Educación y (respuesta a la) mala salud de los hijos al nacer

 por Cristina Bellés, Antonio Cabrales, , Judit Vall

Las experiencias durante los primeros años de vida de los niños pueden tener efectos duraderos. En particular, la salud de los niños al nacer puede tener implicaciones importantes en el bienestar de esos niños en el largo plazo. Existe una relación  entre el peso al nacer y el desarrollo cognitivo, el nivel educativo alcanzado, la renta y la salud adulta (Johnson y Schoemi (2011a, b), Case et al. (2005)). En este blog se ha hablado en varias ocasiones de este tema (aquí, aquí y aquí, por ejemplo).

Mientras que los efectos adversos de nacer con peor salud han sido ampliamente examinados por la literatura, se sabe menos sobre los posibles factores que podrían compensar estas condiciones adversas experimentadas al nacer. En un  examinamos uno de estos posibles factores: la educación de los padres.

En particular, en nuestro trabajo queremos responder a la siguiente pregunta: ¿Son los padres más educados capaces de revertir la mala salud que experimentan sus hijos al nacer? Para responder a esta pregunta, estudiamos el efecto causal de una regulación del trabajo infantil sobre la salud de los hijos de las personas afectadas, en el corto y largo plazo.

Como ya les hablamos aquí, en 1980, se llevó a cabo una reforma del trabajo infantil en España, que aumentó la edad legal mínima para trabajar de 14 a 16 años. En un se muestra que esta reforma incrementó el nivel educativo alcanzado de mujeres y hombres afectados. La reforma redujo en un 7.6% el número de hombres y en un 11% el número de mujeres que no terminaban primaria (la educación obligatoria entonces). La reforma también tuvo un efecto sobre la educación no obligatoria. En particular, la reforma disminuyó el número de individuos que no terminaban la educación secundaria en un 3.3% para los hombres y en un 2.7% para las mujeres.

Al mismo tiempo, la  de la edad mínima para trabajar disminuyó las tasas de fertilidad y matrimonio de las personas afectadas. Los individuos afectados por la reforma tienen menos probabilidad de casarse y de tener hijos. Y lo que es más importante, para aquellas mujeres afectadas que decidían tener hijos, sus hijos varones experimentan una menor salud al nacer (resumen en este blog se puede encontrar aquí). Al nacer (véase la Tabla 1), los niños (varones) de estas madres más educadas tienen peores resultados de salud perinatal, como menor peso al nacer o baja madurez. Estimamos que la reforma causó 618 nacimientos adicionales de niños con menos de 37 semanas de gestación, 837 adicionales de primeros nacimientos múltiples y 768 nacimientos adicionales de niños con bajo peso al nacer. Por otro lado, no encontramos el mismo impacto negativo de la reforma sobre las hijas de las mujeres afectadas. Entre los factores que vemos que afectan negativamente a la salud de los niños al nacer están el aumento de la edad de la madre en el momento de tener el primer hijo y el aumento de la probabilidad de fumar de estas mujeres.

Tabla 1. Efectos de la exposición a la reforma sobre salud de los hijos al nacer.

Por lo tanto, la reforma tuvo un efecto positivo sobre los padres, que ahora están más educados, pero un efecto perjudicial en la salud de sus hijos, especialmente varones, en el momento del parto. Esta reforma, entonces, constituye un escenario perfecto para analizar si la educación de los padres puede ser un factor que permita revertir la mala salud  de los niños al nacer.

Primero, véase la Tabla 2 en la que, usando datos de la Encuesta de Salud en varios años,  miramos la salud de los hijos de los individuos afectados por la reforma en el medio plazo, cuando éstos tienen entre 2 y 15 años. En principio,  esperaríamos que el deterioro de la salud infantil al nacer persistiera al medio plazo, a menos que exista un mecanismo de compensación. Para nuestra sorpresa, encontramos que los hijos de los individuos afectados por la reforma ya no tienen peor salud que otros niños.

Tabla 2. Efectos sobre la salud subjetiva de los hijos en el medio plazo

Nuestros resultados además sugieren que esta reversión a medio plazo se logra a través de la vigilancia materna. Cuando les preguntan a estas madres sobre la salud de sus hijos, éstas siguen percibiendo que sus hijos son menos sanos comparados con otros niños de padres no afectados por la reforma. En cambio, esta percepción no se corresponde con la salud medida de forma objetiva. Esto sugiere que las madres están más preocupadas.

Tener una madre preocupada por tu salud, puede afectar de forma positiva a la salud de los hijos por diferentes medios: a través de unos hábitos más saludables (hábitos alimenticios) o invirtiendo en medidas preventivas (llevándolo más al médico). En nuestros datos, no encontramos evidencia que soporte el mecanismo de los hábitos saludables. Sin embargo, véase la Tabla 3, sí que encontramos que los niños de las mujeres afectadas por la reforma son más propensos a tener seguro médico privado (aunque no podemos que ello la causa de la mejora observada en la salud de los niños afectados). Este último resultado es importante. En España, para los individuos que no son de Muface o regímenes asimilables, cuando se adquiere un seguro de salud privado no se renuncia a la cobertura universal de salud pública. Por tanto, esta doble cobertura permite a los beneficiarios tener un acceso más rápido a especialistas y exámenes y controles adicionales.

Tabla 3. Efectos sobre la probabilidad de contratar un seguro privado

En definitiva, encontramos que la reforma de la edad mínima para trabajar en España de 1980 llevó a las mujeres afectadas por la reforma a tener hijos (varones) más prematuros y con menor peso. Estas madres, que eran más educadas gracias a las reforma, se quedaron más preocupadas por la salud de sus hijos e invirtieron más en ellos. La consecuencia (aunque no podemos que ello sea debido a la mayor inversión relativa en seguro privado) es que en el medio plazo estos niños tienen la misma salud que otros niños de padres no afectados por la reforma. Por tanto, encontramos que una mayor educación de la madre puede compensar los efectos adversos en términos de salud que experimentan sus hijos al nacer.