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Más sobre el ajuste de salarios

Alfonso Arellano, Marcel Jansen y Sergi Jiménez

En las últimas semanas hemos asistido a un auténtico aluvión de noticias sobre el ritmo de los cambios salariales en España. El origen de la controversia es, no es la primera vez, una afirmación del ministro Montoro. En su opinión los salarios no están bajando. Más bien estaríamos ante una moderación progresiva de las subidas salariales. Nacho Conde-Ruiz ya ofreció una primera valoración de estas afirmaciones (aquí) en base a la evidencia sobre la variación en la remuneración y el coste laboral por trabajador durante la crisis. Estos indicadores son útiles, pero se trata de simples medias construidas a partir de datos agregados.

El objetivo de esta entrada es la de ofrecer evidencia sobre la distribución de los cambios salariales interanuales para todo el período de la crisis. Nuestros datos,  construidos a partir de la Muestra Continua de Vidas Laborales (MCVL), revelan que con el avance de la crisis hay cada vez más trabajadores cuyo salario nominal está congelado. En circunstancias normales dicha congelación salarial hubiera permitido un rápido ajuste de los salarios reales. Sin embargo, ello no es posible cuando la tasa de inflación es inferior al 1%. Por lo tanto, en ausencia de aumentos de la productividad significativos, puede resultar difícil mantener el ritmo de la caída en los salarios reales en la economía española.

Evidencia de corte transversal

La primera evidencia que presentamos reproduce las tasas de variación interanual de la remuneración por asalariado según la Contabilidad Nacional y la Encuesta Trimestral de Costes Laborales. El gráfico original está incluido en el último boletín del Banco de España. La diferencia con la evidencia presentada por Nacho es la exclusión de los trabajadores del sector público, eliminando así los efectos de la supresión de su paga “extra” de Navidad en 2012.

fig1

Se observa una clara moderación de los costes laborales por trabajador a partir del primer trimestre del 2012, coincidiendo con la reforma laboral y el II Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC). En el caso del coste laboral por trabajador, la tasa de crecimiento llega a ser negativa durante dos trimestres y también se observa una mínima caída en la remuneración media. Pero, como explica Nacho en su entrada, se trata de simples medias construidas a partir de datos de corte transversal. Con estos datos resulta imposible controlar adecuadamente el posible efecto composición. Además, la tasa media puede esconder importantes diferencias a niveles más desagregados.

Datos longitudinales

Para controlar el efecto composición hemos recurrido una vez más a los datos de la Muestra Continua de Vidas Laborales (MCVL). Esta base de datos ofrece información sobre las bases de cotización del 4% de la población activa. Además, el carácter longitudinal de la MCVL permite seguir a los mismos trabajadores en el tiempo.

En los gráficos solo incluimos información para aquellos individuos que trabajan a tiempo completo para la misma empresa durante dos años consecutivos. Para este grupo de stayers calculamos la tasa de crecimiento de su base de cotización anual. Así evitamos la posible contaminación de nuestro indicador por cambios en las horas trabajadas y/o de cambios de empresa. Por último, hemos quitado los trabajadores con una base de cotización superior al 90% de la base máxima. Para estos trabajadores los aumentos registrados están potencialmente condicionados por los cambios en el tope a la base de cotización; la congelación de este tope generaría una congelación artificial para todos los trabajadores con la base máxima. Al contrario, para el resto de los trabajadores existe un vínculo directo entre las tasas de crecimiento de los salarios y las bases de cotización.

Resultados

En el siguiente gráfico mostramos los histogramas para las subidas salariales inter-anuales para los periodos 2007/8, 2008/9, 2009/10 y 2011/12.[1]

4histogramas

Una breve inspección de los datos revela claramente como toda la distribución de los cambios salariales se desplaza con el tiempo hacia la izquierda. Para el período 2007-2008 la distribución es unimodal con una subida modal del 5%. Alternativamente, ya en 2008-2009 empezamos a ver signos de rigidez salarial. En este período la distribución es claramente bi-modal con picos en 0 y 3%. El segundo pico es muy superior a la subida del IPC para este período (0,8% en diciembre de 2009), debido a la caída repentina en este indicador durante 2009. Pero durante el mismo período, la congelación salarial ya afecta a más de 12% de los asalariados, más del doble que en el período anterior.

En los años siguientes esta tendencia se acentúa. La distribución vuelve a ser unimodal con un pico en 0% que ya afecta a casi 30% de los trabajadores en el período 2011/2012. Con una tasa de inflación de 2,4% a diciembre de 2011 y de 2,9% a diciembre de 2012 esta congelación se traduce en una rápida erosión de los salarios reales de muchos trabajadores. Además, las cláusulas de garantía salarial parecen haber perdido su fuerza porque los trabajadores que tenían su salario congelado no parecen recuperar la pérdida de su poder adquisitivo en años sucesivos. Una de las explicaciones más probables, que por desgracia no podemos contrastar por falta de datos, es el aumento en el número de convenios colectivos expirados. En estos casos las empresas tienen libertad de congelar los salarios.

El balance

En una entrada anterior (aquí) mostramos que la moderación de las subidas salariales ha permitido una reducción en los salarios reales a partir de 2010 y según la evidencia presentada arriba este proceso se ha acelerado desde principios de 2012. La reforma laboral puede haber contribuido a esta aceleración – directamente a través de los cambios en la negociación colectiva o indirectamente porque incentivó la firma del AENC – como sugiere el boletín del Banco de España. Esto sería un éxito de la reforma, aunque el ministro Montoro prefiere esconderse detrás de eufemismos antes de reconocerlo públicamente. Sin embargo, el necesario ajuste de los salarios acaba de iniciarse. Según nuestros cálculos, la caída en los salarios reales en los últimos años “solo” ha servido para corregir la subida de los salarios reales durante la primera fase de la crisis. Para poner un ejemplo, para el grupo de stayers que han mantenido el mismo empleo durante toda la crisis, la reducción media en el valor del salario real es menor del 1%. Además, la alta incidencia de cambios nominales cerca de cero parece indicar que muchas empresas “desean” efectuar más ajustes.

Observaciones de este tipo están detrás de los llamamientos de las instituciones internacionales como el FMI y la Comisión Europea sobre la necesidad de acelerar los ajustes. Aquí no pretendemos decir cuanto deberían bajar los salarios reales para completar el ajuste. Sólo queremos avisar que este ajuste puede resultar innecesariamente lento y poco equitativo si persiste el tabú a las rebajas nominales en los convenios colectivos de ámbito superior a la empresa.

Durante la crisis muchos trabajadores han sufrido caídas en sus rentas nominales. El ejemplo más claro son los millones de trabajadores que han perdido su empleo. Para poder recolocarse muchos de ellos han aceptado salarios reales muchos más bajos. Los trabajadores del sector de construcción, con caídas salariales medias del 10%, son un buen ejemplo, tal y como mostramos en la anterior entrada. Otro ejemplo son los “afectados” por pactos de empresa que contemplan una rebaja salarial a cambio de una garantía sobre el empleo. La única categoría de trabajadores que parece haber estado protegido contra rebajas nominales son los stayers en empresas con un convenio de ámbito superior a la empresa. Cómo máximo estos trabajadores han sufrido una congelación de sus salarios nominales debido a la ultraactividad de sus convenios (aunque su poder adquisitivo se ha resentido por el aumento en varios impuestos).

Sin embargo, es probable que esta situación cambie en un futuro inmediato. Hay negociaciones en curso para la renovación de muchos convenios que llevan en ultraactividad durante más de un año y que desaparecerán si no se llega a un acuerdo. En principio, los trabajadores afectados podrían sufrir recortes salariales hasta el nivel del salario mínimo interprofesional. En algunos casos los empresarios se darán por satisfecho con el cumplimiento estricto del AENC, pero en otros pueden llegar a plantar rebajas en las tarifas nominales. En estos casos más conflictivos los sindicatos harían bien en abandonar el cerrazón a rebajas en los salarios nominales, aunque  como contrapartida deberían exigir compromisos en forma de inversión en formación y la creación de plazas de prácticas. Quizás así se puede salvar la cobertura de la negociación colectiva en los casos más conflictivos y crear oportunidades para los parados de difícil inserción.


[1] Los datos para 201o/11 están excluidos. En este año hay muchas observaciones atípicas sin una explicación razonable. Los resultados son prácticamente idénticos cuando eliminamos solo a los trabajadores con una base de cotización superior al 99% de la base máxima.