Las corridas de toros me repelen

Hace unos días el New York Times de la celebración de la última corrida de toros en la Plaza Monumental de Barcelona. A mí personalmente las corridas de toros me repelen y por ello no pude dejar de celebrar la ocasión. Sin embargo, hay muchas cosas en el mundo que detesto, como por ejemplo las coles de Bruselas o a Cristiano Ronaldo, pero no por ello me parecería lógico que se prohibiesen. Al fin y al cabo, uno podría argumentar que cada uno es libre de consumir los bienes, servicios y espectáculos que se le antojen y que sería insensato que se intentasen forzar los gustos de algunos sobre los demás. Y seguramente, si alguien propusiese prohibir el consumo de coles de Bruselas o sancionar a Cristiano Ronaldo de por vida, yo sería el primero en protestar. No obstante, mi reacción a la prohibición de los toros en Cataluña me generó una sensación muy diferente. ¿Por qué me parece justificada una prohibición y no las otras?

Las razones que motivaron al Parlament catalán a aceptar la Iniciativa Legislativa Popular que pedía prohibir las corridas de toros en la comunidad han sido largamente debatidas. Se ha enfatizado al cariz político de la decisión y se ha vendido como una especie de vendetta por la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Catalunya. El mismo artículo del New York Times señala que “the decision by Catalan lawmakers to ban bullfighting was also part of a nationalist push there to separate the region from Spain”. Cualquier persona que se haya acercado por Cataluña últimamente habrá constatado la intensificación del sentimiento nacionalista catalán, pero sería absurdo defender que la prohibición de los toros puede explicarse sólo por este factor. Al fin y al cabo, Canarias prohibió las corridas de toros hace 20 años y nadie lo relacionó con un movimiento nacionalista. Y el movimiento antitaurino en Cataluña no es ni mucho menos un fenómeno reciente.

Algunos segmentos de la sociedad catalana defendieron la decisión argumentando que las corridas de toros afectaban negativamente al turismo en Cataluña. Por internet circulaban varios mostrando turistas emocionalmente destrozados después de asistir a una corrida en Barcelona. Este argumento me parece ridículo. Si ese era el problema, lo único que habría que hacer es informar debidamente a los turistas de lo que van a ver. De la misma manera que un fumador tiene que aguantar leer frases como “Fumar mata” o “El tabaco provoca cáncer” a la hora de satisfacer su adicción, se podría haber forzado a las plazas de toros a colgar posters gigantes que anunciasen, por ejemplo, que “Se recomienda no cogerle mucho cariño al toro, porque al final del espectáculo va a ser ejecutado en su presencia”.

Cuando se discute la regulación o prohibición de ciertas actividades, lo primero que se le viene a la cabeza a un economista es la existencia de externalidades. ¿Cuáles son las externalidades en este caso? No está claro. Las corridas de toros se llevan a cabo en espacios cerrados y desde hace unos meses ya no se retransmiten por televisión. Alguien a quien le repelen los toros puede fácilmente evitar la visualización de dicho espectáculo. Incluso se podría argumentar (y de hecho así lo han hecho los criadores de toros) que la tauromaquia genera una externalidad positiva sobre el medioambiente ya que las dehesas donde los toros son criados están protegidas debido a esta actividad.

La clave, creo yo, es que las corridas de toros generan externalidades negativas en un segmento, en algunos casos significativo, de la población incluso cuando no se visualizan. En otras palabras, la mera existencia de dicho ritual puede causar un efecto negativo en el bienestar social.[1] Ahí creo que es donde estriba la diferencia principal entre el caso de los toros y el de las coles de Bruselas o Cristiano Ronaldo. A mí me repugnan las coles de Bruselas pero me importa un comino si otra gente las consume. Tampoco puedo soportar a Cristiano Ronaldo, pero también soy consciente que mi animadversión no es compartida por un segmento significativo de la población y que Ronaldo juega bastante bien al futbol.

El caso de las corridas de toros es diferente. A pesar de ensalzar el coraje y buen hacer del torero, no deja de ser un espectáculo cruel, inhumano y de interés minoritario en Cataluña. Según una encuesta del instituto de investigación y marketing Invymark, el 58,1% de los catalanes se declaran a favor de la prohibición y sólo un 37,2% en contra. Esa misma encuesta señala que un 59,8% de los españoles se oponen a la prohibición y un 35,8% están a favor de ella, pero ello no es muy relevante dado que no creo que la prohibición vaya a generar significativas externalidades negativas en el resto de España (en Cataluña se celebraban sólo un 1% del total de corridas anuales en España).

En Cataluña, las corridas de toros debían reformarse o prohibirse. La inflexibilidad de los amantes de los toros a la hora de adaptar la liturgia a los tiempos modernos ha dejado una única opción en Cataluña, que es su prohibición. Lo mismo pasó en Canarias hace 20 años y lo mismo ocurrirá en aquellas comunidades autónomas en que los amantes del toreo sean pocos y sus detractores, muchos.


[1] Obviamente, ello asume que uno puede llevar a cabo comparaciones interpersonales de utilidad, pero sabemos al menos desde la obra magistral de Lionel Robbins, que sin este supuesto, la ciencia económica poco podría aportar a la evaluación de políticas públicas que generen efectos distributivos, como es el caso de la prohibición del toreo, pero también el de una apertura comercial o el de los subsidios a la innovación.

Hay 75 comentarios
  • Querido Monedero,

    No creo que calificar a personas como nacionalistas o no nacionalistas sea muy útil para ningún argumento. Pensar en conspiraciones o motivos ocultos de las personas puede dar paz a mentes inseguras y está ciertamente muy de moda en otros foros. Pero aquí nos reunimos para hablar con argumentos. Algunas veces mejores que otras. Si alguno no te gusta, simplemente argumenta el por qué y todos salimos ganando. Esto es lo que hacen muchos lectores y eso es lo que hace este blog muy interesante.

    Como nota final, supongo que tu incapacidad para recordar mi nombre y para escribir bien mi apellido está correlacionada con la atención que prestas a las cosas que lees.

  • La felicidad en los humanos se puede medir con dos tipos de métodos: encuestas y mediciones de la actividad eléctrica en el cerebro asociadas a los estados de ánimo (e.g. Richard Layard, Richard Davidson). Dado que los mecanismos del sufrimiento son muy parecidos entre los humanos y otros mamíferos, podemos llegar a tener una idea bastante precisa acerca del sufrimiento de los toros en las corridas. ¿Qué quieren dar una ponderación cero a este sufrimiento en el bienestar agregado? Pues piénsenlo bien: ciertamente el mundo civilizado no da una ponderación cero al bienestar de los animales. Me sorprende la incapacidad de Carlos Aller para distinguir entre matar a un animal sin sufrimiento para comérselo y la tortura despiadada del toro en la plaza ¿en qué mundo vive? A DFC no le gusta que se prohiban “cosas” ¿qué cosas? ¿la lucha de gladiadores? ¿el maltrato a los niños? ¿el maltrato a los niños sí pero a los toros no? ¿qué le hace pensar que sea aceptable torturar a un toro aparte de la costumbre? El comentario de DavidS me recuerda los argumentos del juicio de los esclavos en la película Amistad de Spielberg. Vaya tropa.

  • No voy a entrar en los argumentos, ya hay demasiados expuestos. Pero sí me ha llamado la atención una simple estadística: de los 51 comentarios que he visto, sólo hay 2 (si no se me ha escapado ningún otro) a favor de los toros. A los otros 49 (salvo un par que no se definen) no les gustan: una parte los prohibiría, otra no, a algunos no les gusta la medida tomada por el Parlament y a otros sí, pero todos ellos son, personalmente, detractores de las corridas de toros.

    Quitando gente que repite comentario y esos pocos "indefinidos", digamos que queda más o menos 40 a 2. Aplastante. Obviamente esta no es una muestra bien estratificada de la sociedad española, porque si lo fuera nadie habría planteado prohibir nada: los toros habrían desaparecido solitos hace tiempo.

    Luego los simpatizantes de las corridas, o no usan Internet, o no les gustan los blogs de economía, o son tímidos a la hora de expresar su opinión.

  • @ Antonio Abad

    Ya que, como comentas, gracias a la medición de la actividad eléctrica cerebral es posible medir el sufrimiento, lo que comúnmente se llama una "sufrometría", propongo 3 estudios para aprovechar la funcionalidad del aparato:

    a) Estudio de campo 1: "sufrometría" de los toros y demás animales maltratados en las fiestas tradicionales catalanas, para refutar cualquier alegato de la existencia de sufrimiento animal en esos magníficos festejos

    b) Estudio de campo 2: "alegrometría" de la multitud de sádicos dedicados a perseguir y maltratar, con sus propias manos, a los animales en las fiestas tradicionales catalanas ante el aplauso unánime institucional y de la sociedad catalana

    c) Estudio de laboratorio final: "sufrometría" comparada de un toro sometido a una misma intensidad de la descarga eléctrica pero viendo, en un caso una birreta y una señera y en otro caso una montera y una bandera roja y gualda

    Creo que se puede redactar un jugos "paper" con las conclusiones y circularlo para su discusión

    ¡Ah! y gracias por lo de "tropa", supongo que es como "ralea" pero más fino, ¿no?

  • Quizás deberíamos retroceder al siglo XIX y recordar algunas de las lecciones de uno de los padres del utilitarismo y gran filósofo liberal John Stuart Mill:

    "La única finalidad por la cual el poder puede ser ejercido sobre un miembro es evitar que perjudique a los demás. Nadie puede ser obligado a realizar o no realizar determinados actos ni aunque así fuese la opinión de los demás" (Sobre la Libertad)

    Es cierto que la palabra “perjudicar” en la primera frase de esta cita podría entenderse, al menos en principio, en un sentido amplio. Como argumenta el autor del post puedo perjudicar indirectamente a alguien simplemente porque no le gusta lo que hago aunque no le cause ningún daño directamente. Sin embargo, si leemos la segunda parte de la cita, enseguida nos damos cuenta de que JSM no se refería a esto precisamente ya que dice expresamente que la opinión de los demás no es suficiente para prohibir las actuaciones de un individuo.

    Por otra parte, si aplicamos este sentido tan amplio de la palabra “perjudicar” resulta difícil encontrar algún ejemplo de comportamiento que no perjudique a nadie. Personalmente puedo decir que no es solo que no me gusten Cristiano Ronaldo o Mourinho sino que me repelen y que la gente hable bien de su comportamiento es para mí una “externalidad negativa” (que por otra parte me resulta difícil de evitar ya que, a diferencia de los toros, se habla del Real Madrid en todas partes). La segunda parte del argumento del autor del post parece ser que no podemos prohibir a CR o Mourinho porque esta animadversión “no es compartida por un amplio segmento de la población”, mientras que en el caso de los toros la mayoría de catalanes se declara a favor de su prohibición. Es decir que lo que deberíamos de aplicar es una especie de dictadura de la mayoría en toda cuestión de opiniones. Bien aplicando los mismos argumentos: Si la mayoría de la gente aborrece la homosexualidad, prohibámosla. Si la mayoría de la gente aborrece que existan ateos o gente que profese otra religión que no sea la católica apostólica y romana, prohibamos la libertad de culto. Y así podría estar toda la tarde diciendo burradas consistentes con los argumentos que parece defender el autor del post.

    Lo que JSM argumenta es la base de la filosofía liberal: “haz y di lo que te dé la gana mientras no causes ningún daño directo a otra persona”. Si nos salimos de esta interpretación caeremos irremediablemente en la (peligrosa) contradicción de oponernos a unas prohibiciones y apoyar otras con la única argumentación de unas me gustan y otras no.

  • Decía Abel antes (siguiendo a Savater) que la ética sólo se aplica a los humanos y no a los animales, con lo que el maltrato a los animales no sería una cuestión ética. Pero esto es sólo cierto a medias: lo que Savater viene a decir es que la valoración moral del maltrato a animales no debe estar regida por unos supuestos "derechos" de los animales sino por una moral humana que rechace el daño innecesario a otras criaturas del reino animal. En otras palabras: lo importante cuando maltratamos a un animal no es que vulneremos sus derechos, sino que nosotros mismos nos degradamos como personas (y las sociedades que lo permiten se degradan como colectivos). Por lo demás, que el buen trato a los animales es un signo propio de sociedades desarrolladas y civilizadas es algo comúnmente aceptado en todo el mundo.

    Los toros tal como se entienden en España (con muerte final y con el brutal tercio de varas -picador-) comportan un evidente sufrimiento para el animal y son una anomalía en la Europa civilizada. Su subsistencia sólo puede entenderse por razones históricas y como "excepción cultural" (si las corridas de toros no existiesen y alguien quisiese inventarlas hoy, serían objeto de una prohibición fulminante). Nada tiene de particular que en las regiones donde las razones histórico-culturales pesan menos, los argumentos de protección animal hayan primado y las corridas se hayan terminado prohibiendo (aunque yo también habría preferido una eliminación radical de subvenciones y una "muerte natural" de las corridas).

    Una última cosa: nos guste o no la decisión final, el proceso en el Parlament fue ejemplar, con audiencia para todos los interesados. Muy alejado de la visceralidad con que se trata este tema en la España no catalana

  • Luis, perfecto. Completamente de acuerdo.
    Los toros son, fundamentalmente, primitivos. La cuestión que emerge es si la civilización, la eliminación de las pasiones en aras del bien común nos hace más humanos, o menos. Es la confrontación entre el hombre y la humanidad.

  • Hemos llegado a las corridas de toros como metáfora de otras cosas y esto me ha hecho recordar que algunas de las plazas más célebres del mundo son propiedad de españoles. Nîmes, por ejemplo, es de la familia Chopera, del barrio de Amara Zaharra, plaza Easo.
    Antxon Chopera fue uno de los mejores amigos de mi suegro y contaba con nostalgia cómo llegaron, desde la contrata de recogidas de basura de algunos barrios de San Sebastián, a magnates del toro.
    Por aquel entonces el área de excelencia del negocio de recogida de basuras consistía en ser capaz de subir, con el carro de caballos de tiro muy cargado, la cuesta de Aldapeta. Los Chopera alimentaban bien los caballos y los hermanos eran fuertes para empujar en momentos críticos de la subida. El beneficio de la contrata dependía de este factor de optimización.

    Un día comenzaron a pedirles caballos para los picadores de la vieja plaza de Gros y se fueron dando cuenta de que el mundo del toro tenía algunas sinergias con sus "core skills". Así comenzó la cosa.
    El toro es un animal bellísimo, noble y kantiano. Es decir, moralmente libre hasta en el chiquero. He toreado vaquillas, y he estado muchas veces entre ellos, en la dehesa y en el Ventorrillo. Pero no voy nunca a corridas de toros. Me resulta imposible ver nuestra imagen degradada en el espejo de una muerte tan cruel e innoble. Hay tanta trampa en la contienda, es tan deshonesta, que ni valor tiene. Basta ver que siempre gana el mismo para descubrir el tongo.
    Por otro lado encuentro la prohibición de corridas y el activismo sospechoso de incoherencia. La penalización del daño al embrión de buitre y la despenalización del aborto libre sólo es posible desde la insensibilidad hacia el milagro de la vida. Algo que se da de bruces con una idea del ser humano que si crece lo hace en el respeto a toda la vida. Son tan tenues las fronteras entre nosotros y ellos… que su mirada nos llega si sabemos mirar.
    Buenos días

  • Pol, creo que el problema es que lo que expresas en

    "Naturalmente que el sufrimiento del animal es relevante en mi opinión, o como otros ponéis, no es una cuestión económica sino de ética o de protección de los derechos de los animales. No voy a entrar en temas de ética que desconozco, pero estos son precisamente los factores que tenía en mente en relación al concepto de externalidades negativas.Es una manera de plasmarlos en un lenguaje familiar para los economistas."

    es un programa para fundamentar la ética en la economía o quizá más bien como un programa para fundamentar la justicia en la economía obviando la ética. Me parece que es un objetivo demasiado ambicioso para un post en un blog. Creo que es más realista centrarse en externalidades más concretas como las que menciona Florentino:

    "Bien que valoramos a nuestros exitos deportivos como beneficiosos para el marketing nacional. ¿No puede ocurrir lo contrario con nuestra especialidad en acometer todos tipo de animaladas con los animales?"

  • Veo que sólo publicáis los comentarios anti-taurinos. El comentario que os había mandado no creo que fuese ofensivo. Si lo era, mis disculpas.

  • Antonio Abad, no acepto que se me incluya en ninguna tropa. He manifestado mis ideas previas con claridad en mis dos intervenciones, personalmente antitaurino y en lo político incómodo con la prohibición (la política consiste en escoger los medios más eficaces de llegar a un resultado y no parece que la prohibición sea más eficaz socialmente hablando que la "guerra" económica).
    Mi segunda intervención se limitaba al asunto de si existe o no un Derecho animal. Luis lo ha expresado correctamente y no me voy a repetir, solo en tu último comentario sobre los esclavos, que daría para mucha discusión dentro del campo de la historia económica, te preciso que los esclavos ¡eran humanos!, sí tenían derechos por ser de nuestra propia especie. Precisamente esos derechos se ponian en cuestión, en ciertos casos, porque algunos mantenían que no eran humanos quienes no pertenecian a la cultura de los dominadores (negros, indios, etc.).
    Saludos.

  • ..."Todos estos antecedentes trazan un camino que muestra los cambios en la relación entre los humanos y los demás animales hacia una visión fundamentada, entre otros motivos, en evidencias científicas, como la proximidad genética entre especies, o el hecho de que, al fin y al cabo, todos los animales somos el resultado de procesos evolutivos paralelos. El toro (bos taurus) es un animal mamífero con un sistema nervioso muy próximo al de la especie humana, lo que significa que los humanos compartimos muchos aspectos de su sistema neurológico y emotivo".
    Lo que he transcrito es el preámbulo de la ley de la Generalitat que prohibe los toros. Como pueden todos observar, nada que ver con los argumentos que se han esgrimido. A mi todavía me resulta difícil entenderlo e imposible juzgarlo. Lo que más me ha sorprendido ha sido saber que comparto mi sistema emotivo (el que sea) con el toro (bos taurus). A la vista de lo anterior, ¿alguien rectifica su opinión?.

  • Luis,
    No soy experto en filosofía, pero me cuesta ver saltos de discontinuidad en cómo tratamos a muchos animales. ¿Nos degrada también como humanos hervir vivos a los centollos y las nécoras? Pocas muertes puede haber tan crueles. ¿Y el dejar que el cerdo se desangre vivo para que la carne no endurezca? ¿Y la inflamación forzada del hígado de pato?

    Floren,
    Estoy de acuerdo, sí que puede haber argumentos económicos relevantes en la discusión. Lo que intento defender es que lo que la gente tiene en mente cuando discute sobre este problema es la dimensión ética del asunto. La ética es un conjunto de valoraciones subjetivas que dependen de la historia y la cultura de cada zona, lo cual me lleva al tercer argumento:

    Pol,
    Creo que en tu respuesta en los comentarios sí que has abierto el problema más relevante desde el punto de vista de la teoría económica. La cuestión relevante no es si a uno le gustan o no los toros o si los prohibiría. La cuestión relevante es "¿Quién decide si se pueden hacer corridas de toros?". ¿Se trata de una cuestión estrictamente privada, comunitaria a nivel local o a nivel nacional? Será ignorancia mía, pero no conozco muchos trabajos de teoría económica sobre el trade-off entre homogeneidad cultural y el valor de la diversidad (Alesina, Spolaore, Galor, Friedman…). En Google Scholar me salen muchos más trabajos de sociología y ciencias políticas sobre el tema. Creo que es un tema en el que tenemos mucho que decir.

    No me gustan nada los toros. Pero no sé responder si me parece bien o no que un gobierno autonómico los prohíba.

  • Abel Fernández.

    Básicamente estoy de acuerdo con usted, también con otros.

    Personalmente estoy en contra de las corridas de toros.

    Por otro lado creo que la economía no tiene nada que decir al respecto (no debería hacerlo) . Hablar de externalidades en este caso me parece un auténtico despropósito y una pérdida de tiempo, que es muy valioso y debería ser dedicado a cuestiones más importantes (la única externalidad que veo).

    Si la economía va a entrar en los campos culturales, éticos, emocionales y de sentimientos, eso quiere decir que 1984 está mucho más cerca de lo que podemos imaginar. Gracias pero no.

  • Únicamente sobre el tema de la jurisdicción. La base teórica de la existencia de autonomías es que, siendo la Soberanía nacional indivisible, existen formas culturales distintas en una nación plural como la española. si existen formas culturales distintas, ello justifica la existencia de parlamentos regionales/autonómicos, que legislen sobre las consecuencias en la conducta legal de las variantes culturales que dan riqueza a España.
    En consecuencia, los parlamentos pueden (y deben) definir las excepciones culturales a una ley general de maltrato animal, como podría ser el caso de las peleas de gallos en Canarias, los toros en buena parte de España o el Parani en Valencia. Simplemente, Cataluña tiene derecho a decidir que, en su cultura (la tradicional, la actual y la que desee promover en el futuro) no tienen cabida los toros. Dicho lo anterior sin con ello posicionarme a favor de la prohibición, que juzgo torpe (por ser mas eficaz otros medios para llegar al mismo resultado) y más relacionada con otros asuntos distintos al maltrato animal (en este sentido, el "castigo" a España también me parece a mi que está entre las varias razones de la prohibición).
    Saludos.

  • ¿por qué la censura? ¿No es cierto que los centollos se sumergen en agua hirviendo?

    ¿O hay que proteger la sandez por el mero hecho de que la diga un invitado?

  • Abel, no es lo mismo. El objeto de la corrida de toros es matar al toro tras torearlo, picarlo y "banderillearlo", el objeto de cocinar un crustáceo es satisfacer una necesidad vital. Visto de otra forma, comer es una necesidad "animal" de los humanos, ver espectáculos es una opción de esparcimiento, una actividad puramente humana en la que de alguna forma degradamos nuestra condición de hombres si el espectáculo consiste (temas estéticos aparte) en debilitar cruelmente a un toro para luego matarlo.

    Por otra parte, y como decía José Jarauta, el tratamiento de este tema vía externalidades que hacía Pol Antràs no parece muy apropiado (o muy útil): si se trata de externalidades, la pregunta inmediata es ¿cuál es su valoración? para aplicar un instrumento correctivo (impuestos, subvenciones etc). Si la respuesta es "coste infinito", entonces el concepto de externalidad no nos vale para mucho y nos metemos en el terreno de los principios morales.

    Y por otra parte, suscribo lo que ha dicho DavidS

  • Luis, los ejemplos que he puesto se alejan deliberadamente de la "necesidad humana" de alimentación. Si solo se tratase de alimentarse, podríamos matar al pato en menos de un segundo, en lugar de inmobilizarlo, embucharlo y hacerlo enfermar durante meses. Con esto solo quiero argumentar que, como en tantos otros problemas en la vida, hallar una discontinuidad aquí va a ser muy difícil.

  • Si en lugar de pensar en términos de externalidades pensáramos en términos de propiedad privada el tema quedaría más claro. El toro es propiedad de su propietario y únicamente las personas tenemos derechos, no los animales. Si no me gustan los toros pues no los miro.

  • En junio de 2008 el Congreso de los Diputados de España aprobó una proposición no de ley que insta al Gobierno a sumarse al Proyecto Gran Simio, una iniciativa internacional que reconoce parte de los derechos básicos de los seres humanos a orangutanes, chimpancés, bonobos y gorilas, como los derechos a la vida y a la libertad, y a no ser torturados.

  • Mi formacion no es de economista, admito que hay externalidades negativas ,pero llamar cruel e inhumano me parece exagerado, no creo que sean términos que aparezcan en los manuales de economía, más bien parece una postura personal, igual que a ETA le puede parecer cualquier cosa lo que hace la policía. Que una parte importante de la población pueda sentirse afectada negativamente por las corridas no quiere decir nada, si cada vez que hay una mayoría que se siente perjudicada por ciertas prácticas, tienen la oportunidad de preguntarse cuántar confusiones hay que aceptar para confundir un humano con un animal.

  • Solo haer una puntualización. Los toros en Canarias no fueron prohibidos. Simplemente desaparecieron. Su desapacición está exlpicada fundamentalmente por dos motivos: (1) desafección y disminución del público y (2) coste de la organización en las islas. Esto es lo que yo creo que, muy probablemente, hubiera ocurrido eventualmente en Cataluña. Y esto, en mi opinión, hubiera sido mucho más sano. Lo que realmente demuestra que a la gente los toros no le gustan los toros es que no van a verlo, no una encuesta.

  • El proyecto Gran Simio está basado en un error básico de partida, el "olvido" de las barreras de especie, casi la única diferencia constatable entre seres vivos.
    Pero incluso con lo anterior, quedaría confirmado el aserto de la no aplicación del derecho a los animales, porque el proyecto Gran Simio lo que mantiene es que los simios son tan similares al hombre, que pueden recibir la misma protección legal que los humanos (algo parecido al argumento que me interpuso Jesus, aduciendo el caso de los menores y la ley). Sería una aplicación por inclusión, no por ampliación del Derecho a todos los seres vivos.
    Saludos.

  • Personalmente, yo también aborrezco y no soporto la tortura a que se somete el toro. Sin embargo, el razonamiento que utiliza Pol para justificar su prohibición me parece inconsistente y débil.
    ¿Externalidad negativa en un segmento de la población, aunque no se visualice? Con este mismo argumento puede prohibirse el ritual de la iglesia católica. Una gran mayoría de nuestra sociedad no asiste (casi) nunca a misa, y hay muchos ateos declarados que abominan de las prácticas religiosas (efecto negativo en la función de "bienestar social").
    ¿Deben prohibirse por ello las misas?
    No hay acto humano que no genere alguna "externalidad" positiva o negativa. ¿Justifica ello la intromisión constante del Estado para maximizar la función de "bienestar social"? Viva el socialismo !
    ¿Qué valor atribuir a que un 58% de los catalanes estemos en contra y sólo un 37% a favor de las corridas de toros? ¿Justifica ello la prohibición? Democráticamente, sí. Pero cuidado, porque este mismo argumento puede utilizarse también para defender verdaderas animaladas, nunca mejor dicho.

  • Pol, yo más que por externalidades prohibiría los toros por ser injustos. Es decir, aceptaría el espectáculo si hubiera igualdad de condiciones. Y ya que al toro no se le puede dar una espada para que luche con el torero (como no tiene dedos, no tendría por donde cogerla), yo propondría que, del mismo modo que cuando el torero hace bien su tarea se le premia con las orejas del toro y no se lleva al toro corriendo al hospital para curar sus heridas, cuando el toro caza al torero, no sólo éste no sea transportado rápidamente al hospital sino que se le cortaran las orejas (y si la cornada ha sido antológica, también, por qué no, el rabo) y se le den como premio al toro. Si los toreros aceptan la posibilidad de quedarse sin rabo ante una mala faena, ¡adelante con la fiesta nacional!

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