¿Están lastrando Madrid y/o Barcelona el crecimiento económico de España?

Al menos desde que Robert Solow publicara en 1957 el primer ejercicio de contabilidad del crecimiento, sabemos que la acumulación de capital y trabajo sólo representa una parte pequeña del conjunto de fenómenos que explican la evolución de la producción agregada en el largo plazo. Este estudio atribuía al llamado ‘cambio tecnológico’ un peso de siete octavos de la variación en la producción por hora y persona desde 1909 a 1949. El término ‘cambio tecnológico’ (o variación de la productividad total de los factores, PTF) no era más que la forma elegante de llamar a ‘la medida de nuestra ignorancia’. Así denominó Abramovitz (1956) al aumento de la productividad que observaba en el artículo que ha pasado a la historia por esta cita.

A partir de la constatación de que ‘la medida de nuestra ignorancia’ parecía estar guiando de forma predominante el crecimiento, y una vez que Solow y Swan desarrollaran un modelo de referencia sobre el que empezar a edificar, los economistas fueron creando un cuerpo de conocimiento para ir ganándole terreno a nuestra ignorancia, valga la redundancia, e ir perfilando el significado último del ‘cambio tecnológico’. De este modo, y siguiendo este artículo de Jones (2015), podemos considerar que la PTF se divide en dos grandes componentes: el stock de conocimientos en una economía, por una parte, y una medida de la calidad en la asignación de los recursos (misallocation), por otra.

Sobre el primero de los componentes, la generación de ideas, su carácter no rival, y la interacción entre ideas, población y capital humano, ofrecen una explicación de por qué las tasas de crecimiento pueden ser permanentemente positivas. José Luis Ferreira lo explicaba recientemente en Drugevijesti de forma muy plástica, y Jones y Romer (2010) lo sintetizan en este trabajo en relación con las nuevos hechos estilizados.

Pero es el segundo factor detrás de la PTF, la calidad de la asignación de los recursos, el aspecto que me interesa destacar en esta entrada. Cambios en la asignación que ocurren a nivel microeconómico impactan en el crecimiento agregado de la PTF, lo que en el plano empírico conecta el análisis micro con el macroeconómico. Así, en un trabajo ampliamente citado, Hsieh y Klenow (2009) cuantificaban el grado de dispersión de la productividad en empresas pertenecientes a la misma industria, dispersión que asociaban con el nivel de misallocation. Según sus estimaciones, si el trabajo y el capital se reasignaran en China e India, de modo que la distribución de la productividad igualara a la de Estados Unidos, la PTF podría aumentar hasta un 50% en China y un 60% en India.

Centrándose en una dimensión relacionada pero diferente del problema, Hsieh y Moretti (2019) cuantifican la magnitud de la mala asignación espacial del trabajo entre las ciudades de Estados Unidos. El estudio está motivado por la observación de que la desviación típica de los salarios nominales entre las ciudades, después de tener en cuenta las características de los trabajadores, ha aumentado considerablemente entre 1964 y 2009, indicando que la dispersión de la productividad también lo ha hecho (un fenómeno que en Estados Unidos está relacionado por el gran impulso de la productividad en las áreas metropolitanas de Nueva York, San Francisco y San José).

En estas circunstancias, existiría la posibilidad de mejorar la asignación del trabajo, expandiendo el empleo (y por lo tanto su población) en las ciudades de mayor productividad y reduciéndolo en las menos productivas. Que este proceso de reasignación tenga o no lugar depende de las restricciones locales a la construcción de vivienda. Con una oferta de vivienda muy inelástica, en lugar de aumentar el empleo y la población, las mejoras de la productividad terminan elevando el precio de las casas en la ciudad y los salarios nominales, alejándonos de la asignación óptima del trabajo y castigando el crecimiento agregado.

Los autores utilizan un modelo de equilibrio general espacial y datos sobre 220 áreas metropolitanas para analizar cambios de distinta índole entre 1964 y 2009. El modelo considera que la producción en cada ciudad depende de su productividad específica, y de la cantidad de trabajo, capital y suelo disponible para negocios. Los trabajadores eligen la ciudad que maximiza su utilidad, que depende de los servicios que ofrece (amenities), y gastan parte de su renta en vivienda. Los salarios son directamente proporcionales al coste de la vivienda e inversamente proporcionales al valor de las amenities. Los autores trabajan con dos supuestos: que la movilidad del trabajo es perfecta (lo que sucede cuando sus preferencias sobre el conjunto de ciudades son homogéneas), o que existen diferencias entre los trabajadores en sus preferencias sobre localización (movilidad imperfecta). Un parámetro clave es la elasticidad de la oferta de casas al número de trabajadores, que puede variar entre ciudades.

El modelo proporciona una medida del impacto que un shock a nivel local (en su PTF, las amenities, o el precio de la vivienda) tiene sobre el crecimiento agregado, cuyos resultados sirven de base para obtener la descomposición del crecimiento implicada por el modelo, la cual se puede comparar con la descomposición contable obtenida de la observación directa de los datos. Aunque los autores utilizan información a nivel de área metropolitana para nutrir el modelo, posteriormente consolidan las ciudades en cuatro grupos: (a) Nueva York, San Francisco y San José; (b) Rust Belt; (c) Ciudades del Sur; (d) Otras Grandes Ciudades.

Del conjunto amplio de resultados del trabajo, voy a destacar los siguientes: (1) En términos contables, Nueva York, San Francisco y San José explican un 12 por cien del crecimiento agregado, pero sólo un 5 por cien si se tienen en cuenta los efectos de equilibrio general de su crecimiento sobre la (mala) asignación del trabajo; (2) los aumentos en los precios de las casas en Nueva York, San Francisco y San José explican la práctica totalidad de los efectos sobre la misallocation; (3) si estas tres ciudades hubieran cambiado la regulación sobre la oferta de casas para situarla al nivel de la ciudad mediana, el PIB agregado en 2009 habría sido prácticamente un 9 por cien más elevado, bajo el supuesto de perfecta movilidad; (4) con movilidad imperfecta la cifra anterior se reduce al 3,7 por cien, lo que equivale a 3.685 dólares anuales adicionales por trabajador; (5) incluso en este último caso los autores concluyen que, si desde 1964 las tres ciudades hubieran adoptado la regulación sobre vivienda de la ciudad mediana, su tamaño (medido por empleo) habría sido en 2009 mucho mayor (cuatro veces más en el caso de NY) del observado; (6) los efectos sobre el bienestar siguen pautas similares al PIB.

¿Son los casos de Madrid y Barcelona equiparables a Nueva York o San Francisco? ¿Tienen capacidad estas ciudades para generar efectos externos negativos de peso sobre la PTF de la economía española a través de su regulación sobre la oferta de casas? ¿Deberían ser Madrid y Barcelona ciudades mucho más grandes de lo que lo son a fecha de hoy y previsiblemente lo serán en el futuro?

Los Ayuntamientos de Madrid y Barcelona publican información sobre el PIB y otras variables macroeconómicas en sus páginas web (ojo, mi antivirus detecta el Excel descargable del Ayuntamiento de Madrid como software malicioso). Tomando como válidas estas cifras, la producción de Madrid y Barcelona supone aproximadamente un 12 y un 7 por cien, respectivamente, del PIB agregado de España, por lo que las dos ciudades representan casi un quinto del PIB nacional.

El siguiente cuadro recoge las tasas de crecimiento del PIB, el sector de la construcción y los asalariados en los periodos para los que he encontrado información homogénea: 2011-16 para PIB y Construcción y 2013-16 para los asalariados. Obviamente, son periodos muy cortos y además mezclan fases distintas del ciclo como para extraer ninguna conclusión definitiva.

 

Construcción PIB Asalariados
2011-2018 2011-2018 2013-2018
España -13,4 3,3 8,2
Madrid -25,5 4,0 5,7
Barcelona -26,8 4,3 10,0

 

Fte: INE, Ayuntamiento de Madrid, Ayuntamiento de Barcelona

En Madrid y Barcelona el PIB ha crecido más que en el agregado de España, mientras que la caída en el sector de la construcción ha sido mucho más acusada. El empleo, medido por el número de salariados, ha tenido más vigor en Barcelona que en el agregado, mientras que en Madrid la tasa de crecimiento ha sido notablemente inferior. Lo anterior se puede complementar con información sobre el precio de la vivienda por ciudades, con evidencia abundante de que el crecimiento experimentado por estos precios durante la fase de recuperación ha sido mucho más acusado en Madrid y Barcelona que en el conjunto de España (ver por ejemplo aquí).

Incluso si estas cifras hicieran referencia a un periodo más largo, sólo podríamos decir que lo observado para Madrid sería consistente con los cambios que Hsieh y Moretti observan para Nueva York, San Francisco y San José, mientras que en el caso de Barcelona la evidencia es menos clara, al haber aumentado el empleo a un ritmo más rápido que la media nacional. Todo lo comentado hasta ahora me permite realizar una serie de reflexiones sobre las ciudades y la regulación municipal, con mi vista puesta en Madrid y Barcelona.

Una primera conclusión de carácter general es que ‘una gran productividad implica una gran responsabilidad’, parafraseando a Spiderman. Grandes ciudades con productividades elevadas tienen gran capacidad de generar un efecto externo negativo sobre el crecimiento agregado a través de su propia regulación, cuando ésta limita la asignación óptima de los factores por el territorio nacional.

En segundo lugar, es precisamente su carácter de externalidad lo que dificulta la corrección del problema, ya que los electores de los alcaldes no internalizan el efecto agregado de sus decisiones. De hecho, en un modelo donde la regulación es endógena, Parkhomenko (2018) muestra que los residentes de ciudades muy productivas y con escasez de suelo se inclinan por regulaciones restrictivas en cuanto a la oferta de vivienda.

Tercero, la relación entre votantes, políticas municipales y externalidades apoyaría la regulación urbanística de las ciudades desde el gobierno central. Alternativamente, Parkhomenko propone la introducción de un impuesto pigouviano para desincentivar regulaciones locales, que podría generar importantes beneficios agregados en términos de PIB y bienestar.

Cuarto, la alternancia de fuerzas políticas al frente de los consistorios dificulta la implementación de los distintos planes urbanísticos, incluso si todos éstos fueran en la dirección adecuada, lo que en la práctica reduce la elasticidad de la oferta de casas. Quinto, el control sobre el precio de los alquileres en ciudades de elevada productividad restringe la oferta de casas, que es lo relevante desde el punto de vista del efecto sobre la reasignación del empleo y la PTF agregada.

Sexto, una reducción en el valor de las amenities en las ciudades más productivas tiene un efecto similar al aumento en el precio de la vivienda, por lo que un incremento de la inseguridad, de la congestión en el disfrute de bienes públicos, o un empeoramiento de la satisfacción que los ciudadanos obtienen de la interacción mutua, afectaría de la misma manera que un aumento en el precio de la vivienda a la PTF agregada, aunque posiblemente con un mayor efecto sobre el bienestar.

Por último, nótese que la construcción de una red de transporte que conecte rápidamente con las ciudades más productivas es un importante amortiguador de los efectos negativos de las restricciones a la oferta de vivienda. A su vez, el papel compensador de la misallocation debería incorporarse como beneficio en los análisis económicos de las infraestructuras, como el tren de alta velocidad, lo que podría cambiar la consideración de su rentabilidad social.

Hay 6 comentarios
  • Interesante artículo, las grandes urbes son cada vez más reliquias del pasado que actualmente fagocitan ya no solo económicamente si no ambiental y socialmente el resto del territorio. Vivimos en un mundo 2.0 donde lo físico pierde relevancia, y "apilar" toda la productividad nacional en pequeñas áreas no hace ningún bien. Cosas del siglo XX.

    • Gracias, Cedric. Hsieh y Moretti (2019) consideran también el caso en el que la PTF varía endógenamente con el tamaño de la población debido, por ejemplo, a efectos congestión y economías de aglomeración. Si las elasticidades de las amenities y de la PTF al tamaño de la ciudad son independientes del tamaño de la ciudad (fíjate que este supuesto es consistente con que las amenities se reduzcan cuando aumenta la población, algo que deduzco por tu comentario que te preocupa), entonces sus resultados cuantitativos se mantienen. Otra cosa es que la población tenga una preferencia muy grande por la ciudad en la que vive, lo que ya he explicado que reduciría la influencia sobre la misallocation de las restricciones a la oferta de vivienda en las ciudades de mayor crecimiento de la productividad.

    • ''Cosas del siglo XX''. Sin embargo la evidencia empírica y su tendencia histórica, y en todo el planeta, va en sentido contrario. Y dice esa evidencia que la humanidad se dirige hacia unas pocas grandes urbes. P.ej. en España hoy, un porcentaje elevado (próximo al 40 %) y cada vez mayor de población, Pib, etc. esta en solo 4/5 ciudades. ¿Twiter, algo de videoconferencia y algún nuevo robotillo asistente personal romperá esa tendencia ab initio social. ¡Lo dudo¡ La cercanía espacial, el cuerpo a cuerpo, que sepa sigue siendo un factor económico y de conocimiento que genera multiples ventajas. Entre dos sujetos y/ o empresas el que tenga una mayor comunidad cercana .... gana.

  • ¿Y como es posible que el BCE con todos los recursos humanos y computacionales que tiene a su disposición, acabe de enterarse recientemente con sus modelizaciones que Europa va a entrar en una "fase de estancamiento", un eufemismo, para no referirse a la Japonización de la economía; ya solamente falta un programa Keynesiano a lo Krugman de Gasto Público desbocado (mas consumo y ,por tanto, menos ahorro/inversión aderezado con el impuesto redistributivo de la inflación monetaria (efectos Cantillon).
    Imagínese que un físico o un astrónomo cometiese tales pifias a nivel predictivo y cuantitativo.

    • Lo que dices no tiene nada que ver con la entrada. Del resto, te puedo comprar, sin mucha discusión, esta frase: "El BCE tiene muchos recursos humanos y computacionales a su disposición". Luego, y lo digo con cariño, creo que te tiras a la piscina sin manguitos.

  • @Javier Ferri, en mi rol de Ing de Caminos, que se dedica a Planificar y a pensar en como descarbonizar nuestra economía estoy comprobando la dificultad que se da en las ciudades y en sus áreas metropolitanas (en este caso analizar Barcelona frente a Madrid es algo inconsistente, porque Barcelona son sólo 100 km2 con 1,6 M de hab, frente a Madrid con 600 km2 y 3,2 M hab, más parecido al Área Metropolitana de Barcelona), pero no es esto sobre lo que quiero hablar... detecto que los precios más baratos de energía renovable no se puedn dar en las grandes ciudades y su entrono por precios de suelo más caros y porqué no necesariamente disponen del recurso renovable más abundante y accesible e inducen precios pico, aunque sus conexiones a la red sean inmejorables... de hecho estoy impulsando que futuros proyectos industriales que en la lógica del sXX se desarrollarían en el entorno de Madrid y Barcelona busquen nuevas localizaciones con recurso renovable que permita precios por debajo de los valores del pool y suelo barato para la implantación de esas industrias con las adecuadas conexiones logísticas... con esto no pretendo confirmar el titular sino añadir un nuevo dato de los problemas que van a enfrentar las grandes metrópolis que no veo que nadie aborde de una manera consistente... conozco trabajos del MIT ( R. Gras et alt) y creen que el futuro se basa en el comportamiento del pasado... pero mi hipóteis de trabajo es que la Crisis Climática es un "game changer"...

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