El Impuesto-Dividendo CO2

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La Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés) publicó la semana pasada su último informe (), en el que establece que las emisiones de CO2 aumentaron el pasado año un 1.7 por ciento respecto al año anterior, hasta alcanzar la cifra record de 33.1 Gt CO2. Al leer este blog (aquí), o ver a los manifestarse en las calles y pedir cuentas a las élites políticas sobre el coste climático de todas nuestras decisiones pasadas, podríamos pensar que algo se está haciendo, o que algo se hará. Nada más lejos de la realidad a la vista del citado informe de la IEA. Recientemente, sin embargo, se ha abierto un apasionante en Estados Unidos entre los promotores de un Green New Deal (en la línea de lo que explicaban Juanfran Jimeno y Marcel Jansen el otro día) y un numeroso grupo de prestigiosos economistas a favor del impuesto-dividendo CO2, una iniciativa promovida por el , en el marco del llamado . Hoy nos centraremos en la propuesta del “Carbon Dividend”.

La política que defienden el grupo de economistas que expresan su apoyo al “Carbon Dividend” (y que se puede encontrar , así como los nombres de los firmantes) contiene cuatro medidas (“pilares”):

1. Un impuesto creciente a las emisiones de CO2 en aquellas empresas que introducen las energías fósiles en la economía, sea a través de refinería, mina, pozo o puerto mercante. Los economistas sugieren empezar con 40$ la tonelada y aumentar el impuesto progresivamente.

El gráfico que mostramos a continuación da una idea de la magnitud de la que estamos hablando. Concretamente, el gráfico muestra la evolución de las emisiones de CO2 (en Millones de toneladas, Mt) que la IEA imputa a la generación de energía (combustibles consumidos en el transporte, junto a generación de electricidad y calor). Dichas emisiones representan aproximadamente tres cuartas partes de las emisiones totales de gases de efecto invernadero (más aquí). Las tres series que muestra el gráfico corresponden a las emisiones globales (escala derecha, hasta las 32.4 Gt en 2014, el último de la base de datos de la IEA que manejamos) y para los dos principales países emisores: Estados Unidos y China (escala izquierda). La observación más importante es hasta qué punto las emisiones globales siguen las de China, que es el emisor líder desde el año 2005 en el que alcanzó unas emisiones de 5.4 Gt al año.

Gráfico 1. Emisiones CO2 por generación de energía (Mt)

2. Los ingresos derivados de esta política, y de aquí el formato de impuesto-dividendo, son devueltos a los hogares mediante una transferencia igualitaria (lump-sum, por persona) cada trimestre. Dicha transferencia iría creciendo a medida que se fuera elevando el impuesto.

Por ejemplo, Estados Unidos lanzó al aire 5176 millones de toneladas de CO2 en 2014. Gravando esas emisiones a 40$ la tonelada (que los expertos dicen que no es poco), el gobierno federal recibiría 207.040 millones de dólares EE.UU., lo que supone por ejemplo casi el 30 por ciento del . Las cifras son formidables.

La propuesta tiene dos puntos adicionales sobre los que hoy no podemos reflexionar por falta de espacio (y porque en realidad, cada uno merecería su propio post):

3. Una política de aranceles selectivos que gravaría las importaciones intensivas en fuentes energéticas que emiten CO2, así como de compensaciones a las empresas que hayan soportado el impuesto y que exporten a países donde no se haya adoptado una política similar. (La senda de emisiones de China en el Gráfico 1 ilustra bien sobre la importancia de este punto)

4. Simplificar el marco regulatorio para evitar doble imposición y abandonar poco a poco los sistemas de subsidios y compra de derechos de emisión (recordar aquí).

En este post queremos reflexionar sobre los elementos 1 y 2 de estas medidas.

¿Impuesto creciente o decreciente en el tiempo?

Esta es una pregunta clave. La discusión social que tenemos actualmente tiene una gran división generacional: los jóvenes se preocupan más por el futuro que los mayores, y la gran cuestión es quién paga la factura. De ahí que sea clave elegir el esquema impositivo. En cualquier estudio que escojamos, el esquema impositivo recomendado como óptimo depende de varias cosas: de cómo valoramos el futuro respecto al presente y de la estimación que hagamos del coste económico del cambio climático en ese caso. Es decir, en ausencia de una preferencia pura por un medio ambiente limpio, tenemos que sopesar qué coste económico nos importa más: el del daño climático o el de las políticas destinadas a luchar contra el cambio climático. Nada es gratis. La miríada de trabajos sobre imposición óptima (véase , por ejemplo) nos dicen que la respuesta a esta pregunta depende de la evolución temporal del coste marginal de cambio climático (medido en consumo). Si el coste marginal es creciente, dado que la utilidad marginal del consumo cae cuando se consume más, lo óptimo es un impuesto creciente en el tiempo.

La evolución temporal del impuesto incide en la economía de diversas maneras. Para empezar, determina la distribución intergeneracional de los costes contra el cambio climático. Que los jóvenes de ahora y las generaciones futuras no sean las que soporten el coste de esta política depende de dos cosas: Primero, del grado de altruismo de las familias y de lo fácil que sea transferir renta presente al futuro para hacer frente a esas cargas fiscales venideras (técnicamente, de si existe equivalencia ricardiana). En segundo lugar--- lo que nos lleva a la segunda manera en que los impuestos afectan a la economía--- de la respuesta de la demanda de energía al aumento de la presión fiscal sobre su consumo (concretamente, de su elasticidad). Cuando el precio aumenta (debido al impuesto) se produce una caída de la demanda de energía de origen fósil, un aumento de la demanda de energías limpias y un aumento del beneficio de innovar para aumentar la eficiencia. La IEA, en su informe , estima que las mejoras en eficiencia energética pueden contribuir en un 35 por ciento al objetivo de reducción de emisiones marcado en el para 2050.

En nuestros trabajos sobre precios energéticos y adopción de tecnologías energéticamente eficientes (véase y ) hemos simulado el efecto de poner impuestos al consumo de energía. Un aumento permanente en el precio hace que caiga la intensidad energética porque se invierte en tecnologías más eficientes. El que esa caída en la eficiencia traiga, además, una reducción en el nivel absoluto de uso energético de origen fósil depende de lo que los economistas llamamos “efecto rebote” o “rebound effect” (véanse algunas referencias). Hay efecto rebote si, a pesar de invertir en tecnologías más eficientes, el uso energético aumenta porque invertimos mucho más. En nuestros trabajos estimamos que un aumento permanente en el nivel del precio (debido a un impuesto ad valorem constante en el tiempo) provoca una caída proporcional en la intensidad energética agregada (la intensidad es la inversa del índice de eficiencia) y deja el uso total prácticamente inalterado por el efecto rebote mencionado (más eficiencia, pero más inversión). En cambio, un precio creciente de la energía hace que la eficiencia energética vaya aumentando en el tiempo y trae una reducción sustancial y sostenida en el uso total de energía.

Obviamente no solo nos importa si el impuesto es creciente en el tiempo. También importa el nivel concreto del impuesto. Esto es una cuestión más delicada, porque los efectos del nivel dependen de la tasa a las que las familias descuentan el futuro. Como muestra , si la tasa de descuento es 1.5%, el impuesto sería unos 35.7$ por tonelada, lo que no está lejos de los 40$ de la propuesta. Alternativamente, y en caso de ser más altruistas con las generaciones futuras, el impuesto se puede elevar hasta los 500$ (una tasa de descuento del 0.1%).

Una propuesta alternativa al impuesto creciente es la de ), que recomiendan aplicar un IVA decreciente al precio de las energías de origen fósil. Bajo unos supuestos específicos sobre la evolución de la inversión, los costes de extracción del recurso natural y la evolución del daño climático, GHKT14 muestra que el efecto dominante es el de la . Es decir, para prevenir que el dueño de los recursos naturales (un monopolio privado, por cierto) inunde el mercado con energía sucia y barata, hay que incentivarle con un impuesto decreciente. De esta manera se consigue que vaya posponiendo la extracción del recurso y se evita la “Green Paradox”.

Conviene destacar que el impuesto al carbono va dirigido a gravar a las empresas que producen o suministran la energía de origen fósil, no a los usuarios finales de esa energía. Esta distinción es importante. La empresa, en buena lógica de mercado, intentará repercutir el impuesto al consumidor final, cuya respuesta dependerá de la elasticidad de la demanda. En este sentido, la competencia de empresas que produzcan o suministren energías limpias (y no sujetas al impuesto) será esencial. La cuestión a debate es entonces: ¿Gravamos a los que suministran energías sucias (impuesto-dividendo CO2) o subvencionamos a los que producen energías limpias emitiendo deuda pública (New Green Deal)? Tenemos la sensación de asistir a un “ revival,” que es bastante técnico, y en el que profundizaremos en otro post. Solo dos apuntes:

- Se grava la externalidad: un coste generado por una actividad que es soportado por un agente distinto al que la realiza. Por ello, gravar al que produce la externalidad es una manera de trasladarle el coste que impone a la sociedad. Lo ideal sería que el impuesto reflejara el daño social de las energías sucias. Es decir, la asignación de mercado no es eficiente, y el impuesto al carbono será distorsionante en la medida que sea mayor que el daño social que mitiga, provocado por el suministro de energía de origen fósil.

- Las subvenciones premian a las empresas menos productivas entre las que produzcan energías renovables mientras que los impuestos perjudican a las empresas menos productivas que producen energías de origen fósil.

¿Por qué un carbon dividend?

La experiencia internacional de gravar las emisiones de CO2 (y otros gases de efecto invernadero) es reducida. Recientemente, Andoni Montes ha publicado ) un informe en el que repasa diversos aspectos institucionales de la imposición ambiental en España en relación a la experiencia internacional. Los países que gravan las emisiones lo hacen de manera diferente, con soluciones distintas al problema de la doble imposición y con exenciones particulares a sectores concretos, trayendo de rondón una política industrial encubierta (el caso de Suecia es paradigmático y volveremos a ello en otro post –se nos van acumulando-- para hablar del punto 3 de la propuesta).

Más novedoso aún que la propuesta de gravar las emisiones en origen en vez del consumo final, lo es la propuesta de que esta política sea fiscalmente neutra: es decir, que se devuelva los ingresos fiscales en forma de transferencias igualitarias (lump-sum) a las familias. Este “carbon dividend” tiene dos objetivos: por un lado, evita el rechazo de la ciudadanía y, por otro, alivia, aunque sea parcialmente, la regresividad del impuesto. No solo eso, sino que el dividendo, junto con el tamaño de la base imponible (en este caso, las empresas que pagarían el impuesto) nos da una medida del éxito de la política: su éxito sería que, en el largo plazo, el dividendo fuera cero porque no se recaudara nada por desaparición de la base imponible. Además, conviene recordar que la progresividad de una transferencia igualitaria (T=a; la menos progresiva de las transferencias lineales del tipo T=a-bY, a,b>0) aumenta si se fijan los umbrales de renta adecuados.

¿Energía y crecimiento económico?

En un artículo reciente (, Díaz et al., 2018) analizamos la relación entre uso de energía y el crecimiento económico registrado en una muestra de 134 países en el período 1960-2010. El Gráfico 2 a continuación (que es el 1 de Díaz et al., 2018) ilustra sobre la interacción entre la evolución del PIB real per capita de los distintos países, y los cambios en su intensidad energética y en la participación de las energías limpias en su mix energético primario. A partir de la evidencia preliminar que sugieren las nubes de puntos correspondientes que representamos, implementamos un análisis dinámico de los datos de panel en el que incorporamos las variables de control típicamente utilizadas en la literatura de crecimiento económico (medidas del capital físico y humano, condiciones socio-económicas, índices de calidad institucional y de política económica, entre otras). Encontramos una relación positiva y significativa entre reducciones en intensidad energética y crecimiento económico. Este resultado ya estaba sugerido en la literatura relacionada para algunas regiones y periodos, pero nosotros lo obtenemos a nivel global y para un periodo suficientemente extenso. También mostramos que la sustitución en el mix energético primario de energías fósiles por renovables no parece ir asociada a un mayor crecimiento económico a nivel global de forma general. Sólo cuando se sustituye energías fósiles por energías renovables “de frontera” (solar, viento, olas, geotérmica; por oposición a “convencionales”: hidroeléctrica y biomasa) y sin que aumente la intensidad energética, encontramos que el uso creciente de energías renovables va asociado a un mayor crecimiento del PIB.

Estos resultados sugieren que el impuesto al carbono puede tener un “efecto multiplicador” si la demanda se orienta hacia las energías renovables “de frontera”.

¿Y España?

Queremos terminar este post con una breve mención. En España los consumidores finales pagamos una electricidad muy cara porque aún no hemos resuelto bien la organización de la competencia entre las eléctricas (ver aquí y aquí). La aplicación de un impuesto-dividendo al carbono, para que no se repercuta íntegramente a los consumidores finales (de nuevo: se repercutirá más cuanto menor sea la elasticidad de la demanda), necesita de un desarrollo previo de la política de defensa de la competencia. También habrá que tener presentes a los grandes consumidores energéticos, a menudo tan imprescindibles para la economía.

Gráfico 2. Evidencia sobre Renta, Intensidad Energética y Energía Renovable.

Fuente: Díaz et al (2018)

Hay 29 comentarios
  • Buen post, aunque no veo la incompatibilidad entre el Green New Deal y el “carbon fee”. Yo iria por ambos. En cambio, no veo nada claro el “carbon dividend”. Me sobra el párrafo de España, sinceramente.

    • Estimado Justo:

      Gracias por tu comentario. Respondo por partes.

      1. El "carbon fee" supone gravar la externalidad negativa para que el emisor internalize los costes que impone a la sociedad: es una manera de restaurar la eficiencia del mercado. La teoría nos dice que hay que subvencionar (solo) a quien crea externalidades positivas. A menos que identifiquemos precisamente esas externalidades positivas, las subvenciones que defiende el New Green Deal distorsionan los precios de mercado y conducen a ineficiencias.

      Incluso si las energías limpias crearan externalidades positivas, hay que saber cuánto y cuáles; lo cual parece más costoso informacionalmente que gravar la externalidad negativa. Además, las subvenciones desaniman la innovación.

      Estas razones sugieren que el New Green Deal puede ser de dudosa eficiencia. Además, nos queda el problema de cómo lo pagamos, que sería con deuda. Una parte de esa deuda la pagarán las generaciones futuras, eventualmente con impuestos más altos (salvo que vayamos a crecer más). Si eso ocurre, flaco favor les hacemos: les dejamos el planeta sucio y que ellos paguen la factura. Además, al posponer la imposición, el mensaje que mandamos es que subiremos los impuestos en el futuro --donde esperamos que el mix energético sea más "verde" que ahora. Es decir, es un mensaje hoy que dice que gravaremos a los "verdes" en el futuro. Esto reduce la rentabilidad presente de invertir en energías limpias, que necesita de un horizonte largo para ser rentable. En fin, que el problema es fundamentalmente dinámico.

      Todo parece sugerir que el carbon tax es (1) eficiente y (2) más sencillo de llevar a la práctica política.

      2. El carbon dividend, tal y como está descrito, es la propuesta para EEUU que no tiene que ser necesariamente la más deseable y políticamente aceptable en otro país. Indudablemente, el impuesto sobre las energías sucias lo pagan (se repercute a), en una proporción mayor, los agentes con menos recursos. En ese caso es deseable una transferencia dirigida especialmente a los agentes con menos recursos: es decir, más progresividad que “T = a”.

      3. En cuanto a España, nos parece razonable pedir que se eliminen las tremendas distorsiones del mercado energético español antes de gravar a los emisores de CO2 dado el gran poder de mercado que tienen las grandes empresas energéticas.

      • Las externalidades positivas invitan a inversión pública (educación, sanidad, i+d).
        Así entiendo el Green New Deal.
        Preguntas que cómo se financiaría. Con el carbon fee, obviamente. Por eso te decía que ambas podrían ir de la mano.
        En cuanto a España, el mercado mayorista no es menos competitivo que en otros países. El problema lo tenemos en los costes regulados.

        • Hola de nuevo, Justo:

          Tú estás pensando que las energías renovables tienen externalidades positivas, yo no lo sé. Si así fuera, tu propuesta de política tiene sentido, claro (financiar las subvenciones con el carbon dividend). Yo no lo tengo tan claro pero eso es algo a estudiar. Después tenemos el problema de que las familias con menos recursos son las que más sufren el carbon tax (de ahí una redistribución progresiva de los ingresos del carbon tax).

          Saludos,
          Antonia

    • Efectivamente el párrafo sobre España no añade nada a una entrada ya de por si bastante extensa y, además, carece de base empírica.

      Suponiendo que la autora se refiere al negocio de generación (la distribución es un negocio regulado), la realidad es que:

      * El índice HHI del mercado de generación español es bastante más bajo que el de banca o telecomunicaciones o supermercados o muchas otras de nuestras industrias. Para quien tiene un martillo todo son clavos así que tal vez todos los mercados nacionales sean poco competitivos pero no en particular el de generación

      * Los mercados de generación de Francia (EDF) o Italia (Enel) e incluso Alemania (RWE y EON) son más concentrados que el mercado de generación español. De nuevo tal vez los principales mercados europeos son poco competitivos.

      * La generación supone, aprox, el 50% del negocio final y los márgenes de Iberdrola fueron (2018) del 8.5% de las ventas (mezclan distintos negocios y países pero sirva de referencia). Incluso llevando a cero los beneficios (poco sosteniblees seguramente) el impacto en precio sería en el entorno del 4%.

      En la respuesta la autora parece referirse, a mercados energéticos generales. Si habla de la gasolina convendría recordar que en el precio final los impuestos suponen un 50% muy superior al porcentaje que suponen los beneficios empresariales (los de Repsol son un 5.5% de las ventas). Los beneficios empresariales no son la parte más substancial del precio de venta.

  • Buenas tardes,

    Lo primero, felicitaros por el artículo, creo que el tema es muy pertinente y de cara a que las políticas sean lo más efectivas posibles, es necesario preguntarse por sus verdaderos efectos.
    Por otro lado, me gustaría señalar que no hacéis referencia al mercado de emisiones, ¿sería esta una medida compatible con dicho mercado? ¿Lo sustituiría?

    Un saludo,

    • Gracias, ENP. En efecto; la idea es que el carbon tax-dividend sustituya al mercado de emisiones. Es cierto que, implícitamente, el mercado de emisiones es una manera de hacer que los agentes que contaminan internalicen la externalidad pero, en su versión actual, los mercados de emisiones son demasiado complejos y a la vista está que no han sido efectivos. De alguna manera, el carbon-tax es un mercado de emisiones--hay que pagar el impuesto si quieres llevar a cabo actividad económica contaminante. En cualquier caso, lo novedoso de esta propuesta de carbon-tax es que supone gravar la energía en origen: en refinería, puerto, etc, no a los agentes finales.

      Un saludo,
      Antonia Díaz

  • Hola,

    He visto que ademas de los economistas firmantes, varios de los co-autores del plan son antiguos cargos de la administracion Bush, y tambienque entre los patrocinadores hay varias empresas petroleras. No me considero nada conspiranoico, pero aun asi me choca bastante. ¿Algo que comentar al respecto?

    Un saludo,

    • Gracias por el comentario, Carlos.

      No parece que sea tanto un conflicto de intereses (oscuros) como una diferencia de enfoques de política fiscal (que se exige a los gobiernos) para combatir el cambio climático.

      Cada enfoque conduce a diferentes implicaciones de política económica: impuesto frente a regulación y subsidios, implicaciones que se sostienen en parte sobre principios básicos de economía y en otra parte sobre creencias de política económica.

      Los testimonios de ilustres economistas recogidos en este otro blog post

      pueden ser bastante reveladores sobre el debate que hemos apuntado al principio del nuestro, y que después etiquetamos como un “saltwater – freshwater revival” bastante técnico. Esperamos volver sobre ello en el futuro.

      Lo de las intenciones de las grandes empresas (petroleras y no) ..siempre es más complicado de analizar. Cualquier comentario al respecto es desde luego bienvenido.

  • Aunque no es el propósito del post, rescato del post la breve referencia a la investigación sobre energía y crecimiento. Lamento que sea breve porque el análisis de la “energía” no es común entre los economistas (se habla mucho de energía pero por la preocupación por el calentamiento global). Hablar de “energía” ignorando lo poco que sabemos de su historia —una cuestión difícil por los grandes cambios habidos desde nuestra prehistoria y las largas transiciones entre cambios— no parece prudente. Buena parte de ese poco está en las investigaciones de Vaclav Smil, sintetizadas en su último libro Energy and Civilization-A History (MIT, 2017). Pero tan importante como esta síntesis son sus muchas investigaciones (ver ). El único ejemplo que conozco de introducir “energía” en una teoría de la historia económica es el planteamiento de Ken Boulding (ver su EcoDynamics, 1978) de que la “energía” era un argumento en la función de producción (ver su EcoDynamics, 1978, capítulos 5 y 6), pero no descarto que otros hayan hecho intentos similares. Nos quejamos cuando una idea abstracta que pretende incluir muchas cosas concretas es difícil de precisar y medir (más cuando la inclusión implica agregación y por lo tanto la suposición de sustitución perfecta), y por eso más sorprende que los economistas que han estado refiriéndose a “energía” en los intentos de explicar el calentamiento global ignoren el trabajo de Smil.

    • Hola Enrique Uno:

      Gracias por tu comentario. Tengo que hacer una precisión: los microeconomistas sí que llevan tiempo hablando de la formación de precios de energía y los problemas de falta de la competencia. Hay también trabajos aplicados donde se estima los efectos de cambios de precios y/o marcos regulatorios en el proceso de innovación y la estructura de ciertos mercados. La lista es larga y está en las referencias señaladas en el post. Lo que sí que hay menos es modelos macroeconómicos de crecimiento donde se modele el uso energético y el daño climático. Por eso le dieron el premio Nobel a Nordhaus. Quizás no se dice exactamente así, pero la energía forma parte de la historia del capitalismo: desde que se inventó el motor de explosión, luego la electricidad, etc. La mayor parte de los grandes saltos tecnológicos son, también, revoluciones energéticas. Y para qué vamos a hablar de la importancia de la energía en las guerras. No conocía a ese autor, le voy a echar un vistazo. Saludos,
      Antonia

  • El análisis de la investigación sobre energía y crecimiento se justifica por referencia a otros análisis aparentemente similares en que el crecimiento se relaciona con otras ideas “abstractas”. Estas ideas reflejarían “social targets”, o mejor todavía “social pillars”, y el propósito de los análisis sería establecer que sus relaciones con el crecimiento son compatibles (o selfreinforcing, o “enhance growth”, o “causal”).

    Esa justificación, sin embargo, no hace falta porque, sin explicación clara, los investigadores pronto se centran en la intensidad energética de la producción y la participación de energías renovables. En el resto del paper, dejan claro que han encontrado evidencia estadística fuerte de que a mayor intensidad, menor crecimiento. No he revisado el indicador de intensidad energética usado, pero me hubiera extrañado que NO se encontrara esa evidencia fuerte porque la intensidad energética refleja (o debiera reflejar si está bien medida) el costo de la energía necesaria para producir algo, y bien sabemos que, ceteris paribus, cuanto mayor el costo, menor la producción (o mejor dicho, nunca mayor). No hace falta agregar energías renovables cuando se hace un análisis detallado de las distintas fuentes de energía y se conoce la historia del costo creciente de las fuentes viejas. El problema es, como bien dice y analiza Smil en sus investigaciones, la transición hacia nuevas fuentes.

    • Hola Enrique Uno:

      El análisis sobre energía y crecimiento tiene muchas justificaciones. Una de ellas --la primera que se investiga desde los años 80-- es el efecto de la volatilidad de los precios energéticos sobre la actividad económica. La segunda se debe al cambio climático.

      Nuestro indicador de intensidad energética es real: no está contaminado por las variaciones en los precios de las fuentes energéticas. Por eso la correlación intensidad energética-crecimiento no es tan simple como tú dices. Es un indicador del tipo de tecnología usada.

      Sí que hace falta agregar energías renovables al análisis energía-crecimiento por razones obvias: porque cada vez se usa más y el objetivo es que solo se use energías limpias y renovables en un futuro próximo.

  • Para entender las nuevas fuentes es importante conocer la historia de la energía. Las fuentes no-fósiles conocidas hoy son varias y la investigación científica y tecnológica para mejorarlas se ha intensificado como resultado de una intención clara de reducir el uso de recursos fósiles —intención que no es consecuencia de la prédica de los políticos sino del reconocimiento del costo creciente de los recursos fósiles en los últimos 50 años (agregaría acelerada por acciones políticas).

    Como siempre la transición es y será larga, independientemente de las promesas de los políticos y de las predicciones optimistas y pesimistas de quienes alegan saber más de lo que realmente saben. El aprovechamiento político de esa intención e investigación poco o nada ayudará a acelerar la transición; peor, quizás la retrase. Por suerte, hay algunos investigadores con posiciones distintas sobre el tema, algo que favorece el desarrollo de fuentes alternativas y más importante su evaluación seria. Un ejemplo de ese desarrollo es el avance en energía nuclear (ver ) pero que difícilmente algún economista se atrevería a evaluar seriamente.

    • Gracias por traer a colación la energía nuclear. Claro que nos atrevemos a evaluarla seriamente. La cuestión básica en este tema es cómo se produce una evolución ordenada del mix energético paro luchar de forma eficaz contra el cambio climático. En esa evolución ordenada, es mi opinión, no podrá dejarse de lado la energía nuclear. Pero todo es cuestión de hacer números. Y, sí, la energía nuclear, por razones obvias, despierta recelos. Somos aversos a las grandes catástrofes. En cuanto a lo que hagan los políticos, no puedo responder por ello.

      Saludos,
      Antonia

  • Muy interesante el planteamiento de la tasa y su apoyo intelectual. En su versión más actualizada, eliminadas las referencias a eliminar las regulaciones de la era Obama, hasta 27 premios nóbel la apoyan

    Solo tiene un problema "práctico": la gente no la quiere. El Estado de Washington voto 2 veces contra la introducción de esa tasa con planteamientos muy diferentes sobre qué hacer con los ingresos (revenue neutral o finalistas) y en Francia el intento de introducir el impuesto a las emisiones también se paró "quemando el país" (no se votó).

    No es que yo piense que la voluntad de las personas (en su mayor parte tan ignorantes) sea una razón relevante para parar a 27 premios nobeles pero es sin duda un inconveniente.

    La gente "sospecha" que el impacto sobre su calidad de vida de la tasa del carbón es superior a la del cambio climático. Y eso aplicando las tasas de descuento y equivalencias ricardianas "reales" y no las "modeladas por los sabios".

    Es dificil ocultar el populismo del "lump-sum" propuesto que busca (con una renuncia intervencionista deliciosa) ganar un apoyo que no existe. Los planificadores centrales deberían, por ejemplo, proponer aplicar los nuevos ingresos a reducir los impuestos al trabajo: es difícil argumentar que una tasa al carbono reduce las emisiones pero que los impuestos al trabajo no tienen efecto sobre la cantidad de trabajo disponible ... aunque seguro que hay algún "teórico" que se anima

    • La tesis de los defensores del impuesto al CO2 es que un impuesto moderado a las emisiones de CO2 puede contribuir "mejor" que otras alternativas a la reducción de la intensidad energética, y a acelerar la sustitución de consumo de combustibles fósiles por energías limpias.

      En el post explicamos qué factores determinan el perfil temporal adecuado del impuesto, y qué hacer con la recaudación si se desea que ésta sea neutral al presupuesto. Además, presentamos evidencia sobre la correlación positiva entre reducciones de intensidad energética y crecimiento económico, y que se acompaña de una mayor participación en el mix energético de energías renovables "de frontera."

      En efecto, es posible que fuera "mejor" compensar a los ciudadanos a través de otros impuestos distorsionantes en vez de con una transferencia igualitaria. En todo caso, un argumento a favor del impuesto al CO2 es que es una alternativa adecuada al desarrollo de regulación y subvenciones complicadas, y siempre con el objetivo combatir el cambio climático.

      • Gracias Luis. La medida es muy sensata, por eso tiene pocas probabilidades de implementarse.

        En España su implementación es directamente imposible porque perjudica a los taxistas. De tratar de implementarla y tras meses de bloqueo de las ciudades y agresiones a los defensores de la medida, lo que sucederá es:

        * El Gobierno central decidirá que la competencia sobre la tasa es de las CCAA
        * Las CCAA decididirán que la tasa se carga 15 minutos después de repostar y solo a quien permanezca en la gasolinera después de ese tiempo. Los ayuntamientos podrán modificar ese lapso.
        * Dada la baja representación de las mujeres en el colectivo, las taxistas estarán bonificadas. Las viudas recibirán un ingreso por t de CO2 emitido
        * Los padres de familia numerosa estarán exentos para fomentar la natalidad
        * Los nuevos centros de producción que se establezcan en la Bahia de Cadiz estarán exentos.
        * Las fábricas con más de 100 empleados estarán exentos. Además recibirán una bonificación que dependerá, a través de un algoritmo, de su inversión en I+D y del número de puestos indefinidos creados.

        La implementación de la tasa necesitará de millones de páginas en el BOE y no eliminará subvenciones ni regulación existentes (los beneficiados no se dejarán).

        No es racional olvidar lo que son (esencialmente) los Gobiernos. Esperar otra cosa es olvidar lo que las Democracias actuales son: "esa falacia por la cual todo el mundo cree poder vivir a costa de todos los demás" (M. Friedman).

  • "el dueño de los recursos naturales (un monopolio privado, por cierto)". Es muy curiosa esta afirmación. ¿se refiere la autora a Saudi Aramco, Gazprom, National Iranian Oil, Rosfnet, Pemex, Petrobras, PDVsa (aunque esta cada vez más irrelevante), YPF, China National Petroleum, ...?

    Si algo caracteriza al sector petrolífero mundial es su capacidad para generar ingresos para las arcas del estado (incluso antes de la tasa al CO2): via impuestos (50% del precio), via royalties, via beneficios de las empresas estatales y, sobre todo, via un cartel con "luces y taquígrafos" como es la OPEP que sería no ya ilegal sino impensable si no estuviera formado por gobiernos nacionales.

    Es curiosa que las numerosas referencias de la autora a la falta de competitividad en el sector energético ni siquiera mencionen a la OPEP ¿no es relevante en el "esquema competitivo" del sector?. De hecho si lo que parece sugerir la autora (que la recaudación de una tasa al CO2 se puede compensar con una reducción de los márgenes empresariales), la tasa propuesta supondría una transferencia de riqueza desde los gobiernos productores a los individuos consumidores.

    No sucederá eso. Las empresas no pagan impuestos, los pagan sus accionistas, sus empleados o sus consumidores dependiendo de las "elásticidades relativas" que, dada la imposibilidad de medirlas, no es otra cosa que la jerga que emplean los economistas para decir que no tienen ni idea de quien lo hará.

    • Hola Jose Pablo:

      "El dueño de los recursos naturales (un monopolio privado, por cierto)" es una de las frases con que describimos el marco teórico del artículo de Golosov, Hassler, Krusell y Tsivynski.

      La casuística del tipo de competencia imperfecta de cada mercado en particular no es parte del mensaje de este post.

      Dices que "no sucedera eso". Imagino que tienes un modelo estructural macroeconómico en el que te basas para hacer esa predicción. Siempre puedes compartirlo.

      • Gracias Antonia. Habrá que convenir entonces que el artículo no se refiere al mercado del petroleo, que (al menos en su parte upstream, la "dueña", que tampoco, del recurso) ni es un monopolio ni es privado.

        El impacto de los nuevos costes no será absorvido por un solo agente, su reparto entre consumidores, accionistas y empleados es impredecible "ex-ante", no importa que modelo estructural macroeconómico uses. Y lo es por una razón epistemológica: no "existe" hoy, depende de ideas y acciones que a los agentes se les ocurriran cuando el shock externo se produzca, del ingenio de los responsables de comercialización, marketing, producción, RRHH, sindicalistas implicados, .... .Todo ello "path dependent" y contingente en ese caso y momento concretos.

        Creo interesante lo que afirmó Warren Buffet, que en más de una reunión de pricing "real" ha participado, preguntado por esta misma cuestión (el efecto sobre precios finales de la reducción de impuestos USA):

        * No consultó ningún modelo macro (en la misma reunión ya había afirmado que "si tu empresa tiene un economista en plantilla tiene un economista más de los que necesita"). En las reuniónes de pricing "reales", además, incluso afirmar que "correlación no implica causalidad" conlleva tu inmediata expulsión por pedante

        * En los negocios regulados el pass-thru a precios es inmediato (las retribuciones reguladas se fijan "después de impuestos").

        * En los negocios no regulados que no tenía ni idea y que solo el tiempo lo diría.

        • José Pablo:

          En nuestro post hemos descrito una propuesta y sus virtudes potenciales.

          "que no tenía ni idea y que solo el tiempo diría". Ya veo que W. Buffet tenía la virtud de la prudencia, que tanto escasea.

          Buenos días.

  • Conviene sospechar también si alguna vez "aparecerá" realmente esa recaudación adicional que los gobiernos quieren repartir via "lump sum". Ya sé que no suele suceder, pero ¿a ver si el gobierno nos va a prometer algo que luego no puede/quiere cumplir?. Seguramente los ciudadanos también sospechan eso cuando rechazan estas cosas.

    Si el impuesto son $40 la t y las emisiones de un litro de gasolina son 2.3 kg/litro eso significa (si no me equivoco) un impacto de 9 céntimos por litro (40*0.0023). En España, por cada litro de gasolina el estado recauda unos 63 céntimos (no conviene olvidar que los impuestos especiales además tienen IVA!!). Yo creo que eso significa que si el impuesto reduce el consumo de gasolina en un 14% el Estado no tendrá recaudación adicional y, por tanto, no tendrá nada que repartir (aunque a lo mejor aumentan deuda para hacerlo ... que no creo ¿no?).

    Es curioso que no acabemos de vacunarnos contra las buenas voluntades de los impuestos finalistas ni contra la capacidad "predictiva" de los modelos económicos ni contra nuestra capacidad para "diseñar" quien paga realmente un impuesto simplemente porque podemos determinar "por decreto" quien es el sujeto pasivo.

  • Que 27 premios Nobel apoyen la idea no nos dice necesariamente que la idea tenga que ser buena, nos puede estar diciendo que el nivel científico de los premios Nobel de economía siempre fue muy bajo.

    Yo le pregunto a Antonia Diaz, des pues de las siguientes afirmaciones ....

    - Si no quieres que se cazen ballenas lo que se hace es prohibir su caza.
    - Si no quieres que tiren basura a los ríos lo que haces es prohibir que la tiren.
    - Si no quieres que tiren residuos radiactivos a la fosa atlántica lo que haces es prohibirlo.
    - Si no quieres que los coches contaminen el centro de tu ciudad lo que haces es prohibir que circulen por el centro.
    - Si no quieres que las mujeres tengan salarios inferiores a los hombres lo que haces es prohibir que se puedan contratar por un menor salario.

    Mi pregunta para esos 27 premios Nobel es ...

    ¿por que sencillamente no se reduce por ley la producción de CO2?

    ... y se dejan de tonterías de externalidades negativas que quedan muy bien para que te den un premio Nobel pero que no sabes por donde pueden terminar saliendo en este asunto tan complejo.

    ¿Donde esta el problema en prohibir las emisiones de CO2 paulatinamente? ...¿Que no es lo suficientemente sofisticado para las poderosas mentes de los 27 premios Nobel?...¿Es demasiado burdo para ellos?

    • Gracias por tu comentario Pedro. En según qué áreas la forma elegida de regulación es la prohibición. Se prohibe fumar en todos los sitios públicos
      En ese caso, medir las emisiones de cada individuo y hacen que paguen una tasa para internalizar la externalidad es muy complicado y lo más fácil es prohibir la actividad que genera esas emisiones. El caso de las vacunas es otro extremo: no es obligatorio vacunar y las vacunas se dan gratis. Hay gente que pide que sea obligatorio para no tener problemas de epidemias. En general, yo diría, uno prohibe cuando (1) es muy engorroso diseñar el plan de regulación y pensar en toda contingencia posible y/o (2) es fácil controlar que no se salten la prohibición. En este caso parece fácil controlar las emisiones de los "grandes contaminantes" y se les hace pagar a ellos la externalidad que generen. Prohibir emisiones en realidad significa que hay que fijar el nivel (¿cuánto dejamos que contaminen? ¿Cómo hacemos que el nivel permitido sea el adecuado?) y ese problema informacional y de gestión de esos límites parece muy costoso. De ahí que en este caso lo más sensato parece poner impuestos al que contamina.

      Saludos

  • Enhorabuena por el artículo.

    Quisiera comentarle un par de cosas sobre el párrafo dedicado a España.
    En el artículo mencionan tan sólo a la electricidad cuando esta es tan sólo el 20% de la energía final que se consume en España. Además este subsector es el más descarbonizado de todos, dado que la mayor parte de la producción renovable española es eléctrica. Luego el impacto debería ser menor que en otros sectores, aunque el sistema marginalista probablemente no ayude.

    El mayor efecto sería en el sector del transporte y en el gas, tal como se puede apreciar en los diagramas shankey elaborados por la Universidad de Comillas ()

    Un saludo.

    • Gracias por el comentario, Luis. Es una matización oportuna: el consumo de electricidad de origen fósil es una parte no tan grande de la energía final en España. La combinación de esta circunstancia con los problemas en el sistema de formación de precios eléctricos se pondrá de manifiesto si en algún momento se valora la incidencia del impuesto a las emisiones CO2.

      Gracias también por el link, son unos diagramas muy completos e interesantes.

    • Todos los sectores tienen un sistema marginalista de formación de precios: ningún productor de comodities mínimamente sofisticado vende por debajo del coste marginal del productor más caro necesario para satisfacer la demanda. En todos los sectores: energéticos y no energéticos.

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