren sin duda al diseño de estrategias de profundo calado. En mi opinión, en España, las decisiones de política económica siguen escribiéndose con minúsculas, que es la caligrafía de las políticas cortoplacistas y dirigidas a parchear la realidad. Los políticos son en parte el reflejo de la sociedad de la que proceden, no conviene llevarse a engaños, aunque en ciertas ocasiones se han visto forzados a estar por encima de los colectivos con los que se identifican. En plena escalada de la deuda pública en España, en un debate en un salón abarrotado de profesores universitarios, me gané muchas malas caras por defender la rebaja y posterior congelación del sueldo de los funcionarios (mi sueldo) articulada por el gobierno de Zapatero. También me pareció adecuada la modificación del artículo 135 de la Constitución o el aumento, dada la coyuntura, de los impuestos implementado por el gobierno de Rajoy tras ganar las elecciones. Curiosamente, estas medidas han sido utilizadas en los recientes debates electorales como armas arrojadizas entre los candidatos, lo que es un claro síntoma de mi nulo porvenir en la política.

Hace dos días publiqué que hablaba de un temor y una ausencia, la ausencia en el debate político de Decisiones con mayúsculas, y el temor de que la fragmentación política impida llegar a equilibrios que permitan trascender intereses de colectivos particulares y encontrar soluciones a los desafíos estructurales. El argumento del artículo, en el que las ideas, las relaciones sociales y los puentes de conocimiento entre instituciones juegan un papel central, debe mucho a las conversaciones que mantuve con un grupo de amigos de whatsapp[i] durante la tempestuosa Semana Santa valenciana, y a las ideas que a través del mismo intercambiamos una ex ejecutiva de la City trabajando actualmente en una consultora después de pasar por un organismo de regulación del Reino Unido, una alta funcionaria de la administración pública española expatriada, un trabajador de una gran empresa con dos másteres de prestigio en economía, y dos profesores universitarios. De esta especie de ensayo en una probeta surgió el artículo que publicó El Mundo y que a continuación, con pequeñas variaciones, reproduzco.

Este blog ha dedicado recientemente una serie de tres entradas a enumerar muchos de los asuntos económicos en los que, o queda mucho margen de mejora, o simplemente caminamos en la dirección contraria (aquí, aquí y aquí). El futuro gobierno que salga de las urnas haría muy bien en tomar nota. Sin embargo, aunque la omisión de problemas evidentes puede resultar irritante, lo verdaderamente alarmante del debate político es la ausencia de la elaboración de un diseño de sociedad, soflamas al margen.

Somos una sociedad desarrollada que ha conseguido desde el final de la dictadura importantes avances en lo económico y en lo social. No obstante, nada nos asegura que en el futuro seamos capaces de mantener nuestros niveles de bienestar y mucho menos de aumentarlos siguiendo la senda de los países más avanzados. Por eso, el diseño para una sociedad próspera ha de empezar por reconocer lo evidente: estamos inmersos en un proceso de profundos cambios tecnológicos, cambios que probablemente se acentuarán en los próximos años. El avance y desarrollo de la digitalización, la inteligencia artificial o la robótica en el contexto de una economía globalizada va a tener un importante impacto en la organización de los procesos de generación y distribución de la producción, con implicaciones innegables en el mercado de factores y en la distribución primaria de la renta.

En el mercado de trabajo todo apunta a que nos dirigimos a sociedades donde predominará un doble equilibrio. En el equilibrio más elevado, los trabajadores desempeñan tareas bien remuneradas en procesos productivos de alto valor añadido. En el equilibrio inferior, las personas se ocupan de tareas para las que no se requiere una elevada cualificación, percibiendo un salario mucho más bajo. Ente los dos equilibrios tendremos máquinas realizando tareas automatizadas. De lo preparada que esté una sociedad para afrontar los nuevos retos, y de cómo se gestione por parte del sector público el futuro marco normativo y regulatorio dependerá nuestra orientación como sociedad hacia trabajos con alto valor añadido, y nuestro bienestar futuro.

Es fundamental garantizar un sistema educativo eficaz en la transmisión de la formación necesaria para desempeñar las nuevas tareas, lo suficientemente flexible para descubrir lo antes posibles las nuevas necesidades formativas. Pero una población mejor formada no será suficiente si su potencial se ve cercenado por un sector público rígido e inoperante, tanto en su labor de lubricación normativa para aprovechar las indudables ventajas de los cambios tecnológicos, como en su tarea de redistribución de la renta hacia los más vulnerables. Esto requiere cambios importantes en el funcionamiento de la administración pública, que han de comenzar por facilitar el acceso del talento a la función pública. Una administración pública más profesional mejora el valor del propio sector público, facilitando la disposición de los agentes económicos a transferir parte de su renta para compensar a los inevitables perdedores que la transformación tecnológica va a originar.

La transición hacia una sociedad más próspera requiere de un nuevo contrato social que potencie lo que favorece la convergencia al equilibrio de alto valor añadido, y se desprenda de los aspectos que lastran su adaptación. El núcleo vertebrador del nuevo acuerdo tendría como objetivo conseguir la máxima exposición de los agentes sociales (en el sentido más sociológico del término) a las ideas y al talento. En España, como en otros países, existe mucho talento, pero por desgracia nos empeñamos en aislarlo o condenarlo al destierro. Hay talento languideciendo en pequeñas empresas familiares, acomodándose en universidades que ocupan puestos retrasados en los rankings, o adaptándose a los ritmos funcionariales de la administración pública. Nuestro diseño actual de sociedad condena a que sus ideas permanezcan en compartimentos estanco, en lugar de permitir su difusión.

Investigaciones recientes demuestran que las conexiones sociales, por su capacidad para difundir ideas, son un motor fundamental de la creatividad y la generación de nuevas ideas, que impulsan el desarrollo individual y social. Durante ochenta años la Universidad de Harvard, a través del , ha seguido a un grupo de más de 700 personas para descubrir que las relaciones sociales se encuentran entre los factores más importantes de la felicidad y salud mental. Esta evidencia a nivel individual también es cierta para las sociedades. A nivel institucional la producción de ideas tiene economías de escala. Las empresas más grandes son más productivas que las pequeñas en parte porque de las relaciones personales en su seno fluyen nuevas ideas con capacidad de generar muchas más ideas. También las mejores universidades les dan una importancia fundamental al networking a través, por ejemplo, de sus programas de seminarios o visitas. El nuevo contrato social debería empezar por sacar a nuestras instituciones del limbo autárquico en el que se encuentran. Esto requiere empezar a construir puentes institucionales de alta velocidad para facilitar la transición del capital humano entre el sector público, el privado y el educativo.

La construcción de estos puentes del conocimiento es incompatible con algunos aspectos clave de la estructura operacional actual del sistema educativo y de la administración pública como: el acceso dominante a la función pública por medio de las oposiciones; el estrecho rango salarial en el sector público; el sistema de gobernanza actual de las universidades; la ausencia de autonomía en centros educativos y departamentos de la administración del estado; los obstáculos a la reversibilidad del talento del sector público al privado; o el desprecio a la rendición de cuentas. Cambiar estos aspectos es factible, especialmente si se hace de un modo progresivo.

Los puentes institucionales del conocimiento se deberían sustentar sobre pilares sólidos a partir de la evaluación continua tanto de las políticas públicas, como del desempeño del sistema educativo. La revolución tecnológica presente tiene también una vertiente que afecta a la capacidad de las sociedades actuales de generar ingentes cantidades de información y tratarlas de modo adecuado para evaluar con gran rapidez y detalle aspectos concretos del funcionamiento del sector público. Esta es la base de proyectos como en el que participan el MIT y otras instituciones.

La fragmentación política es tal vez el principal obstáculo al diseño pactado de una estrategia como la descrita. Los partidos populistas son grandes enemigos de la creación de puentes de conocimiento. El populismo se nutre del temor de las sociedades a situaciones cambiantes, incluyendo los grandes cambios tecnológicos y organizativos. Su respuesta es siempre la misma: blindar el statu quo a ciertos colectivos de potenciales amenazas a su posición de partida. Justo lo contrario al dinamismo en la movilidad de las personas y sus ideas que incentivaría el progreso. La prevención del progreso les garantiza a su vez ampliar su masa de potenciales votantes de entre la población de desilusionados. Siempre existirá un culpable lejos de su entorno sobre el que hacer recaer la responsabilidad. Es más, los partidos populistas empujan la frontera del populismo, forzando de este modo la asunción de parte de sus propuestas tanto por los partidos más tradicionales como por otros nuevos que nacieron para actuar de contrapeso a la deriva populista. Propuestas contrarias al progreso, cuando no disparatadas, adquieren de este modo por consenso político ante la opinión pública el marchamo de irreprochables.

Nada garantiza que el resultado de un sistema de elección basado en la decisión individual conduzca a un óptimo para el conjunto de la sociedad. Y este hecho es todavía más cierto cuando se valora el resultado de dicha elección teniendo en cuenta otros escenarios posibles desde la perspectiva del paso del tiempo. Por eso resulta tan frustrante la constatación de que nuestros políticos, lejos de establecer las condiciones necesarias para abordar los retos fundamentales a los que nos enfrentamos, sigan vendiéndonos, como solución a nuestros males, caramelos de regaliz de distintos colores.

[i] Mi agradecimiento al grupo de whatsapp “Enjoy 19's Red Tuna, Sraffa"

Hay 17 comentarios
  • Asi es, estamos inmersos en esta transición socieconomica, esta transición cientifica, esta revolucion tecnologia con velocidad de vertigo, donde los estadistas, deberian guiar y dejar de hablar del pasado, de politicas caducas, de frentismo varios, y de ideologias del siglo pasado. Como bien indicas los pilares son la educación, la formación profesional, la universidad, ademas de los enlaces empresa-universidad, y donde los politicos deberían adaptar las politicas que funcionan en otro paises para desarrollar y modernizar el pais, podrian ser las propuestas de triple y cuadruple helice. Tampoco hay referencias para trabajar conjuntamente con Europa, siendo el principal socio mas afin , ni se habla de las acciones geoeconomicas y geopoliticas mundiales que hay que contrarestar desde Europa.Con los politicos actuales y me refiero a todos, (solo podria indicar citar un par de excepciones y estan en Europa...) los caramelos de regaliz resultaran muy caros.

    • Añado....Salvaguardando el Estado del bienestar
      Urge revertir la situación de la I+D en España para poder afrontar los retos sociales del futuro
      y

  • Sr. Ferri:

    Le felicito de todo corazón por estar tan bien relacionado.

    Hay algo de su argumentación que no acabo de entender. Afirma que profundos avances tecnológicos van a transformar la sociedad. Muchos de ellos permitirán sustituir trabajo humano por procesos automatizados. De esta manera, deduzco yo, abrirán a la humanidad las puertas de una vida más FÁCIL, menos determinada por la necesidad y con mayores posibilidades de ELECCIÓN por parte del individuo. Elección, por ejemplo, de lo que hará con su tiempo.

    ¿Por qué, entonces, nos pinta usted un panorama presidido por la necesidad? Las medidas que usted propone (“descubrir lo antes posible las nuevas necesidades formativas”, “una población mejor formada”, “afrontar los nuevos retos”, “lubricación normativa”, “transmisión de la formación necesaria”, “facilitar el acceso del talento”, “desprenderse de aspectos que lastran”, “máxima exposición de los agentes sociales a las ideas y al talento”, “permitir difusión de ideas”, “impulsar el desarrollo individual y social”, “construir puentes institucionales de alta velocidad para facilitar la transición del capital humano”) son medidas propias de un estado de guerra, o uno en el que, a raíz de alguna tremenda catástrofe natural, la producción económica se vea seriamente amenazada y sea necesario un estado de máximo esfuerzo y exigencia para contrarrestar ese hecho.

    Sin duda hay algo que no he comprendido bien. Le agradeceré que me aclare lo que veo como una suprema aporía.

    • Sr Jaime de B.

      No sé quién es usted, porque por eso tiene cuidado de esconderse tras el anonimato.

      Puede que usted sea un empresario, en cuyo caso yo le propondría que la próxima vez que tenga que despedir a un trabajador le pague usted una renta vitalicia para que así éste pueda aprovechar mejor su tiempo de ocio. No se le olvide decírselo de este modo porque, puesto que el ser despedido ha sido elección del trabajador, y se encontrará de muy buen humor.

      Puede que sea usted un trabajador asalariado en una empresa. En ese caso tampoco se preocupe, porque la próxima vez que haga una compra por internet podrá usted también hacer una donación por la misma cantidad a la asociación de pequeños comerciantes de su ciudad.

      Tal vez sea usted un pensionista. Felicidades. En ese caso, permítame aconsejarle que deje de ver tantas películas de guerra.

      Si usted es un estudiante, mi recomendación es que no se la juegue a encontrar en el futuro un alma tan caritativa como la suya y se lo empiece a tomar en serio.

      Enhorabuena por el supremo palabro!

  • Habiendo leido varias veces la entrada, reconozco que no la entiendo. Me pierdo en los "puentes institucionales del conocimiento" y no me ayuda que deban "sustentarse sobre pilares sólidos".

    Me preocupa mucho que "lo verdaderamente alarmante del debate político es la ausencia de la elaboración de un diseño de sociedad" ... ¿de verdad queremos una sociedad "diseñada"? ¿"diseñada" por quien? ¿"diseñada" para qué?. Yo no quiero que nadie me "diseñe" la vida y supongo que "la sociedad" es el conjunto de vidas individuales (aunque me pierdo en los conceptos).

    Cuando se "diseñan" sociedades todo lo que se necesita es "nuevo". El "creacionismo", además, esta abonado al "mito de Arcadia". Pero solo existen dos posibilidades:

    a) La sociedad en la que vivimos no ha sido "diseñada". En cuyo caso creo que los pobres ignorantes humanos sin diseño merecemos un respeto porque no nos ha ido tan mal desde los cazadores-recolectores. Y a mi, como a Gordon, no me impresionan tanto las "nuevas tecnologías" como el arco y las flechas, el neolítico o la taza de baño.

    b) Vivimos en una sociedad "diseñada" pero mal "diseñada", en cuyo caso lo clave es que los nuevos "diseñadores" muestren las credenciales que les convierten en mejores que los del pasado. Y ahí deberíamos ser inflexibles, porque "diseñadores" de sociedades los hemos tenido terribles!. Los peores episodios de nuestra historia surgen del intento de "diseñarnos" la vida.

    No creo que la dudosa recompensa merezca el riesgo cierto.

    • ¿No cree usted que los incentivos puedan modificar las conductas? ¿De verdad que nunca se ha enfrentado a un incentivo? Me gustaría conocerle en persona, para que me explique cómo ha conseguido desde el mismo momento de nacer atenerse a un plan propio individualísimo e inmodificable que le ha llevado siempre por la senda recta de lo verdadero.

      • Gracias Javier por su respuesta. Estoy convencido que los incentivos modifican las conductas y sí, en mi vida he estado expuesto a muchos: mis padres, mis empleadores y mi mujer como ejemplos de "incentivadores" que se me vengan a la cabeza.

        Pero no es el papel del Estado ser mi padre (y menos mi esposa). No es el Estado quien debe "diseñar" como debo ser y establecer los incentivos para conducirme por ahí. Nos ha costado muchos años llegar a que el estado acepte que tengo derecho a "perseguir mi felicidad" como yo la entiendo y que no "necesito" que un grupo de superdotados (sin duda muy bien intencionados) me "incentiven" para ser como ellos estiman que sería mejor que fuera (ni siquiera en el sentido de "nudge" de Thaler y Sunstein).

        Pero es que, además, ya sabemos que es muy fácil pasar de los incentivos para no tener muchos hijos a "prohibir" tener más de uno y, de verdad, no tenemos muy buena experiencia con los "diseñadores" de sociedades. De hecho la tenemos terrible, la desconfianza está más que justificada.

        • Gracias, José Pablo, por su comentario. Efectivamente, yo también creo que en la vida estamos continuamente sometidos a incentivos de distinto tipo, algunos buenos, otros no tanto. Yo sí que creo que el estado puede jugar un papel como corrector de los malos incentivos que recibimos a nivel personal durante la vida. Cuando era niño, en Elda, algunos de mis amigos esnifaban el pegamento que conseguían fácilmente en los talleres clandestinos de sus casas. Si estableces un programa de educación gratuita de 0 a 3 años, eso es un mecanismo corrector importante de los malos incentivos que puedes recibir dependiendo de dónde nazcas. Un ejemplo. Pero incluso admitiendo que el estado puede causar estragos en una sociedad a través de un (mal) diseño de incentivos, entonces podemos también admitir que la rectificación por parte del estado es posible (aunque sea simplemente a través de la eliminación de algunos de los malos incentivos), lo que en términos del ‘diseño’ de los mismos supondría una mejora neta. Una oposición a través de un examen que te blinda un puesto de trabajo de por vida es un mal diseño de acceso a la función pública, en mi opinión. Otro ejemplo.

          Siento el exabrupto anterior. Creo que, en su caso, usted no se lo merecía.

          • Sin duda hay un espacio (casi infinito) para eliminar "incentivos" del Estado con efectos muy "refrescantes" (Ud mismo ha defendido esquemas de tributación indirecta muy interesantes y que, desafortunadamente ni se debaten).

            Y sin duda pueden encontrarse ejemplos de incentivos del Estado que parezcan libres de "unintended consequences".

            Mi argumento es que no compensan los riesgos, porque es igualmente fácil encontrar ejemplos donde los incentivos han sido /serán terribles: los (des)incentivos al ahorro de un sistema de pensiones insostenibles que crea personas dependientes de un Estado que no les podrá mantener.

            El "diseño" de (des)incentivos al empleo nos han llevado a un mundo de empleos temporales perjudicial para la movilidad social de las personas (la misma que luego decimos defender, un tanto "mágicamente" con más educación).

            Los incentivos para aumentar la natalidad en un mundo en el que estamos de acuerdo que "sobra" impacto humano ¿?

            No conviene que quien "diseña" incentivos tenga el monopolio de la violencia. No conviene que quien "diseña" incentivos sea elegido por colectivos con ideologías (o intereses económicos o ambos) al servicio de las cuales se pueden diseñar los incentivos. Para mi es evidente que eso es un mal diseño institucional y muy peligroso (y si la historia sirve de guia ...).

            Entiendo la suya, pero en mi opinión los posibles beneficios que ud menciona no compensan los riesgos.

  • Creo que el artículo no es gran cosa (lo más peculiar es lo del Harvard Study of Adult Development; no hay nadie en economía diciendo estas mismas cosas?) y la “voluntad de estilo” literario en mi opinión no ayuda. Sobre todo, creo que el tono de las respuestas del autor en los comentarios es inadmisible.

    • Aquí va mi consejo: no pierda el tiempo leyendo mis entradas. Seguro que encuentra usted otros blogs y otros autores con los que podrá divertirse más desarrollando sus habilidades de francotirador aficionado.

    • Sr Ferri, yo también estoy sorprendido, con Daria, con el tono de sus respuestas, sobre todo por lo poco habitual que este tono es en su caso. Tiene mucho valor lo que Ud hace dedicando tiempo y esfuerzo a exponer sus opiniones en un foro en el que que sean (incluso duramente) criticadas es siempre una posibilidad. No le quepa duda que en el sentido Rooseveltiano (Teddy) del concepto usted es "the man in the arena", tal vez por eso este tono (tan poco habitual en su caso) se sienta poco apropiado.

      En particular la respuesta a Jaime de B.; con cuyos comentarios no suelo estar de acuerdo, pero que considero que son interesantes, bien estructurados y respetuosos con las opiniones que no comparte y aún así se esfuerza en entender.

      • El comentario de Jaime de B. no ha sido para nada respetuoso, y el de Daria mucho menos. Como usted dice, los editores y colaboradores de este blog dejamos tiempo y esfuerzo en nuestras entradas. Algunos de estos colaboradores tienen una paciencia infinita para encajar comentarios maleducados, sarcásticos o simplemente ininteligibles. Esto es en mi opinión intolerable. Discusión, por supuesto, pero hay unas mínimas normas de cortesía que muchos no cumplen, con el agravante de escudarse en el anonimato, lo que introduce un problema de información asimétrica que algunos comentaristas utilizan en beneficio propio. En mi caso, no voy perder el tiempo con gente que no se lo merece. Y sí, yo decido con mi criterio quien se lo merece, porque soy el receptor de los comentarios y porque creo que no estamos para aguantar cualquier cosa.

  • Estimado Javier, muchas gracias por el artículo. Ilustra de manera sencilla y bien tirada algunos de los retos más sobresalientes a los que nos enfrentamos, incluyo como reto el dotarnos de una clase política que no nos ofrezca caramelos de regaliz.

    Estoy de acuerdo en la parte propositiva del artículo. La educación como clave.

    Trabajo en proyectos de transformación digital de la industria y veo que además de los desafíos mencionados hay encima de la mesa otro temazo: la sostenibilidad, cambio climático etc.
    Dicen algunos expertos que nos encontramos ya en la era post-digital y que la agenda debe centrarse en el color verde.
    Nueva arma arrojadiza donde las haya, objeto de apropiaciones políticas y movimiento de masas. No hay más que ver a la joven escandinava que moviliza a masas de universitarios (fenómeno a analizar y desbrozar)

    Creo que se nos acumula el trabajo y que vamos tarde mientras masticamos inconscientemente los caramelos de regaliz.

    Gracias de nuevo, saludos
    Marina

  • Un par de ejemplos sobre la transición -revolución cientifica Mato, J.M., "Transformar el conocimiento en salud", en ¿Hacia una nueva Ilustración? Una década trascendente. Madrid, BBVA, 2018. y Tiwari, S., "El espíritu en la máquina. La nanotecnología, la complejidad y nosotros", en ¿Hacia una nueva Ilustración? Una década trascendente, Madrid, BBVA, 2018.

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