¿Es la mejor política industrial aquella que no existe? El ejemplo de las energías renovables en España

Al hilo del comentario de Jesús sobre la no subida del precio de la luz creo que es un buen momento para llamar la atención sobre algo muy sencillo que podemos aprender al observar la política industrial seguida con las energías renovables en España: “No hay que subestimar los fallos del gobierno cuando evaluamos una potencial intervención del Estado en la actividad económica”. Sí, es obvio, pero se olvida demasiadas veces.

Tal como se recoge en la mayoría de introducciones básicas a la Economía, el argumento tradicional para justificar la intervención del sector público en la actividad económica se ha basado en la existencia de los llamados fallos de mercado que ocurren cuando el mercado fracasa en conseguir una asignación eficiente de los recursos. Bien debido a la presencia de problemas de información, poder de mercado o externalidades, el libre mercado puede proporcionar a los ciudadanos demasiado o demasiado poco de un determinado bien o servicio. Cuando se den estas situaciones de fallo de mercado, entonces el Estado debería intervenir para corregir este fallo y mediante regulación, subsidios, impuestos o cualquier otra política asegurarse que los consumidores reciben el nivel óptimo de este producto o servicio. Pues bien, este argumento tan ampliamente extendido es falaz. La falacia consiste en suponer implícitamente que la intervención gubernamental que debería sustituir o complementar al mercado es perfecta y está exenta de fallos. Es decir, si comparamos un sistema de asignación de recursos de libre mercado con un sistema perfecto entonces ¡oh sorpresa! encontraremos que el sistema de libre mercado no funciona bien en algunas circunstancias. Sin embargo, del hecho que el mercado falle no se puede concluir que la intervención estatal mejoraría necesariamente la asignación de recursos. La comparación correcta para justificar una intervención estatal debería ser si los fallos del gobierno serían a priori mayores o menores que los fallos del mercado. Podéis ver una explicación mucho más didáctica de este mismo punto en este vídeo (en inglés) de Milton Friedman.

En este sentido, creo que la política seguida en nuestro país respecto a las energías renovables ilustra cómo de graves pueden ser los fallos del estado cuando interviene en la actividad económica. En breve, se puede justificar la intervención del estado en el sector de energías renovables porque el uso de estas tecnologías reduce la contaminación. La contaminación tiene externalidades negativas porque las decisiones de las empresas energéticas causan costes en la sociedad que no están reflejados en los precios de la energía. Por ello, sin una intervención pública, las empresas tendrían tendencia a utilizar otras tecnologías más contaminantes. Este caso sería un ejemplo de externalidad que podría ser solucionada por el sector público. Sin embargo la manera de gestionar este tema en España ilustra que el gobierno también tiene sus fallos, y son fallos no despreciables.

Error número 1: Subsidios demasiado generosos. Para empezar tenemos que reconocer que es muy difícil saber ex-ante en qué cuantía  subsidiar las energías renovables. El cálculo del subsidio óptimo requiere una complicada estimación de cómo evolucionarán con los años los costes de producción. En España se optó por un subsidio al precio por Kw que el tiempo se ha encargado de demostrar era desmesurado. Por ejemplo según el RD 661/2007 el precio de la energía solar se pagaba a un precio por Kw que era cinco veces superior al precio de mercado. Estas tarifas reguladas generosas eran mantenidas en el citado Real Decreto por períodos de hasta 25 años, si bien es cierto que se avisaba de posibles cambios en las condiciones cuando la capacidad instalada en España llegara a ciertos límites.

Error número 2: Falta de previsión sobre los recursos necesarios para la sostenibilidad de la política en el tiempo. El gobierno se cubrió las espaldas ante una eventual avalancha de solicitudes para instalación de plantas de producción de energía renovable que es lo que efectivamente ocurrió. Por ello la legislación incluía un límite a la capacidad máxima instalada de energías renovables con mecanismos que se tenían que disparar cuando se llegara al 85% del mismo. El problema es que el límite fue demasiado generoso en relación a los recursos disponibles y cuando se desbordó la capacidad instalada no se aplicó el límite o se aplicó tarde.

Error número 3: Creación de una inseguridad jurídica que paraliza la creación de nuevos proyectos de inversión de energías renovables en nuestro país. Cuando debido a los errores 1 y 2 señalados más arriba se crea un agujero presupuestario de enormes proporciones que coincide con los tiempos de crisis que vivimos, entonces el gobierno no tiene más remedio que aplicar la tijera y desdecirse de la aplicación de tarifas reguladas tan generosas durante tantos años. Eso constituye un ataque en toda regla a la seguridad jurídica sobre la que se sustentan las inversiones. Es decir, crea una incertidumbre regulatoria sobre el precio de las renovables que ahuyenta la creación de nuevos proyectos de inversión no sólo por la disminución de la tarifa regulada sino por las dudas que genera sobre cuál será la evolución futura de la misma. Además, el anuncio no es de recortes inmediatos, sino que abre un período de negociaciones y anuncios entre el Ministerio de Industria y el sector que se prolonga en el tiempo creando cierto suspense sobre el resultado final y prolongando de manera adicional la incertidumbre regulatoria con la consecuente ralentización de la inversión.

Posiblemente haya otros errores como el fomento de instalaciones ineficientes ya que los sistemas de retribuciones reguladas priman más las instalaciones pequeñas que las grandes, pero como no soy un experto en el sector no me atrevo a asegurarlo. En cualquier caso el resultado de la política de las renovables en España ha creado de manera brusca un boom del sector para acto seguido hundirlo deshaciendo buena parte de la labor anteriormente creada. Además, hemos creado un sector (otro más) que depende al 100% de las decisiones políticas de cuál va a ser la remuneración o las primas decididas por el regulador. En este sentido, parece que la capacidad de supervivencia y rentabilidad de la industria va a estar mucho más ligado a sus habilidades para convencer al gobierno de turno de aceptar una tarifa generosa que de su capacidad de generar electricidad de una manera más eficiente. Esto tiene unas repercusiones a largo plazo que tampoco deberíamos subestimar. Por ejemplo si hay que elegir a un nuevo miembro del consejo de administración de una empresa renovable, ¿Seguro que se elegirá a un director con amplia experiencia en producción e ingeniería que aporte unas habilidades en producir electricidad de manera más eficiente? ¿No se debería elegir a un director con buenas conexiones políticas? Desde el punto de vista social parece claro que la empresa debería elegir al consejero con mejores capacidades técnicas pero dada la manera que está regulado el sector parece que sería mucho más rentable el contratar a un director “político”. Espero que la moraleja esté clara, no nos olvidemos que pese a que el mecanismo de libre mercado tiene sus fallos, el de la intervención estatal no está libre de ellos…

Hay 30 comentarios
  • Des de la ignorancia más absoluta pero no se deben todos los "milagros" económicos del estilo Korea, Japon, China, Brazil a aplicaciones de políticas industriales?

  • Una exposición perfecta de los fallos de un nefasto regulador. Si a este hecho le añadimos que el regulador ha modificado sus criterios en hasta 7 ocasiones en solo 6 años, el resultado es haber herido casi totalmente a un sector puntero en tecnología, donde el I+D+i debería ser clave y la exportación sería totalmente rentable. Además, el haber eliminado la seguridad jurídica provoca un gravísmo precedente del que veremos consecuencias en la economía general durante los próximos años. Y todo ello sin olvidad a todos los inversores a los que puede enviar a la ruina.

    Y en resumen, ¿cual es la responsabilidad del regulador? Parece que en una profesión/oficio liberal, como un ingeniero, médico,...éste tiene que responder de sus actos, pero parece que aquí un ministro/Director Gral, (etc) puede irse a casa habiendo hecho un desaguisado descomunal y marcharse a casa sin más... Parece que ayer en la CAM le has dado un toque a la anterior responsabel, pero más que nada por la desvengüenza de marcarse una pensión desorbitada, pero por errores en la gestión a nadie se le piden responsabilidades. Habrá que pensar en esto para reducir errores futuros no?

  • Sólo la energía?
    http://www.aeropuertodeteruel.com/ventajas.html
    Alguien puede explicarme este modelo de negocio público?

  • Hay un aspecto de la política eólica y fotovoltaica del gobierno que no suele salir a la luz y resulta sorprendente: Su carácter de mecanismo de transferencia de riqueza desde los "have nots" a los "have lots" (vulgo filthy-rich).

    Para ello no hay como echar una ojeada a la liquidación mensual de kilowatios "limpios" transferidos a la red y remunerados al "Inversor" (hábilmente encabezados por nuestras grandes familias) a la diferencia entre 7 céntimos y 47 o 39 céntimos el Kw. Esa diferencia la ponemos todos en nuestra facturita eléctrica o en nuestra deuda. Cada mes.

    Es cierto que hemos progresado desde que Stalin construyó sobre 150,000 cadáveres el canal del Mar Blanco, pero la racionalidad sigue siendo la misma. Los más pobres forrando a los que todo tienen.

    Menudo ejemplo.

  • Interesante entrada, pero me extraña que los últimos Secretarios de Estado de Energia hayan sido Pedro Marin (http://www.cincodias.com/articulo/economia/pedro-marin-nuevo-secretario-estado-energia/20090420cdscdseco_22/) y Fabricio Hernández (http://www.cincodias.com/articulo/economia/fabricio-hernandez-nuevo-secretario-estado-energia/20110107cdscdseco_12/). Ellos tienen un perfil técnico, más que político, y son conocedores de como funcionan los mercados.

    Como señala Tineo, la ausencia de técnicos en la administración pública es la norma más que la excepción, independientemente del color político y jerarquia.

  • La política la deciden los políticos pero los detalles quedan en manos de un funcionariado que a menudo tiene mejores intenciones que cualidades profesionales. Todo lo que rodea a la política medioambiental es un popurrí de wishful thinking de chavales más o menos verdes (en más de un sentido) y de lobistas de la industria a los que se ve el plumero a kilómetros. Asistir al proceso de formación de estas políticas sería de risa si no fuera porque lo que está en juego. Dicho de otro modo, los "fallos del gobierno" son a menudo consecuencia del amateurismo. Otro cantar es cómo se podría mejorar esa administración (y si es que eso es posible).

  • Otro ejemplo interesante, los autobuses interurbanos:
    http://www.sintetia.com/analisis/el-transporte-de-pasajeros-en-autobus-y-la-captura-del-regulador

  • Excelente post. Muchas veces se olvida que para que los fallos del mercado se corrijan hacen falta unas intervenciones públicas óptimas, no cualesquiera, y eso no es nada fácil de conseguir. Si no, estamos tratando de corregir unas "imperfecciones" con... ¡mayores imperfecciones!

    Es curioso que en Estados Unidos Obama se haya referido en varias ocasiones al caso de la política española en las renovables como su modelo de referencia. Alguien debería aconsejarle mejor.

    A propósito, ¿conoce el estudio de Gabriel Calzada sobre este tema: http://www.juandemariana.org/090327-employment-public-aid-renewable?

  • Una ennumeración intachable de algunos de los errores cometidos en política energética por los gobiernos de este país, a la que en mi opinión le sobra toda la introducción.

    La intervención de los gobiernos para corregir fallos de mercado puede estar bien hecha o mal hecha, y si está mal hecha se debe criticar (y sí, el de la energía en España es un caso de libro). Pero la introducción da a entender que de la intervención no se puede esperar en general nada bueno, y yo no estoy de acuerdo. Por ejemplo, en el caso que nos ocupa, se podrían haber ofrecido subvenciones que fueran una ayuda y no un chollo, se podría haber aumentado el seguimiento y control, se podrían haber reducido paulatinamente las ayudas según la tecnología fuera consolidándose (eólica) y retirarse después de un tiempo prudencial si la tecnología subvencionada no termina de explotar (solar), siendo conocidas estas reglas del juego por todos los agentes y sin cambios de criterio cada poco tiempo, se podría subvencionar la i+d en colaboración con las empresas para incrementar la tecnología y abaratar los costes, y no subvencionar directamente el producto final (instalaciones ineficientes, como la solar, o tecnologías al inicio de su curva de apredizaje, como el coche eléctrico, necesitan dinero en i+d y no dinero para que cuatro listos se forren y no se consiga nada).

    Creo que Brasil nos puede dar alguna lección a este respecto.

    Saludos.

  • Una cosa es la regulación de un monopolio o semi-monopolio de utility y la otra cosa es la política industrial.

    Este país, y en particular Cataluña, tenía hace 25 años una participació de la indústria sobre el PIB aproximadamente dos veces la actual. Para Cataluña esto significaba más del 40% del PIB.

    En un momento dado, con el auge de los servicios, la economía financiera, la economía del conocimiento y las NT, la competencia de Asia y la reconversión industrial, parecía que la industria era cosa del pasado. Y prácticamente se dejó de hacer política industrial. Poco se dudó en liquidar sectores enteros o grandes empresas que no tenían ninguna capacidad de competir tras la crisis de los 70 y la entrada en la UE.

    Si miras la estrechísima y potente vinculación de la administración pública, los centros tecnológicos y universidades, las instituciones intermedias y las Empresas competitivas en paises de nuestro alrededor (Francia, Alemania, Holanda, Suecia, ciertas zonas de EUA), se ve que fuimos de los únicos primos que nos creímos la entelequia. Igualmente, el encomiable y exitoso avance en investigación básica queda desmerecido por el erial tanto público como privado en investigación y desarrollo tecnológico.

    Ahora vemos lo que valen el 90% de los empleos en el sector servicios, y añoramos un timepo en que había fábricas que empleaban a miles de trabajadores, te resolvían un pueblo o media comarca, facturaban y exportaban.

    Ha habido muchos factores externos que han llevado a la decadencia industrial española, pero desde dentro se podría haber hecho más.

    Contradiciendo el título del artículo (que se que no tiene demasiado que ver), en Cataluña se vuelve a hablar de política industrial, un término que había quedado olvidado.

  • Jorge Durán:
    Una pequeña matización: Los "whisful thinkers", más o menos verdes, son los que redactan los preambulos, y los lobistas de largo tufo son los que redactan los reglamentos.
    Ninguno de los dos hace ni más ni menos que aquello para lo que se le ha contratado: unos preparan el decorado y otros ponen en marcha la obra de teatro. El guión ya nos lo sabemos todos.
    Mi pregunta es si todo esto implica que tenemos que cerrar el teatro, o por el contrario hay que cambiar de compañía. En cualquier caso, no creo que el problema sea atribuible a los "fallos del teatro".

  • Que el regulador lo haya hecho mal, no justifica de ninguna manera que haya que dejar al mercado actuar sin intervención ya que lo que sí sabemos los economistas es que éste nos dara asignaciones ineficientes. La conclusión lógica de tu argumentació, sería cambiar el regulador porque todo lo demás son argumentaciones ideológicas, muy lîcitas, pero sin soporte técnico.
    No olvidemos que la intervención en Este mercado en España es la responsable de que un porcentaje importante de la electricidad que se produce sea en base a renovables y esto era precisamente lo que se buscaba ¿o no?

  • Pues lo siento, pero yo no puedo felicitarle por al artículo, aunque me cueste la censura. Aunque es cierto que se incurre en errores en el diseño de la política medioambiental (cómo negarlo!) no comparto el tono en absoluto. Repito: el año 2010, las renovables fueron nuestra principal fuente de suministro energético. No creo que eso sea un "hundimiento" del sector. El autor puede querer referirse a la decepción que han sufrido algunos pequeños y medianos inversores en fotovoltaica: propietarios de terrenos de secano que pensaron que esta era la manera de conseguir un valor por unas tierras que nunca lo han tenido. Pero las renovables son mucho mas que la fotovoltaica (solo 3000 de los 40.000 MW). Además, es evidente que el sector, como sector regulado, está a las expensas de la política pero no sólo las renovables reciben subvención: si el artículo pretende criticar la intervención estatal cómo parece adivinarse por el preámbulo ¿por qué fijarse sólo en un segmento del sector cuando los otros también tienen una fuerte regulación/subvención? Repito: ¿conoce usted algún sector que no esté a expensas de la política?

  • Juan,

    Al final de la entrada dices "Espero que la moraleja esté clara, no nos olvidemos que pese a que el mecanismo de libre mercado tiene sus fallos, el de la intervención estatal no está libre de ellos…". Mi pregunta es ¿el mercado de la energia es libre?

    Como dices en la entrada "La comparación correcta para justificar una intervención estatal debería ser si los fallos del gobierno serían a priori mayores o menores que los fallos del mercado.".

  • Los posibles fallos del gobierno al intervenir en economía (como algunos de los expuestos aquí) no son suficientes para descalificar "per se" cualquier intervención. Aplicando este razonamiento, ningún gobienro debería intervenir jamás en economía, ya que los errores que puede cometer siempre serán gigantescos. Es como decir que el sistema de libre mercado no debe funcionar nunca, porque a veces falla mucho .
    En todo caso, ¿cuál sería la situación en términos de contaminación y dependencia energética si no hubiese habido intervención alguna?

  • En la anterior entrada quería decir "... fuente de suministro electrico", como así lo corroboran los datos aquí.

  • Estoy de acuerdo en que han cometido errores, pero también hay aciertos. Los primero, que hoy por hoy, hay empresas españolas punteras en el sector, y una ingeniería española muy potente.

    Segundo, que en la fotovoltaica, por ejemplo, son más eficientes, desde todo punto de vista, las instalaciones pequeñas que enganchan a baja tensión, todo lo contrario de lo que dice el autor. Lo digo como ingeniero industrial eléctrico especializado en este tipo de cuestiones.

    Si bien no debemos caer en la senda peligrosa de criminalizar el sector renovable, da un poco de lástima de que el autor no entre a valorar el exceso de ciclos combinados que se han construido en España y las primas excesivas de la generación eléctrica a partir del carbón nacional.

    El tema energético es muy complejo como para despacharlo en un artículo. Y, en definitiva, nadie puede dudar a estas alturas de que las renovables son absolutamente necesarias en el mix energético nacional.

  • ¿Alguien pensaba que los "inversores" entrarían si no fuera con subvenciones de esa cuantía? Me parece que estamos pensando en otro país.
    Las tribulaciones de los chollistas, amantes del oligopolio y la exclusiva, no me dan niguna pena. La pena es que para que esos "inversores" se forren nosotros hemos de pagar y cuando se rebaja la ratio de su desmesurado beneficio, exigen compensaciones. Supongo que hubiera sido mejor no hacer nada y seguir esperando que los "inversores" entraran solos a las renovables. Esperando nos llegaría la barba a los pies.
    La inversión privada de este país sigue la política de beneficios de aquel chino: "Compro a cien, vendo a doscientos y con ese dos por ciento voy tirando".

  • El autor dice que "En breve, se puede justificar la intervención del estado en el sector de energías renovables porque el uso de estas tecnologías reduce la contaminación".

    Creo que no sólo se trata de reducir la contaminación. España es el país europeo más dependiente de la importación de petróleo extranjero (junto con Italia, Grecia etc). Esto contribuye notablemente a que nuestra balanza comercial tenga tan enorme déficit, y que ante las subidas constantes del precio del petróleo por el crecimiento de la demanda y el estancamiento de la producción munndial, nuestra economía sea sumamente vulnerable, poco competitiva, y con una inflación tan desmesurada.

  • Las energías renovables en España obedecen "a lo de siempre", en inglés se podría resumir como "project finance, saving banks, feed-in tariffs and cronyism", otra burbuja más y más negocios para los amigos

    Si me lo permitís, adjunto un enlace a un post de hace un año, por si alguien está interesado en esta temática
    http://dfc-economiahistoria.blogspot.com/2010/09/la-gestion-de-las-energias-renovables.html

  • Para Morenawer.
    Hola, buenos días.
    Tu post coincide con la experiencia directa de un par de generaciones. Quizás sean un poco más de 25 años desde el inicio del declive industrial en % y el comienzo de su sustitución por lo que llamas "economía de servicios".
    Recuerdo muy bien la ardiente retórica de consejeros de la Generalitat y de ministros (alguno también catalán) defendiendo el "modelo" en privado. En el fondo era un poco la fábula de la zorra y las uvas cuando están verdes.

    Nuestra historia es la de todo occidente --con las excepciones de unos pocos países como Alemania, Dinamarca, Holanda, Suecia, quizás Francia, cuyas élites tienen muy clara la base de su prosperidad y lo demuestran en el trabajo de cada día--, y agravada aquí por una "dirigencia" que, francamente, no es para echar cohetes ni política ni económicamente en lo que a su dedicación a la "idea" de su nación se refiere.
    Los nuestros son gente práctica, no idealistas, y tampoco forman parte del racionalismo ilustrado que se requiere para entender y luchar por el valor de la industria.

    Por contra, en los países que lo preservan, además de una estrategia clara hay muy buenas dosis de idealismo personal en sus élites y esto surge con espontaneidad en conversaciones tranquilas. El espíritu cuenta y, creo, la industria requiere una actitud cooperativa y mucho idealismo.

    En este desierto es destacable el grupo de cooperativas de Mondragón y su asombrosa falta de réplicas (aquí y en Europa). Este movimiento es una buena forma de preservar y desarrollar un cierto tejido industrial en condiciones muy adversas incluyendo en ellas la baja rentabilidad y los tiempos de maduración que ofrece hoy la industria sin la cual es más racional invertir en cualquier cosa subvencionada o especulativa.

    Pero creo que esto está cambiando. Desde el momento en que Rusia trató de entrar en GM hace algo más de año y medio algunos chips tomaron nota.
    Saludos

  • Señor Juan Santaló, reconozca que hay algo de razón en la regulación sobre renovables, porque algún día sólo habrá energías renovables. Anticipar progresivamente el sobrecoste energético incentiva la necesaria adaptación. No obstante, yo ha habría hecho grabando las energías no renovables, en vez de desgrabar las no renovables.

    Aunque estoy de acuerdo con que le regulación energética fue incorrecta, pero la conclusión de que la solución es no regular es equivocada.

    Contra el problema de los errores del regulador (que los hay y muchos) e incentivar que se haga bien están los mecanismos de responsabilidad política. Empezando por informar, como se hace en este blog, y luego, dimisiones, y si no, está la calle, y las elecciones. Yo quiero un gobierno fuerte, que tenga amplios poderes, al cuál le juzgaré por sus resultados. Cuantas menos excusas tenga mejor.

  • Muy interesantes los comentarios.

    Juan Santaló: "¿Es la mejor política industrial aquella que no existe?".

    No conozco ningún caso. Si alguien sabe de su existencia debería hacérnoslo saber.

  • Una cosa es proclamar como virtud que no exista estrategia ni política industrial (cosa que no creo que nadie defienda en serio) y otra, muy distinta, es amparar en dicha frase el desastre sin paliativos que es la política energética española (o como queramos llamar a el conjunto de conveniencias político económicas que se han ido legislando para soporte mutuo algún partido y algún capital.
    Nada que ver una cosa con otra.

    Tampoco creo que haya nadie que niegue un rol importante a las renovables ( incluyo la nuclear en las renovables limpias si se quiere que lo sean porque tecnología para ello hay de sobra)
    Supongo que DFC, que además de ser ingeniero se preocupa y sabe, podrá dar muchísimos más detalles que hacen de la posición española una aberración que parece hecha para llenar determinados bolsillos mientras el país se arruina. Por cierto, al hijo de Blas Calzada nadie le ha podido discutir su trabajo. Se silencia, no se habla de él. Lo típico.

    Me gustaría remarcar un par o tres de cuestiones.

    1. No se conoce en la historia económica un sólo país que haya salido del desarrollo para llegar a una cierta prosperidad sin proteger su base industrial. No hay ni uno.

    2. Con la tecnología actual se pierde en transporte bastante más del 50% de la energía eléctrica generada. Nuestro modelo en red con generación muy lejana es estructuralmente aberrante, una fuente de paro e inhibe radicalmente iniciativas privadas y tecnologías de micro-generación doméstica rentable.

    3. La fiscalidad del automóvil y las gasolinas está bloqueando en la UE el regreso de tecnologías eléctricas. Hay quien protesta por los tranvías pero yo me crié con ellos, y por una peseta y en tranvía iban y volvían mil externos al colegio cada día. Hoy siguen yendo…en coche y en bus a 150 euros/mes contra 20 pesetas ¡Mil Quinientas veces más caro!).

    Este sistema se nos muere de sus propias trampas y los paganos son el 90% de la población. Quizás debiéramos de hacer algo aunque creamos que no nos pilla.

  • Luis,

    "Si bien no debemos caer en la senda peligrosa de criminalizar el sector renovable, da un poco de lástima de que el autor no entre a valorar el exceso de ciclos combinados que se han construido en España y las primas excesivas de la generación eléctrica a partir del carbón nacional."

    Es que los economistas no necesitamos conocer un tema en profundidad para analizarlo con seguridad pasmosa (tildando de argumentos técnicos lo que son simples opiniones ideológicas y, a menudo, desinformadas).

    saludos

  • Purgandus,

    Con todos mis respetos, gravar se escribe con uve, a no ser que lo que quiera sea hacer una cinta de video con las energías no renovables...
    En todo lo demás estoy totalmente de acuerdo con usted.

  • Me gustaría una valoración del siguiente discurso del candidato a la presidencia de los EEUU que habla de un mega proyecto internacional (EEUU-India-China-Rusia) intergeneracional tecnológico conjunto llamado Naguapa... Tirar a Obama, separar banca de inversión de banca de crédito, destruir los verdes, proyectos de economía real, orientarse a la productividad, olvidarse de Europa (que no puede sustentarse por sí sola) y cambiar el eje de gravedad hacia el pacífico..WOW . Me he quedado alucinado con lo de crecimiento ~ aumento del flujo de densidad energético...http://asx.ljcentral.net/wms/larpac/2011/110930_webcast_sp_150kb.asx
    http://es.wikipedia.org/wiki/Lyndon_LaRouche

  • Sobre los beneficios y costes de la política industrial, en el último número de The Economist:

    http://www.economist.com/node/21530958

  • Juan,

    Creo que la causa del problema la mencionas en el título (no sé si de forma deliberada o no): En el caso de las renovables, ¿estamos haciendo política medioambiental o política industrial?

    Da la impresión de que bajo la excusa de resolver un fallo de mercado, se ha desarrollado una política industrial (más o menos encubierta) de corte tradicional: crear una industria nueva a golpe de subvención.

    Las energías renovables son un ingrediente esencial para la lucha contra el cambio climático pero no el único. El problema es que tanto la legislación europea como los gobiernos nacionales han puesto el foco en una política que es relativamente sencilla de implementar, fácilmente verificable y políticamente rentable (energía limpia, empleos, modernización de la industria...). Pero no se debe olvidar que no es más que una herramienta más del portafolio de armas contra el cambio climático y que su importancia puede estar sobredimensionada en perjuicio de otras políticas más efectivas (y menos visibles).

    El problema no son las subvenciones a las renovables. El problema es perseguir objetivos de política industrial mediante pol´ticias de cambio climático.

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