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¿Puede la situación económica explicar la incidencia del aborto en España?

En semanas recientes, hemos oído hablar mucho en los medios sobre el aborto en España, a raíz de la polémica propuesta de reforma de la ley del aborto de 2010 presentada por Alberto Ruiz Gallardón.

No tengo nada que añadir a este debate, de contenido fundamentalmente ideológico (aunque desde luego tengo mi opinión personal). Pero como trabajo en economía de la familia, sí que me interesa estudiar la incidencia del aborto y sus determinantes. En economía de la familia partimos del planteamiento de que cuando las personas toman decisiones de formación y disolución familiar (como matrimonio, fecundidad o divorcio), lo hacen teniendo en cuenta los costes y los beneficios (no sólo monetarios) de las distintas alternativas disponibles.

El aborto se engloba dentro de las decisiones relacionadas con la natalidad, que empiezan con las decisiones sobre actividad sexual y uso de métodos anticonceptivos. Ante un embarazo no deseado, se plantea la posibilidad de interrumpirlo o no, y la decisión podría verse afectada, además de por preferencias o ideología, por factores como la situación económica general o personal, el marco legal, o las políticas públicas relacionadas con la maternidad (permisos, ayudas, sistema de guarderías, etc). Si como sociedad nos importa la tasa de natalidad, nos debería interesar entender sus determinantes, a nivel agregado.

Desde esta perspectiva, quería aprovechar esta entrada para presentar y comentar los datos disponibles acerca de la incidencia del aborto en España y su evolución reciente, y también para reflexionar sobre la posibilidad de que variables económicas puedan estar relacionadas con el número de interrupciones voluntarias del embarazo, al afectar potencialmente a la decisión de llevar un embarazo a término.

Se ha enseñado bastante estos días el gráfico del número anual de abortos desde 1987 (el aborto se despenalizó en 1985). Lo reproduzco en la figura 1. En 1987 se registraron menos de 17,000 interrupciones voluntarias del embarazo en España, mientras que 20 años más tarde, en 2007, la cifra era de más de 112,000. Expresado en número de abortos por cada 1,000 mujeres entre 15 y 45 años, el aumento es de menos de 2 a más de 11 abortos (registrados) por 1,000 mujeres. La figura muestra un claro aumento a largo plazo, pero también una clara estabilización durante los últimos años, desde 2007 aproximadamente.

Figura 1. Número registrado de interrupciones voluntarias del embarazo, 1987-2012

Figura1

Fuentes: Ministerio de Sanidad, Instituto Nacional de Estadística, y Johnston archive.

Quizá más interesante que esta figura, sin embargo, es la evolución del número de abortos en proporción al número total de embarazos, es decir, la fracción de los embarazos que terminan en aborto voluntario (figura 2). El número anual de embarazos lo he estimado simplemente como el número de abortos registrados más el número de nacimientos registrados (faltaría por tanto contabilizar los abortos involuntarios y los no registrados). Según esta estimación, desde 1987 se ha pasado de un 4 a un 20% del total de embarazos interrumpidos voluntariamente. Contrariamente a la figura anterior, no se aprecia ralentización alguna en el ritmo de crecimiento. En los últimos años, 1 de cada 5 embarazos en España terminó en aborto voluntario.

Figura 2. Número de abortos en proporción al número total de embarazos (abortos más nacimientos), España 1987-2012

Figura2

Fuentes: Ministerio de Sanidad, Instituto Nacional de Estadística, y Johnston archive. Nota: La línea de puntos es una tendencia lineal.

¿Relación entre aborto y ciclo económico?

Desde un punto de vista teórico, no está claro si esperaríamos que la natalidad bajara o subiera durante una recesión económica. Al empeorar la situación económica, puede que las familias “demanden” menos hijos (“efecto renta”). Por otro lado, los hijos requieren tiempo, y en épocas de crisis, con salarios bajos y desempleo alto, el coste relativo de los hijos baja (el “precio” del tiempo de los padres), con lo que su demanda podría aumentar (“efecto sustitución”). ¿Qué efecto es más fuerte? En el caso español, la respuesta es fácil de visualizar si observamos la caída en el número de nacimientos desde el comienzo de la crisis en 2008 (ver figura 3). Tomando los últimos 26 años (1987-2012), podemos correlacionar la tasa de paro con el número de nacimientos (o la tasa de nacimientos por 1,000 mujeres). Un análisis simple de regresión muestra que, efectivamente, nacen menos niños cuando la tasa de paro es más alta. Un aumento de la tasa de paro de 1 punto porcentual va asociado a una caída aproximada del 1% en el número anual de nacimientos (más detalles ).

Figura 3. Número anual de nacimientos, España 1987-2012

Figura3

Fuente: Instituto Nacional de Estadística (www.ine.es).

¿Y los abortos? ¿Hay menos nacimientos en recesión porque se interrumpen más embarazos? Parece que no. En épocas de desempleo alto, también hay menos abortos. Por ejemplo, en la figura 1 se puede ver que a partir de 2007 se detiene el aumento a largo plazo en el número de interrupciones. Parece que en épocas de crisis, simplemente hay menos embarazos, y como consecuencia, menos abortos y también menos nacimientos. Parece que la gente “tomara más precauciones”, o deseara menos hijos en épocas de crisis (o, visto desde el otro lado, tomara menos precauciones o deseara más hijos en épocas de boom).

Vemos entonces que hay menos embarazos, menos abortos, y menos nacimientos en recesión. Aun así, si los factores económicos juegan un papel a la hora de optar por una interrupción, quizá esperaríamos que la proporción de embarazos que termina en aborto voluntario fuera más alta en épocas de crisis. Sin embargo, parece que este no es el caso. El análisis de los datos sugiere que el porcentaje de embarazos que termina en aborto no está correlacionado significativamente con el ciclo. Esto queda ilustrado en la figura 2, ya que la tendencia de la serie no cambia con el inicio de la recesión actual.

¿Sugieren estos resultados que los factores económicos no juegan ningún papel en la decisión de llevar o no un embarazo a término? No necesariamente. Otro enfoque para tratar de responder a esta pregunta sería fijarnos en un episodio concreto en el que se produjo una mejora repentina e inesperada en la situación económica (de las mujeres embarazadas). A principios de Julio de 2007, José Luis Rodríguez Zapatero anunció por sorpresa la introducción del “cheque-bebé”, una ayuda de 2.500 euros para todas las madres que dieran a luz a partir de ese mes. Uno de los objetivos de esta ayuda era incentivar la natalidad. Pero fijaos que un aumento de la natalidad podría suceder por dos vías: un aumento en el número de embarazos, pero también una posible caída en el número de abortos. Para poder detectar el segundo efecto potencial, conseguí datos mensuales del número de abortos para 12 de las 17 Comunidades Autónomas. Los datos muestran una caída inequívoca en el número de abortos inmediatamente después de la introducción del cheque-bebé.

Durante la primera mitad de 2007, tuvieron lugar de media 8350 abortos al mes en estas 12 CCAA (concretamente en Junio, 8357). En Julio de 2007, el número de interrupciones cayó a 7668 (un 8.2% menos), y se mantuvo bajo el resto del año (con media de 7430 abortos mensuales de Julio a Diciembre). Para descartar que se trate de un efecto meramente estacional, podemos comparar la situación de 2007 con los años circundantes. En 2008, el número de abortos aumentó en un 4.3% de Junio a Julio (un 3.7% en 2009). Es decir, parece plausible atribuir la caída en Julio de 2007 al anuncio de la introducción del cheque-bebé (más detalles ). La ayuda económica fue suficiente para hacer cambiar de opinión al 8% de las mujeres que habrían interrumpido su embarazo.

¿Qué concluimos con el análisis de datos que he resumido? El número de interrupciones voluntarias del embarazo registradas ha venido aumentando en España desde la despenalización del aborto en 1985, alcanzando el 20% del total de embarazos en años recientes. Esta tendencia creciente no parece verse afectada por el ciclo económico, aunque sí parece que en épocas de desempleo alto hay menos embarazos, lo que resulta en menos nacimientos y también menos abortos. Finalmente, ante un embarazo no deseado, la situación económica, y en particular el coste económico asociado a tener un hijo, parece afectar a la decisión de llevar o no el embarazo a término, como lo muestra la caída en el número de abortos tras la introducción del cheque-bebé en 2007.